Rose se acarició el brazo mientras oía a Adam hablar con su padre. Estaba segura de que algo debía estar ocurriendole, pues su padre no era un hombre violento. Al contrario, siempre había sido bastante alegre, tranquilo, y sobretodo devoto. Y ahora, en ese momento, no hacía otra cosa que gritarle al párroco. Rose oía perfectamente su voz alzándose al otro lado del teléfono, y, como si pudiera llegar a estar presente, no se quiso acercar hasta que Adam no colgó el teléfono. -Lo siento. Se que estoy no es... que tu no eres... pero es que no puedo estar en casa. No sabes las cosas que me ha dicho, no sabes como me ha tratado...- lloró desconsolada, dejando el bolso sobre la mesa de la entrada. El hombre negó con la cabeza. No debía excusarse, no debía ni tan siquiera contarlo. Él ya se lo imaginaba, a juzgar por lo que había acabado de oír. -Me quedaré solo esta noche. No molestaré, te lo prometo- rogó asilo. Adam suspiró, y tras hacerlo, vislumbró media sonrisa. Estaba teniendo demasiadas visitan juveniles por las noches. Rose comprendió a lo que se refería al instante, porque Jack, había pasado la anterior noche allí mismo -Pero yo no molestaré. No sentirás que estoy aquí, de verdad- repitió la chica, sintiéndose enormemente avergonzada por tener que pedir una cama y un techo por primera vez en su vida.
Adam acompañó a Rose hacia una de las habitaciones con las que contaba la iglesia. Muy pocas veces eran ocupadas, puesto que la gente más necesitada solía pedir medicinas o alimentos, pero no una cama para pasar la noche junto a un párroco. Por suerte, la vida en Ace City no era tan mísera ni tan deplorable y la mayoría de la gente no sufría demasiada necesidad. De no ser por aquella oleada de crímenes, sería todo perfecto. El hombre se disculpó. Al no imaginar que aquella noche tendría que alojar a alguien más, no había lavado las sábanas de la cama que Jack había ocupado. -No pasa nada. Seguramente... ni si quiera duerma. No puedo, estoy demasiado nerviosa- tras pedir que se tranquilizarla, Adam abrió la robusta puerta y la dejó pasar a la habitación, que era tan simple, que era feísima. Las paredes eran blancas, con alguna mancha de humedad. No había cortinas, no había muebles ni alfombras. Solo la cama, una mesa y una lámpara. Rose, acostumbrada a su habitación, se sintió incómoda en aquel lugar. Sólo de imaginar la luz apagada y a ella misma encerrada allí... tembló. Tantas horas en la iglesia no conseguían suplir una noche de soledad en la misma. Rose se quitó la chaqueta, y tras ella, los zapatos, quedando casi descalza, cubierta únicamente por las medias. Se sentó en la cama y... no supo que decir. -Mañana a primera hora de la mañana me iré, tranquilo- volvió a lamentarse, secándose las lágrimas. Adam suspiró y luego bostezó ligeramente. Cuando la chica le miró y observó sus cabellos despeinados y la oscuridad de una barba naciente, supo que sin lugar a dudas, cuando ella llegó él debía estar en la cama. Tenía sueño y estuvo a punto de irse, pero el miedo de la chica a quedarse sola intervino antes que sus remordimientos -¿Podríamos hablar? Pero no hablar como amigos. Hablar como confesión. Quiero sentirme mejor. Quiero dejar de tener esta sensación de culpabilidad- sollozó, intentando calmarse. El corazón del párroco tuvo que ablandarse muchísimo, porque desapareció, para volver a la habitación con una silla traída desde su habitación. La colocó junto a la cama y se sentó. Por supuesto, no iba a sentarse con ella en la cama, aunque solo fuese eso, sentarse. Adam no dijo nada, simplemente la miró expectante. Ella hizo lo mismo, para luego agachar la mirada. -¿Esta mal si quiero sentirme libre?- preguntó en un murmullo. El párroco lo negó. -Y no me refiero a escribir en secreto. Me refiero a vivir. A hacer cosas que a la gente le parece mal, que a mi padre le parece mal- Adam quiso saber que cosas -Cosas como salir. Salir y conocer gente. Ir a escuchar música o bailar. Hacer las cosas cuando quiera y como quiera, sin necesidad de pedir permiso, sin tener miedo de las consecuencias que pueda acarrearme la opinión de un tercero- El párroco alzó una ceja. Si lo que estaba buscando era perdonarse así misma por haber salido con Jack, no debía hacerlo. El amor no era pecado, no mientras se respetasen las reglas del mismo. -¡No es amor! ¡No es nada!- se adelantó a corregir -Tú y mi padre pensáis lo mismo, estoy segura. Creéis que me estoy relacionando con alguien como Jack porque me gusta y quiero ser como él, estar con él, seguir con él. Y no es así. No le conozco apenas. No se exactamente como es pero... he salido con él porque me apetecía, porque estoy cansada de estar en casa o aquí... no te ofendas- hizo una pausa -Verás... ayer, aun no entiendo exactamente por qué, Jack me pidió que diésemos una vuelta. Podría haber respondido sí o no, dependiendo de lo que yo realmente deseara. Pero ¿Sabes qué? Que lo primero que pensé es que me daba miedo decir que sí, y lo segundo, que mi padre no lo aceptaría. No pensé por mí y en mi diversión. Cuando llegué a casa, encontré a mi padre muy nervioso. Estaba cabreado porque llegué tarde. Quise explicarle que había estado ayudándote con lo que le pasó a Jack, pero, no me dejó. En vez de oírme, se puso a decir que estaba loca pasando tantas horas de mi vida aquí y que... estaba siendo un desperdicio- miró a Adam -Sugirió que dejara de venir. Que buscara marido y tuviese una familia. ¿Sabes lo mal que me sentó eso? Él me trajo aquí hace tres años. Si no fuera por ti y por tu ayuda, Adam... yo no se si me habría recuperado. Y cuando lo conseguí, podría haber seguido con mi vida. Podría haber continuado con mis amistades, con los estudios, pero... él no quiso, no me lo permitió. Ir a la iglesia decía que era lo más importante. Estar aquí, que Dios me oyese y yo le oyese a él. Estar en paz conmigo misma... y no dejarme llevar por los demás. ¡Eso era lo que él decía! Y ahora, de repente, se enfrasca en ese maldito trabajo y cambia de idea. ¡Ahora piensa que es culpa mía que esté tan sola! ¡Ahora me culpa por no tener la vida que él desearía para mí! Como estaba tan furiosa, busqué a Jack. Por eso te llamé y por eso le dije que quería salir...- suspiró -Adam... ¿Sabes lo viva que me he sentido después de todos estos años? He pensado en mí, me he divertido. Estoy conociendo a Jack, que para nada parece alguien... malo, ya sabes. ¿Eso esta mal Adam? ¿Esta mal ser egoísta?- Claro que no -¿Entonces por qué mi padre me ha tratado como una furcia? ¿Por que me ha hablado con tanto desprecio? ¿Me lo merecía?- A Rose se le encogió la barbilla. Casi fue a romper a llorar nuevamente, pero se contuvo. Adam sintió pena por ella. Estaba claro que no se estaba confesando ni que él tenía que perdonar nada. Se estaba expresando, desahogándose, y lo único que pudo hacer fue consolarla. Decirle que entendiera el estrés que podía provocar el trabajo, la preocupación de su padre por su futuro y esperar a ver la forma en la que vería las cosas al día siguiente. -Las veré igual que hoy, negras y oscuras- gruñó. -Estoy cansada... soy la primera que no quiere estar sola...- El párroco sonrió afable. Algo escasa de amistades, sí, pero realmente nunca había estado sola, o eso quiso expresarle. Rose le miró, sabía que se estaba refiriendo a él. Tenía razón, era su único amigo. -Lo sé. Y siempre te tengo en cuenta. Eres como un sol en mitad de una enorme tempestad, Adam. No me extraña que siempre estés tan solicitado, que todos acudan a ti. Me atrevería a decir incluso que hasta alguna mujer te habrá echado el ojo alguna vez. Eres... un santo, si se puede decir aquí de esa forma- sonrió la chica, algo más aliviada, burlona por el comentario. Se acarició las rodillas. ¿Que más decir? Ese había sido su problema del día.
Entonces, inesperadamente, el párroco sintió curiosidad por lo que habían hecho Jack y ella toda la tarde y parte de la noche -Me llevó a la feria. Estuvimos paseando y... bueno, hablamos de nuestras cosas. De música, por ejemplo. También hemos bailado y... me ha conseguido un peluche. Parece estúpido, pero en realidad es bonito- comentó, retomándo aquella ilusión. -¿No es raro, Adam?- el hombre no comprendía -Que sin conocernos, esto haya pasado. Que sin saber quienes somos, hayamos decidido salir, pasar la tarde y hacer cosas- le miró a los ojos -¿Jack está bien? ¿Tiene problemas, verdad?- Adam no supo que contestar -No lo digo solo porque ayer viniera tan demacrado. Es que, parecía que estaba en la feria por el mismo motivo que yo. Buscaba evadirse, pensar en otra cosa y estar con otra gente. Justo lo que yo necesitaba, parecía necesitarlo él. Me ha inspirado... tanta lástima...- el párroco se rascó la nunca, incómodo. Lo que supiera de Jack, no debía contarlo. Los secretos se quedaban bajo llave en la iglesia. -Pero ¿Es demasiado malo lo que le ocurre? Quiero decir ¿Impediría que... volviera a verle?- suponía que no -Esta bien. Me alegro entonces- sonrió levemente. ¿Por que de repente sintió que se encendía al imaginar que volvía a pasar una tarde así? Aquel contacto con aquel baile... la verdad es que le había gustado. Mucho. Bastante. Sobretodo porque nunca había tenido un contacto así con ningún hombre, y al ser el primero... la sensación se había quedado grabada en su mente. -¿Tu crees que... es malo? Es que nos cruzamos con unos amigos y... creo que nos vieron muy distintos. Él es diferente a mí, lo sé. Esas pintas ni si quiera a mi me gustan. Pero... ¿Esta bien? ¿Es posible?- Adam volvió a sentir. No había nada malo en ninguna de sus ideas, absolutamente nada. -Entonces ¿Me acompañarías mañana a casa? Estoy siendo muy exigente, lo sé. Pero tú conoces a mi padre. Eres su amigo y el mio. Quizá tu podrías ayudarle. Ya que él no viene a la iglesia, que la iglesia vaya a él. Te devolveré el favor, te lo prometo- El párroco no pudo hacer nada contra aquellos ojos enormes y brillantes que suplicaban más que un pobre por comida. Tras acceder, se puso en pie, dispuesto a volver a dormir. Estaba demasiado cansado. -Vale, esta bien. No te retendré más-
Cuando Adam cerró la puerta y Rose se echó sobre la cama, algo incómoda por estar vestida con ropas de salir, tuvo que hacer acopio de valentía para no caer presa del miedo en mitad de aquella oscuridad y frío. Adam estaba ahí, al otro lado. No iba a pasarle nada.
Al meterse en las sábanas, sus músculos se relajaron. Sintió como el miedo desaparecía poco a poco. Y todo ello, porque las sábanas le aportaron un olor familiar, un olor que empezaba a gustarle. Olía a él. Olía a gasolina.
jueves, 30 de marzo de 2017
Jack colgó el teléfono sólo para adivinar con toda certeza que en el momento en que se girase, unos ojos aviesos y brillantes se clavaban en él con una de las sonrisas más pícaras que conocía. La mirada de Jean lo decía todo y estaba espectante a que Jack soltase prenda -¿Qué demonios estás mirando?-
-¿Quién era esa chica Jacky...?- preguntó cantarín, revoloteando a su alrededor como una mariposa con chaqueta de cuero, brazal de tachuelas y cadenas colgando del pantalón
-...El seguro de la moto-
-¡Y una polla! ¡Tú te has pillado un coño!- rió, señalándole
-Eh, un respeto- terció Jack con mirada severa
-Uuuuh...- masculló Dwyne con los ojos entornados -Ahí hay amor. No quiere que la llamemos coñito-
-¡Jack enamorado!- rió Oliver -Espera a que se entere Meg. Me parece que se va a sentir ofendida de nuevo por no ser la única hembra en la manada-
-Megan no tiene absolutamente nada que ver en mi vida y en mis decisiones. En caso de que estuviese enamorado, que por cierto, NO lo estoy- recalcó fieramente -Ella es, de todos los que me rodean, la que menos pincha y corta-
-Eso dices tú, pero creo que ella lo enfoca de una manera distinta- terció Jean
-Insisto... me da completamente igual cómo lo enfoque- Jack miró el reloj del taller. Aún faltaban unas horas para la cita. Siguió enfrascado en la puesta a punto de la moto de Dwyne
-Ahora en serio Jack ¿Quién era?- el gigantón Dwyne dio un sorbo a la cerveza -Cuéntanos. Tell me more, tell me more...- imitó la canción de la conocida película Grease
-Es sólo una conocida. Vamos a dar una vuelta. No va a suceder nada. No es mi chica- concluyó
-Pero lo acabará siendo ¡Jack cabalga de nuevo, yuju!- se puso a gritar Jean mientras imitaba a un cowboy -Con suerte incluso te cabalgarán a ti, tío- dijo pensativo -Ea, ya estoy cachondo otra vez. Me cago en la puta ¿Por qué soy tan semental?-
-Creo que se te licuó el cerebro y se te hizo esperma y testosterona- terció Reed -Si Jack dice que no es un ligue, no lo es-
-Al fin alguien con dos dedos de frente, gracias hermano- le guiñó Jack un ojo a Reed, que éste recibió con una sonrisilla
-Siempre igual, aburridos. Siempre apoyandoos el uno al otro ¿No seréis bujarrones, no?- dijo Jean aburrido
-Si lo fuese Jean ya estaría dándote bocaditos en el culo a ver si te pirabas de aquí- rió Reed
-Intentalo si tienes huevos. Mi hombría es sagrada. Ningún maromo va a tocar un ápice de mí- de pronto una mano se estampó contra su trasero y apretó con ganas
-¿Decías?- rió Jack
-¡Hijo de puta! ¡Te corto las manos! ¡Vil canalla!- rugió furioso -....Pero eh, no está mal, tienes un buen agarre ¿Puedes hacerlo otra vez?-
-Que te follen Jean-
-¡Pues mira, si me sigue gustando a lo mejor eres el afortunado!- acabó riendo y con él, todos los demás
-Ahora fuera de coñas Jack ¿Quién es? ¿La conocemos?- preguntó Reed, más serio, sin ánimo de burla
-No la conozco ni yo- reflexionó engrasándose las manos
-¿En serio?- rió su amigo
-Es extraño, lo sé- se encogió de hombros -Ni siquiera creo que peguemos mucho, seguramente tengamos gustos distintos. Ella parece ser de buena familia, ya sabéis. Suele frecuentar la iglesia-
-¡Dios santo!- exclamó Jean -Nunca mejor dicho. Jack, tío- se acuclilló a su lado, junto a la moto, poniéndole una mano en el hombro -Huye ahora que puedes. Una religiosa Jacky. Vas a tardar años en follar. Sólo para tener hijos ¡Sólo para tener Jackcitos! Además seguro que el padre es un tipo serio que querrá pegarte un tiro si rozas a la hija con el aire que respiras si no estais casados-
-Creo que a pesar del paso de los años Jean, no terminas de entender que no soy como tú. Si quisiera follar simplemente podría tenerlo muy fácil- suspiró aburrido
-¿¡Y por qué coño no lo haces!?- se llevó las manos a la cabeza -¡No te entiendo tío!-
-Qué insustancial eres...-
-Todo lo que quieras hermano, pero con el churro mojado ¿Hay algo mejor?-
-Yo creo que sí...- volvió a suspirar, esperando que llegase la hora.
Norman Miller se rascaba las sienes, enfrascado una vez más en el sin fin de papeleos que llenaban su escritorio. Estaba harto de números, harto de cuentas, harto de clientes, de trabajadores, de inversores... sabía que necesitaba un descanso o colapsaría, pero no tenía espacio para tal cosa. Había estado pensando en su hija también, muchísimo, y más desde los últimos acontecimientos. El simple hecho de dormir se le hizo imposible aquella noche, si sólo Rose supiera por qué estaba tan preocupado... En todo momento le parecía que aquel tipo sarcástico y risueño iba a volver a entrar por su puerta, como un heraldo del mismísimo Diablo. La presión que se agarró en su pecho y le cegó la vista le hizo suspirar con fuerza y soltar el bolígrafo, se puso en pie y se asomó a la ventana de su despacho. El banco era un edificio alto, bastante, aunque no el que más. Era uno de los principales bancos de Ace City, pero no llegaba a ser el más grande. Quizá por eso le eligió, porque sería muy fácil sospechar de un banco gigantesco como el principal AceBank. Su banco, Mills, era, por así decirlo, el "segundo" en la ciudad. Bastante expandido, bastante grande y con una gran cantidad de clientes, pero por el mero hecho de ser el segundo, tenía menos presiones que AceBank... Maldita sea, maldita sea la vida, maldito sea ese tipo... No le faltaron ganas en ese instante de meterle fuego al banco y a todo cuanto le incumbía para no dejar que ese tipo metiese las zarpas. Sin embargo ese Angelo Gabriel sabía que él tenía familia... y le advirtió al respecto... -¿Qué puedo hacer, Emily...?- preguntó al aire, al recuerdo sempiterno de su esposa fallecida, que gustaba pensar que lo acompañaba allá donde iba -¿Qué puedo hacer...?- como una señal del más allá, el teléfono comenzó a sonar. Sin demasiadas prisas, se adelantó hacia la mesa para cogerlo. La voz del otro lado le chirrió en el alma
-¡Hooooola!- saludó Angelo con evidente emoción -¿Qué tal, Norm-Norm? ¿Listo para hablar de negocios?-
-Tú otra vez...- dijo amargado -Por favor, déjame en paz. Te lo suplico. Hay otras entidades bancarias que...-
-Uff, ya me estás aburriendo- bostezó -Mira Norman, sólo quiero que me blanquees dinero. No te estoy diciendo que mates a nadie. Aún, al menos- soltó una carcajada -Además creo que te estás equivocando. Yo no te estoy pidiendo nada. De hecho te lo estoy ordenando. Vas a blanquear mi dinero. Todo. Búscate la vida sobre cómo lo haces, pero te necesito a ti para ello. Y ya sabes qué pasará si re rehusas-
-...Ya, claro, sí...-
-Pues eso. Escúchame, mañana a primera hora enviaré a un contacto para que te aclare las cosas. No te muevas de tu oficina en todo el día, pase lo que pase- colgó
-¿Pase lo que pase? ¡Espera! ¡Eh!- miró el teléfono -¡Hijo de puta!- colgó con furia -Mierda...- recogió todos los papeles y los metió en su maletín, preparado para irse. Pensaba en Rose, en Brigitte, en su casa, su legado... Estaba metido en un lío y no tenía forma de defenderlo. Al menos a Rose... tal vez si mantenía a Rose entretenida... -¿Cual era el número de Dick...?- reflexionó.
Entrada ya la tarde, cerca del anochecer, Norman había regresado a su casa tratando de rememorar el número de Dick. Brigitte le recibió con una amable sonrisa y le indicó que su hija, efectivamente, estaba en su habitación. Cuando dejó en el despacho su maletín y su chaqueta, Norman se preparó para subir hasta la habitación de Rose para llamar a la puerta. Rose aceptó la entrada del llamante, que pensó que era Brigitte -¿Cielo?- al ver que era su padre, la chica se volvió de nuevo hacia el espejo, poniéndose los pendientes -¿Rose? ¿Se puede saber por qué te arreglas así?- se quedó perlplejo observando la belleza de su hija. La chica alegó que tenía algo que hacer -¿Cómo que...? ¿Pretendes ir a la iglesia tan arreglada? ¿Por qué?- no iba a la iglesia, dijo secamente. Iba a salir -¿Cómo que vas a salir? ¿A dónde? ¿Con quién?- el tono de Norman se endurecía más con cada pregunta. Ella simplemente dijo que iba a salir, no necesitaba informarle de más -Creo que te estás equivocando mucho conmigo Rose. Demasiado- señaló. Ella, furibunda y orgullosa, recordó que era él quien estaba completamente equivocado. Le estaba robando su juventud y no se lo iba a permitir, encima cuando creía que la solución a sus problemas era buscarle una cita con un chico que él considerara oportuno -Así ha sido siempre y no va a cambiar ¿Cón quién demonios planeas salir?- preparada, con su ropa color crema, su cabello excelentemente peinado, su exquisito maquillaje y el embriagador aroma de su perfume, cogió el bolso y se dispuso a salir, esquivando a su padre en la entrada -¡ROSE!- gritó furioso mientras la chica bajaba las escaleras -¡ROSE, VUELVE AQUÍ AHORA MISMO!- la puerta se cerró con un fuerte restallido.
La chica tuvo que ir a la iglesia andando, debido a que con las prisas se le olvidaron las llaves del coche. Mirando el reloj, veía que llegaba unos minutos tarde. Aún así, pensó, que siendo Jack como parecía ser, tal vez hasta apareciese media hora tarde o no aparecía si se liaba de más con sus amigos. La chica estaba ilusionada, pero las esperanzas en un chico de esas pintas... no debían de ser demasiado altas, de forma que trataba de no hacerse ningún tipo de expectativa. Para su sorpresa, sin embargo, allí estaba Jack, hablando con Adam, que había salido de la iglesia para hacer compañía al chico mientras esperaba -Ten mucho cuidado Jack- alcanzó a oir Rose de Adam mientras se acercaba -No toleraré que le hagas pasar un mal rato... ¡Rose, hola!- sonrió -Vaya por Dios, nunca imaginé que os vería juntos para dar una vuelta- la chica sonrió tímida y Jack la miró a través del oscuro visor del casco
-¿Nos vamos? ¿Estás lista?- Rose asintió y Jack le entregó un casco, dejándola patidifusa -La seguridad es lo primero- Rose nunca había montado en un cacharro como aquella moto. Era como montar un toro ¿Cómo? ¿Y con la falda? -De lado, te agarras a mí y todo irá bien- se iba a matar -No mientras estés conmigo- dijo, dejándola sin palabras -Confía en mí- la chica se puso el casco muy a su pesar, destrozándose algo el peinado, pero la idea de partir sin casco era simplemente aterradora
-Jack, en serio... cuida de ella, no seas loco. Que no le pase absolutamente... nada- inquirió mucho en el nada
-No le pasará nada malo- aseguró Jack, arrancando, dejando que la moto gruñese de forma grave
-Que no le pase nada, simplemente- dijo Adam con segundas y mirada severa. Jack asintió perezoso y esperó la aprobación de Rose, que no se veía muy segura sentada de lado
-Tú sólo agarrate, no pasará nada- una vez sintió a la chica asida a su cuerpo, Jack soltó el embrague y aceleró suavemente. La moto iba más suave de lo que Rose imaginaba y sentir el viento en su cuerpo era una extraña sensación de liberación. Resultó ser más agradable de lo que imaginó en un principio, una nueva experiencia... y Jack resultó no ser el potencial asesino motociclista que parecía. Condujo con responsabilidad y cuidado, con un entendimiento que parecía que la moto era parte de sí mismo. Al menos, en el inicio, ganaba puntos de seguridad y comodidad.
Cuando llegaron a aquella feria, a Rose se le abrió un completo mundo de luces y música que apenas recordaba. No tenía recuerdos de ese lugar, vagamente quizá de muy, muy pequeña. Estar ahí era un simple reflejo de todo lo que estaba dejando de lado. Aquel lugar, siempre decía su padre, no era sitio para una señorita educada, fina y soltera, pues todo eran manadas de lobos hambrientos deseando cazar al buen cordero. Ahora no estaba sola al menos. Y Jack parecía ser más lobo que cualquiera de los que había allí. Dejaron los cascos encadenados junto a la moto. Rose pensó que quizá le robaran, pero Jack aseguró que no pasaría nada. Caminaron hacia la larga calle que era la feria. Desde la misma entrada se veía la noria y algúna que otra atracción más. El olor a café, alcohol y comida inundó los sentidos de Rose, al igual que la música. No tardó en discernir la melodía de Cindy Laupner de "Girls just wanna have fun". Le resultó tan irónico que se echó a reir, por la simple letra -¿Me he perdido algo?- preguntó Jack son simpatía, a lo que Rose negó con la cabeza. Mientras paseaban distraidamente mirando aquí y allá, Jack se fijaba en cómo Rose lo contemplaba todo con algo de fascinación, como si hiciese siglos que no veía ese ambiente -Me dijiste... que no salías- se aventuró a decir -¿Era cierto o sólo querías rechazar a un tipo como yo con elegancia?- Rose le miró. Comparándolo con ella, Jack iba vestido muchísimo más sencillo. Ella se había arreglado bastante mientras que él se había cambiado la camiseta blanca por una gris con una calavera extrañamente dibujada, como si fuese algo abstracto y los vaqueros en vez de ser oscuros eran azules. Otro punto más "arreglado" era el no llevar cadenas en los pantalones ni la chaqueta portabas pines o parches, simplemente era negra como la noche. Como adorno llevaba el collar de una estrella, algo extraño de ver en un hombre. Curiosamente no olía a gasolina, sino a colonia masculina. También se había arreglado un poco la barba y el pelo. En cuanto a su pregunta, Rose no supo qué decir en un principio. Era cierto que no solía salir más que a la iglesia, y algo de verdad había en que su forma de preguntarle por una cita... Jack soltó una risilla -Perdóname, quizá me dejé llevar por los mareos- se rascó la sien, pensativo -Puedo hacerlo mejor si quieres- se detuvo y la miró a los ojos. Rose se extrañó -Hola Rose, soy Jack. Verás, me preguntaba que, si no estabas muy ocupada y te apeteciese hacer algo pero no tienes planes, yo conozco un sitio que está ahora funcionando bien, la feria de Ace, y me preguntaba si te apetecería venir conmigo para pasear, conocernos un poco mejor y divertirnos un rato. Te llevaré a casa temprano, te lo prometo ¿Qué me dices?- y sonrió. Tal fue su descaro de imitar una petición de cita perfecta que le talló una sonrisa a Rose en el rostro ¿Es que era tonto? La pregunta le salió de la garganta de forma retórica, no pretendía siquiera haberla pronunciado, pero cuando Jack respondió que sí, que era algo tonto, se dio cuenta de su error. Se disculpó velozmente -Eh, no pasa nada- se encogió de hombros -El tonto es tonto de nacimiento- mantuvo la sonrisa -Pero hasta un tonto puede hacer reir a una chica. Vamos, veamos que nos ofrece este sitio-
Estuvieron paseando de un lado a otro con suma calma. Rose se había planteado relajarse y no preocuparse por su padre o la hora. Ya era de noche y las estrellas salpicaban el cielo junto a una agradable luna -¿Qué te gusta, Rose?- preguntó Jack súbitamente, mientras la chica miraba un puesto de tómbola donde se disparaba para conseguir peluches. La chica no supo qué decir. A parte de la ropa, los bolsos y algo el maquillaje... la música, suponía. Gustos básicos de una chica, dijo -Básicos eh... Te aseguro que hay chicas que no corresponden a esa descripción- sonrió Jack ¿A qué se refería? -El mundo está lleno de gente distinta. Esta época de los 80 es pura transición. No dejamos de evolucionar y revolucionarnos. El concepto de "gustos básicos" ya está dejando de existir- Rose arqueó una ceja, curiosa -Si es verdad que no salías mucho, lo entenderás si sigues saliendo conmigo a dar paseos- rió Jack -¿Qué música te gusta?- la chica mencionó a cantantes como Bonnie Tyler, suponiendo que Jack no la conocería del todo -Sé quién es. Tiene buenas canciones- reflexionó, sorprendiéndola ¿A él le gustaba? -Me gusta la música en general. Nunca digo que no a buenos artistas- la chica se echó a reir -¿Qué es tan divertido?- Rose sólo alcanzó a decir que por su aspecto no esperaba oir eso de él -¿Ah no? ¿Qué crees que oigo?- algo ruborizada y sin pretender ofenderle, suponía que escuchaba rock, metal y esas músicas en auge que estaban catalogadas como malignas y satánicas a veces -Satánico- parpadeó Jack -¿Crees que soy satánico?- Rose se disculpó, no pretendía ofenderle en absoluto. Sólo que... -Tranquila- le puso una mano en el hombro de forma inconsciente -Soy tan satánico que no me ofendo- dijo tratando de contener la risa -¿Quién te ha dicho eso?- ella relfexionó. Su padre era el único que se le venía a la cabeza. Quizá sus amigas, antes de echarse novio... -Tu padre tiene mucho que aprender. Y más tus amigas. Algún día, si te interesa, te enseñaré unas canciones tan bonitas como las que pueden cantar Bonnie, Bryan Adams y demás- ¿En serio? A Rose le costaba imaginarlo -La imaginación a veces no llega a puntos concretos de la realidad. No puedes imaginar algo que no conoces, no bien, al menos- dijo cálido y amable. Tenía razón, a fin de cuentas. Ella nunca imaginó que él sería así de cercano, bueno y gentil, por su simple aspecto.
Mientras conversaban de sus gustos y aficiones y se conocían cada vez un poco más y más, terminaron llegando a un pequeño grupo de personas que se arremolinaban alrededor de un hombre alegre que retaba a los hombres de las parejas de novios a que participasen en el Camino del Héroe, un circuito de tres actividades sencillas para ganar un premio a elegir para sus chicas. Animaba a los hombres y los bravuconeaba comparándolos con Rambo, He-Man, Terminator, Hércules y demás héroes de las películas, animación y cómics -Yo siempre he sido más de los Skywalker- arqueó una ceja. Rose se preguntaba qué estaban haciendo ahí, escuchando. De pronto, al abrir la veda, la canción de Bonnie Tyler "Holding out for a Hero" comenzó a sonar de los altavoces. Jack la miró y le sonrió -¿Necesitas un héroe, Rose?- la chica pestañeó perpleja -¿Te gusta algo de los premios?- la chica, nerviosa y ruborizada, miró a los premios. Aseguró que no era necesario -Elige. Hoy yo soy tu Han Solo, princesa Leia- no estaba segura de qué significaba eso, pero sonaba bien. Los tres obsequios de los que elegir eran un ramo de rosas, un par de llaveros de corazón y un pequeño peluche, modesto, pero precioso, de un gato tigrado gris con un collar rosa y ojos amorosos. La mirada de la chica lo dijo todo, aunque tampoco es que le resultase excesivamente deseable. Jack dio un paso al frente con Rose y pidió participar. Las pruebas eran sencillas, una práctica de tiro de corchos, lanzar dardos y golpear con el martillo. Jack se enfrentaba a otros cuatro chicos, a los cuales sus novias vitoreaban sin cesar mientras Rose observaba callada, rígida, ruborizada y sin saber qué mirar exactamente. Al menos se dejaba llevar por la música, tarareándola en su mente. Todo pasó rápido afortunadamente y a Jack no le costó en absoluto ganar, sobre todo en la prueba del martillo, pues tenía fuerza de sobra debido al entrenamiento para la lucha. Le faltó poco para perder contra un pijillo en las prácticas de tiro con rifle de corcho, pero le superó. Cuando acabó, le entregó a Rose el peluche del gatito, que ella miraba y examinaba con cuidado -¿No te gusta?- preguntó, sonriente. No perdía la sonrisa a pesar de todo. Le daba cierto encanto -Puedo conseguirte otra cosa- ella negó terriblemente apurada. Era mono, bastante, sólo que ya tenía una edad -Lo sé, es un juego para adolescentes, pero nunca he participado y me apetecía- rió con una mano en la nuca -Lo siento si te he hecho pasar vergüenza- ella volvió a negar. No había conocido a nadie que se preocupara por esas nimiedades por ella, ni siquiera su padre. Jack no sería un héroe quizá, sino un 30 añero motero y rockero que se metía en concursos para adolescentes enamorados, pero al menos conseguía hacerle reir con esas pequeñas tonterias y relajarla, todo lo contrario que su padre.
La velada estaba casi acabando mientras caminaban. Jack había comprado unos caramelos de sabores de limón y naranja que sabía que estaban deliciosos, que compartió con Rose. Aunque se consideraba de mala educación Jack invitó a Rose a degustarlos y a la vez hablar. Le daba una terrible vergüenza, pero terminó haciéndolo por insistencia de Jack -¿Ves como se te entiende?- rió -No vas a llenar el suelo de saliva. No tengas tanto miedo a meter la pata. Es así como se aprende- y tanto. Así aprendió a desafiar a su padre -Oye Rose... antes hemos estado hablando sobre tu padre y perdona si es una pregunta indiscreta, pero... ¿Eres infeliz con él?- Rose negó automáticamente, pero... confió un poco el hecho de que se sentía algo prisionera, atada, perdiendo su vida hasta que su padre decidiese quién era digno de casarse con ella. En ese preciso instante, caminando, se toparon con una pareja más o menos de su edad. Era Evelyn, una vieja amiga de Rose, con su esposo. Se habían casado no hace mucho y desde entonces no se veían. Ambas se recibieron con una sonrisa encantadora mientras que el marido de Evelyn, Scott, miró a Jack con un profundo desdén. Ambas amigas estuvieron conversando sin mayores problemas durante unos minutos hasta que Evelyn también se fijó en Jack y se hizo un extraño silencio -No soy su novio- dijo el muchacho, sarcástico, ante el escrutinio de los adinerados amigos
-Tampoco pasaría nada- dijo Scott, con una falsa sonrisa
-¿Tú crees?- Jack se metió las manos en los bolsillos del pantalón, airado -Parece que me miras como a un animal de zoo-
-Para nada, para nada. Me llamo Scott- le tendió la mano
-Jack- Jack le estrechó la mano con educación, pero sintió cómo le crujían los dedos de la mano bajo su fuerte apretón. Scott se hizo el valiente y no expresó dolor, pero se le aguaron los ojos y Jack mostró una media sonrisa de satisfacción.
-En...encantado-
-El gusto es mío-
-Bueno Eve... ¿Nos vamos?- Evelyn asintió. Venían de una carpa que había unos metros más allá, habían estado bailando toda la noche y tomando unas copas. Ya era hora de volver al dulce hogar con su esposo, pues estaban esperando buscar al niño. Rose sintió que aquellas palabras iban cargadas de maldad, como una espina lanzada con una cervatana, silenciosa pero punzante, sobre todo por la última mirada que le dirigió a Jack mientras lo decía ¿Insinuaba que su "novio" no era lo bastante bueno para tener un hogar y ser padre? Quizá. Puede que sí ¿Pero desde cuando su amiga era tan venenosa? Cuando se despidieron, Rose parecía algo apagada
-¿Estás bien?- ella asintió y suspiró, saboreando el caramelo que había mantenido oculto en la mejilla. Suspiró porque era la única de sus amigas que no había empezado a vivir su vida, todas adelante, todas sin dar un paso atrás. A todas la vida le iba de escándalo mientras que ella simplemente iba a la iglesia y volvía a casa, como de costumbre. Ella también quisiera poder dar paseos como esa noche, poder decir quizá que se había enamorado, debía de ser una sensación agradable ¡Y bailar! Hasta eso le apetecía aunque nunca le llamase en exceso la atención... No quería estropear la noche, de modo que se disculpó por el pequeño bajón repentino, sólo era reflexiones que a él no debían importarle lo más... ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué tiraba de ella? -Ven conmigo- dijo tirando de ella con suavidad. No se había percatado de que le había cogido la mano. La arrastró hacia la carpa. Jack lo había oido. Y ahora ella también. Otra vez la buena de Bonnie sonaba en los altavoces con Total Eclipse of Heart -No hace falta esperar mucho- le dijo, sin soltarla, fuera de la carpa, sin necesidad de entrar, lo justo para oir la música -Oye, lo siento, tal vez no soy el chico que te enamorará- se encogió de hombros -Ni tengo la planta de ese Scottcido, pero he querido venir aquí para desconectar de todo... y a ti te vendría bien ¿No crees?- ella asintió, con un ligero tiriteo. Hacía frío -Relájate un poco... ¿Sí?- se quitó la chaqueta y se la cedió, poniéndosela encima como una capa. La atrajó hacia sí un poco y tomándola del hombro y la mano, la hizo girar poco a poco, rotando ambos, en un vago baile con la bonita canción, escuchando la letra, pero bailando aquella noche... a fin de cuentas -Olvídate de todo esta noche. Ambos... lo merecemos-
Ya de vuelta, Jack conducía la moto con completo cuidado mientras atravesaban las oscuras y solitarias calles de Ace City, iluminadas sólo por las farolas. El silencio hacía que el rugido de la moto se oyese a leguas y atrajo la atención de Norman, que asomado a la ventana, se desvivía por saber dónde estaba su hija. Desde lejos veía una luz que se acercaba, pero sabía que no era ella. Rose en una motocicleta como esa... era imposible... ¿O no? El vehículo se detuvo en la acera con parsimonia y una figura conocida bajó de la misma. Se quitó el casco sólo para ver que era Rose, algo despeinada, hablando con aquel que también se quitó el casco. Un muchacho con un aspecto muy poco deseable -Espero que al menos lo hayas pasado bien- dijo con una sonrisilla el chico, observándola. Tenía la cara aún algo taciturna, pero aseguró haberlo pasado bien. Ella imaginaba lo que le esperaba en casa -Tienes mi número por si te apetece que volvamos a dar una vuelta, o si quieres que te haga un arreglo en el pelo- se rió de su despeinada cabellera -Te valoras poco Rose. No pareces apreciar lo bien que te queda el cabello así, despreocupado, desmelenado, sin tener que tenerlo perfectamente correcto- dijo con calidez -Me alegro de que aceptaras venir conmigo. Me ha resultado refrescante. Mucho- ella asintió, ruborizada, coincidiendo con él -Siento si el peluche no es muy de tu agrado- ella negó con la cabeza. Mientras hablaban, ella se fijó de nuevo en el collar -¿Te gusta?- lo tomó Jack con los dedos -Es un regalo. Del amor de mi vida- Rose abrió los ojos como platos ¿Tenía novia? ¿Tenía novia y la había invitado a salir? -Me lo regaló la hija de mi tío. Es como mi hermana pequeña- aclaró de pronto, quitándole una losa de encima a Rose -Desde entonces no me lo quito o dice que me pegará con sus muñecas. Y son de plástico duro- ambos se sonrieron. Rose aseguró que debería entrar en casa -De acuerdo. Buenas noches Rose- la chica se dio media vuelta y echó a caminar -Que descanses- le dijo algo más alto mientras se acercaba mientras ella le miraba por encima del hombro y le sonreía. Hasta que ella no cerró la puerta, no oyó a la moto partir.
No pudo adentrarse demasiado a la casa cuando su padre la interceptó bajando las escaleras. El simple vistazo a su rostro enrojecido y sus ojos saltones por la furia encogieron el corazón de la chica, que intentó no bajar la cabeza en señal de derrota -¿Se puede saber, Rose... en qué clase de historias... te crees que te estás metiendo...?- dijo conteniéndose, aunque no duró mucho -¿¡QUIÉN DEMONIOS ES ESE VAGABUNDO!?- tronó su voz. Afortunadamente Brigitte se había ido -¿¡Qué clase de educación te he dado, niña, para que vengas montándote en motocicletas ajenas como una vulgar ramera de barrio bajo?!- Rose se sobresaltó al oir semejantes palabras -¡Tú eres mi hija! ¡La hija del fundador del banco Mills! ¿¡Cómo tienes la poca vergüenza de ensuciar nuestro nombre y nuestra reputación juntándote con tan baja calaña!? ¿¡Te das cuenta de que te podría haber secuestrado!? ¡Te podría haber violado, te podría haber asesinado!- Rose trataba de morderse la lengua -Qué desgracia... qué vergüenza... ¡Vuelvo de la oficina queriendo llamar al bueno de Dick Grey, el hijo de Sebastian, y me encuentro con que te vas con aires de grandeza, como si fueses alguien! ¿Y qué me encuentro después? Que te has ido con un hippie motero satánico de esos que sabe Dios qué habría hecho contigo ¡MALDITA SEA ROSE!- la chica finalmente estalló, con los ojos supurando lágrimas de frustración, poniéndose a su nivel a la hora de gritar, de que Jack no era ningún hippie infernal -¿Jack...?- soltó una carcajada despectiva -¡JACK! ¿Qué nombre es ese Rose? ¡El nombre de un cualquiera que puede no tener nombre! ¿Has oido hablar de John Doe? ¡Estás loca!- Rose inquirió en que no sabía qué le pasaba, en por qué estaba tan paranoico, sólo había querido salir a socializar como él decía que quería para ella -¡Pero no con completos extraños y desconocidos! Rose, el diablo vigila en cada esquina y nosotros somos demasiado puros como para ir desprotegidos. Nos acechan, nos vigilan. No voy a permitir que te hagan daño. No voy a tolerar que te pongas en peligro. Espero por tu bien jovencita que no le hayas dicho que vuelva a buscarte- ella recalcó que ya no era tan "jovencita" -Oh, sí, lo eres. Sólo eres una niña. Una niña ignorante que por tener edad suficiente se cree capaz de decidir por su cuenta, cuando ignora los peligros del exterior. Ace City ya no es lo que era Rose. Olvídate de salir ¡Olvídate de pisar la calle hasta para ir a la iglesia! ¡Ya me ocuparé yo, YO, de procurarte un hombre de verdad, alguien que te cuide como es debido!- ¿Alguien como es debido? ¿Alguien como Scott? Pensaba Rose, alguien que miraba a su mujer como quien mira a una tabla de planchar. Scott mostraba más interés en Jack que en la propia Evelyn. Si la miró con entusiasmo fue porque iban a acostarse en cuanto volvieran a casa. Un hombre de dinero, sí, un hombre afortunado y formado, pero que ni se presentó formalmente a Rose mientras que Jack no dejaba de tratarla como una igual, sin importar la clase social. Al menos él... aunque fuese un puñetero peluche de un gato para niñas adolescentes... Furiosa, se secó las lágrimas y avanzó hacia la mesa de la entrada donde estaba la caja de las llaves -¿Qué crees que estás haciendo?- Norman se avalanzó hacia ella para detenerla, pero Rose tomó las llaves del coche aún así. Cuando él la agarró del brazo, ella le miró desafiante, indignada y furiosa -¡Soy tu padre y me debes respeto, niña!- respeto sí, pero no una ciega obediencia ni esclavitud, dijo ella siseando, antes de soltarse de él y correr hacia el exterior, montarse en el coche, arrancar y partir.
Al cabo del rato, una llamada desesperada azotaba la puerta de la iglesia. Adam se levantó de la cama con prisa, envuelto en su bata, para abrir pensando que era alguna urgencia. Lo que encontró fue a una llorosa Rose, que necesitando un abrazo de consuelo, le fue otorgado por Adam -¿Qué ha ocurrido, niña? ¿Ha sido Jack? ¿Te ha hecho daño...?- preguntaba enormemente extrañado. Nunca esperaría algo tan cruel de Jack. Era un buen chico dentro de lo que cabía. Ella no tardó en negar que había sido Jack, sino su padre -¿Qué ha pasado...?- el teléfono sonó de forma inmediata entonces -Tal vez sea él...- al contestar, efectivamente, era un alteradísimo Norman -Sí... está aquí Norman-
-Dile a esa ingrata que vuelva enseguida ¡No toleraré tamaño desprecio por su padre!-
-Norman... ¿Estás bien?-
-¡No estoy bien Adam, no estoy bien en absoluto!- dijo y casi se le rompió la voz
-Oye... creo que ambos estáis... demasiado alterados hoy-
-Escúchame párroco, no se te ocurra meterte entre mi hija y yo-
-Es tu hija, banquero- inquirió con desdén -pero es tan amiga mía como lo era tu esposa, como lo hemos sido tú y yo, de momento- Norman respiró profundamente
-Dile que se ponga...- dijo algo más calmado, respirando profundamente
-No hoy Norman. Está en la iglesia. Esta es la casa de Dios. Déjala pasar la noche aquí. Estará a salvo, completamente- inquirió
-Pasar la noche en la iglesia... si no fueras tú, Adam, diría que tenéis algo. Siempre está allí-
-Antes también solías venir tú. No sé que te estará pasando Norman, pero estás cambiando-
-Es complicado. Jamás lo entenderéis. Jamás- recalcó
-De acuerdo... si no quieres contarlo estás en tu derecho, pero sabes que se me da bien escuchar. Si cambias de opinión puedes pasarte mañana, o cuando te apetezca, pero te pido como viejo amigo que dejes a Rose pasar aquí la noche. Creo que los dos debéis relajaros un poco antes de hablar o... lo que sea- hubo una larga pausa al otro lado de la línea -¿Norman?-
-Está bien... está.. bien...-
-¿De verdad te encuentras bien?-
-Sí... yo... Sólo necesito descansar también, son días duros, mucho estrés...-
-Está bien, descansa. Relájate... Rose está a salvo. Mañana la tendrás de vuelta-
-De acuerdo Adam... confiaré en ti. Y... gracias- colgó. Adam permaneció un instante mirando al teléfono y también colgó para encargarse de rose.
Norman se volvió a asomar a la ventana, nervioso, asustado, temeroso, buscando algún enemigo en las inmediaciones. Lo único que vio moverse en el exterior era un gato negro de ojos dorados que le miraba desde fuera, con un collar del color de la sangre ardiente. La mirada del felino le inquietaba y echó las cortinas, dispuesto a irse a la cama. El gato no se movió del patio de la casa durante toda la noche.
-¿Quién era esa chica Jacky...?- preguntó cantarín, revoloteando a su alrededor como una mariposa con chaqueta de cuero, brazal de tachuelas y cadenas colgando del pantalón
-...El seguro de la moto-
-¡Y una polla! ¡Tú te has pillado un coño!- rió, señalándole
-Eh, un respeto- terció Jack con mirada severa
-Uuuuh...- masculló Dwyne con los ojos entornados -Ahí hay amor. No quiere que la llamemos coñito-
-¡Jack enamorado!- rió Oliver -Espera a que se entere Meg. Me parece que se va a sentir ofendida de nuevo por no ser la única hembra en la manada-
-Megan no tiene absolutamente nada que ver en mi vida y en mis decisiones. En caso de que estuviese enamorado, que por cierto, NO lo estoy- recalcó fieramente -Ella es, de todos los que me rodean, la que menos pincha y corta-
-Eso dices tú, pero creo que ella lo enfoca de una manera distinta- terció Jean
-Insisto... me da completamente igual cómo lo enfoque- Jack miró el reloj del taller. Aún faltaban unas horas para la cita. Siguió enfrascado en la puesta a punto de la moto de Dwyne
-Ahora en serio Jack ¿Quién era?- el gigantón Dwyne dio un sorbo a la cerveza -Cuéntanos. Tell me more, tell me more...- imitó la canción de la conocida película Grease
-Es sólo una conocida. Vamos a dar una vuelta. No va a suceder nada. No es mi chica- concluyó
-Pero lo acabará siendo ¡Jack cabalga de nuevo, yuju!- se puso a gritar Jean mientras imitaba a un cowboy -Con suerte incluso te cabalgarán a ti, tío- dijo pensativo -Ea, ya estoy cachondo otra vez. Me cago en la puta ¿Por qué soy tan semental?-
-Creo que se te licuó el cerebro y se te hizo esperma y testosterona- terció Reed -Si Jack dice que no es un ligue, no lo es-
-Al fin alguien con dos dedos de frente, gracias hermano- le guiñó Jack un ojo a Reed, que éste recibió con una sonrisilla
-Siempre igual, aburridos. Siempre apoyandoos el uno al otro ¿No seréis bujarrones, no?- dijo Jean aburrido
-Si lo fuese Jean ya estaría dándote bocaditos en el culo a ver si te pirabas de aquí- rió Reed
-Intentalo si tienes huevos. Mi hombría es sagrada. Ningún maromo va a tocar un ápice de mí- de pronto una mano se estampó contra su trasero y apretó con ganas
-¿Decías?- rió Jack
-¡Hijo de puta! ¡Te corto las manos! ¡Vil canalla!- rugió furioso -....Pero eh, no está mal, tienes un buen agarre ¿Puedes hacerlo otra vez?-
-Que te follen Jean-
-¡Pues mira, si me sigue gustando a lo mejor eres el afortunado!- acabó riendo y con él, todos los demás
-Ahora fuera de coñas Jack ¿Quién es? ¿La conocemos?- preguntó Reed, más serio, sin ánimo de burla
-No la conozco ni yo- reflexionó engrasándose las manos
-¿En serio?- rió su amigo
-Es extraño, lo sé- se encogió de hombros -Ni siquiera creo que peguemos mucho, seguramente tengamos gustos distintos. Ella parece ser de buena familia, ya sabéis. Suele frecuentar la iglesia-
-¡Dios santo!- exclamó Jean -Nunca mejor dicho. Jack, tío- se acuclilló a su lado, junto a la moto, poniéndole una mano en el hombro -Huye ahora que puedes. Una religiosa Jacky. Vas a tardar años en follar. Sólo para tener hijos ¡Sólo para tener Jackcitos! Además seguro que el padre es un tipo serio que querrá pegarte un tiro si rozas a la hija con el aire que respiras si no estais casados-
-Creo que a pesar del paso de los años Jean, no terminas de entender que no soy como tú. Si quisiera follar simplemente podría tenerlo muy fácil- suspiró aburrido
-¿¡Y por qué coño no lo haces!?- se llevó las manos a la cabeza -¡No te entiendo tío!-
-Qué insustancial eres...-
-Todo lo que quieras hermano, pero con el churro mojado ¿Hay algo mejor?-
-Yo creo que sí...- volvió a suspirar, esperando que llegase la hora.
Norman Miller se rascaba las sienes, enfrascado una vez más en el sin fin de papeleos que llenaban su escritorio. Estaba harto de números, harto de cuentas, harto de clientes, de trabajadores, de inversores... sabía que necesitaba un descanso o colapsaría, pero no tenía espacio para tal cosa. Había estado pensando en su hija también, muchísimo, y más desde los últimos acontecimientos. El simple hecho de dormir se le hizo imposible aquella noche, si sólo Rose supiera por qué estaba tan preocupado... En todo momento le parecía que aquel tipo sarcástico y risueño iba a volver a entrar por su puerta, como un heraldo del mismísimo Diablo. La presión que se agarró en su pecho y le cegó la vista le hizo suspirar con fuerza y soltar el bolígrafo, se puso en pie y se asomó a la ventana de su despacho. El banco era un edificio alto, bastante, aunque no el que más. Era uno de los principales bancos de Ace City, pero no llegaba a ser el más grande. Quizá por eso le eligió, porque sería muy fácil sospechar de un banco gigantesco como el principal AceBank. Su banco, Mills, era, por así decirlo, el "segundo" en la ciudad. Bastante expandido, bastante grande y con una gran cantidad de clientes, pero por el mero hecho de ser el segundo, tenía menos presiones que AceBank... Maldita sea, maldita sea la vida, maldito sea ese tipo... No le faltaron ganas en ese instante de meterle fuego al banco y a todo cuanto le incumbía para no dejar que ese tipo metiese las zarpas. Sin embargo ese Angelo Gabriel sabía que él tenía familia... y le advirtió al respecto... -¿Qué puedo hacer, Emily...?- preguntó al aire, al recuerdo sempiterno de su esposa fallecida, que gustaba pensar que lo acompañaba allá donde iba -¿Qué puedo hacer...?- como una señal del más allá, el teléfono comenzó a sonar. Sin demasiadas prisas, se adelantó hacia la mesa para cogerlo. La voz del otro lado le chirrió en el alma
-¡Hooooola!- saludó Angelo con evidente emoción -¿Qué tal, Norm-Norm? ¿Listo para hablar de negocios?-
-Tú otra vez...- dijo amargado -Por favor, déjame en paz. Te lo suplico. Hay otras entidades bancarias que...-
-Uff, ya me estás aburriendo- bostezó -Mira Norman, sólo quiero que me blanquees dinero. No te estoy diciendo que mates a nadie. Aún, al menos- soltó una carcajada -Además creo que te estás equivocando. Yo no te estoy pidiendo nada. De hecho te lo estoy ordenando. Vas a blanquear mi dinero. Todo. Búscate la vida sobre cómo lo haces, pero te necesito a ti para ello. Y ya sabes qué pasará si re rehusas-
-...Ya, claro, sí...-
-Pues eso. Escúchame, mañana a primera hora enviaré a un contacto para que te aclare las cosas. No te muevas de tu oficina en todo el día, pase lo que pase- colgó
-¿Pase lo que pase? ¡Espera! ¡Eh!- miró el teléfono -¡Hijo de puta!- colgó con furia -Mierda...- recogió todos los papeles y los metió en su maletín, preparado para irse. Pensaba en Rose, en Brigitte, en su casa, su legado... Estaba metido en un lío y no tenía forma de defenderlo. Al menos a Rose... tal vez si mantenía a Rose entretenida... -¿Cual era el número de Dick...?- reflexionó.
Entrada ya la tarde, cerca del anochecer, Norman había regresado a su casa tratando de rememorar el número de Dick. Brigitte le recibió con una amable sonrisa y le indicó que su hija, efectivamente, estaba en su habitación. Cuando dejó en el despacho su maletín y su chaqueta, Norman se preparó para subir hasta la habitación de Rose para llamar a la puerta. Rose aceptó la entrada del llamante, que pensó que era Brigitte -¿Cielo?- al ver que era su padre, la chica se volvió de nuevo hacia el espejo, poniéndose los pendientes -¿Rose? ¿Se puede saber por qué te arreglas así?- se quedó perlplejo observando la belleza de su hija. La chica alegó que tenía algo que hacer -¿Cómo que...? ¿Pretendes ir a la iglesia tan arreglada? ¿Por qué?- no iba a la iglesia, dijo secamente. Iba a salir -¿Cómo que vas a salir? ¿A dónde? ¿Con quién?- el tono de Norman se endurecía más con cada pregunta. Ella simplemente dijo que iba a salir, no necesitaba informarle de más -Creo que te estás equivocando mucho conmigo Rose. Demasiado- señaló. Ella, furibunda y orgullosa, recordó que era él quien estaba completamente equivocado. Le estaba robando su juventud y no se lo iba a permitir, encima cuando creía que la solución a sus problemas era buscarle una cita con un chico que él considerara oportuno -Así ha sido siempre y no va a cambiar ¿Cón quién demonios planeas salir?- preparada, con su ropa color crema, su cabello excelentemente peinado, su exquisito maquillaje y el embriagador aroma de su perfume, cogió el bolso y se dispuso a salir, esquivando a su padre en la entrada -¡ROSE!- gritó furioso mientras la chica bajaba las escaleras -¡ROSE, VUELVE AQUÍ AHORA MISMO!- la puerta se cerró con un fuerte restallido.
La chica tuvo que ir a la iglesia andando, debido a que con las prisas se le olvidaron las llaves del coche. Mirando el reloj, veía que llegaba unos minutos tarde. Aún así, pensó, que siendo Jack como parecía ser, tal vez hasta apareciese media hora tarde o no aparecía si se liaba de más con sus amigos. La chica estaba ilusionada, pero las esperanzas en un chico de esas pintas... no debían de ser demasiado altas, de forma que trataba de no hacerse ningún tipo de expectativa. Para su sorpresa, sin embargo, allí estaba Jack, hablando con Adam, que había salido de la iglesia para hacer compañía al chico mientras esperaba -Ten mucho cuidado Jack- alcanzó a oir Rose de Adam mientras se acercaba -No toleraré que le hagas pasar un mal rato... ¡Rose, hola!- sonrió -Vaya por Dios, nunca imaginé que os vería juntos para dar una vuelta- la chica sonrió tímida y Jack la miró a través del oscuro visor del casco
-¿Nos vamos? ¿Estás lista?- Rose asintió y Jack le entregó un casco, dejándola patidifusa -La seguridad es lo primero- Rose nunca había montado en un cacharro como aquella moto. Era como montar un toro ¿Cómo? ¿Y con la falda? -De lado, te agarras a mí y todo irá bien- se iba a matar -No mientras estés conmigo- dijo, dejándola sin palabras -Confía en mí- la chica se puso el casco muy a su pesar, destrozándose algo el peinado, pero la idea de partir sin casco era simplemente aterradora
-Jack, en serio... cuida de ella, no seas loco. Que no le pase absolutamente... nada- inquirió mucho en el nada
-No le pasará nada malo- aseguró Jack, arrancando, dejando que la moto gruñese de forma grave
-Que no le pase nada, simplemente- dijo Adam con segundas y mirada severa. Jack asintió perezoso y esperó la aprobación de Rose, que no se veía muy segura sentada de lado
-Tú sólo agarrate, no pasará nada- una vez sintió a la chica asida a su cuerpo, Jack soltó el embrague y aceleró suavemente. La moto iba más suave de lo que Rose imaginaba y sentir el viento en su cuerpo era una extraña sensación de liberación. Resultó ser más agradable de lo que imaginó en un principio, una nueva experiencia... y Jack resultó no ser el potencial asesino motociclista que parecía. Condujo con responsabilidad y cuidado, con un entendimiento que parecía que la moto era parte de sí mismo. Al menos, en el inicio, ganaba puntos de seguridad y comodidad.
Cuando llegaron a aquella feria, a Rose se le abrió un completo mundo de luces y música que apenas recordaba. No tenía recuerdos de ese lugar, vagamente quizá de muy, muy pequeña. Estar ahí era un simple reflejo de todo lo que estaba dejando de lado. Aquel lugar, siempre decía su padre, no era sitio para una señorita educada, fina y soltera, pues todo eran manadas de lobos hambrientos deseando cazar al buen cordero. Ahora no estaba sola al menos. Y Jack parecía ser más lobo que cualquiera de los que había allí. Dejaron los cascos encadenados junto a la moto. Rose pensó que quizá le robaran, pero Jack aseguró que no pasaría nada. Caminaron hacia la larga calle que era la feria. Desde la misma entrada se veía la noria y algúna que otra atracción más. El olor a café, alcohol y comida inundó los sentidos de Rose, al igual que la música. No tardó en discernir la melodía de Cindy Laupner de "Girls just wanna have fun". Le resultó tan irónico que se echó a reir, por la simple letra -¿Me he perdido algo?- preguntó Jack son simpatía, a lo que Rose negó con la cabeza. Mientras paseaban distraidamente mirando aquí y allá, Jack se fijaba en cómo Rose lo contemplaba todo con algo de fascinación, como si hiciese siglos que no veía ese ambiente -Me dijiste... que no salías- se aventuró a decir -¿Era cierto o sólo querías rechazar a un tipo como yo con elegancia?- Rose le miró. Comparándolo con ella, Jack iba vestido muchísimo más sencillo. Ella se había arreglado bastante mientras que él se había cambiado la camiseta blanca por una gris con una calavera extrañamente dibujada, como si fuese algo abstracto y los vaqueros en vez de ser oscuros eran azules. Otro punto más "arreglado" era el no llevar cadenas en los pantalones ni la chaqueta portabas pines o parches, simplemente era negra como la noche. Como adorno llevaba el collar de una estrella, algo extraño de ver en un hombre. Curiosamente no olía a gasolina, sino a colonia masculina. También se había arreglado un poco la barba y el pelo. En cuanto a su pregunta, Rose no supo qué decir en un principio. Era cierto que no solía salir más que a la iglesia, y algo de verdad había en que su forma de preguntarle por una cita... Jack soltó una risilla -Perdóname, quizá me dejé llevar por los mareos- se rascó la sien, pensativo -Puedo hacerlo mejor si quieres- se detuvo y la miró a los ojos. Rose se extrañó -Hola Rose, soy Jack. Verás, me preguntaba que, si no estabas muy ocupada y te apeteciese hacer algo pero no tienes planes, yo conozco un sitio que está ahora funcionando bien, la feria de Ace, y me preguntaba si te apetecería venir conmigo para pasear, conocernos un poco mejor y divertirnos un rato. Te llevaré a casa temprano, te lo prometo ¿Qué me dices?- y sonrió. Tal fue su descaro de imitar una petición de cita perfecta que le talló una sonrisa a Rose en el rostro ¿Es que era tonto? La pregunta le salió de la garganta de forma retórica, no pretendía siquiera haberla pronunciado, pero cuando Jack respondió que sí, que era algo tonto, se dio cuenta de su error. Se disculpó velozmente -Eh, no pasa nada- se encogió de hombros -El tonto es tonto de nacimiento- mantuvo la sonrisa -Pero hasta un tonto puede hacer reir a una chica. Vamos, veamos que nos ofrece este sitio-
Estuvieron paseando de un lado a otro con suma calma. Rose se había planteado relajarse y no preocuparse por su padre o la hora. Ya era de noche y las estrellas salpicaban el cielo junto a una agradable luna -¿Qué te gusta, Rose?- preguntó Jack súbitamente, mientras la chica miraba un puesto de tómbola donde se disparaba para conseguir peluches. La chica no supo qué decir. A parte de la ropa, los bolsos y algo el maquillaje... la música, suponía. Gustos básicos de una chica, dijo -Básicos eh... Te aseguro que hay chicas que no corresponden a esa descripción- sonrió Jack ¿A qué se refería? -El mundo está lleno de gente distinta. Esta época de los 80 es pura transición. No dejamos de evolucionar y revolucionarnos. El concepto de "gustos básicos" ya está dejando de existir- Rose arqueó una ceja, curiosa -Si es verdad que no salías mucho, lo entenderás si sigues saliendo conmigo a dar paseos- rió Jack -¿Qué música te gusta?- la chica mencionó a cantantes como Bonnie Tyler, suponiendo que Jack no la conocería del todo -Sé quién es. Tiene buenas canciones- reflexionó, sorprendiéndola ¿A él le gustaba? -Me gusta la música en general. Nunca digo que no a buenos artistas- la chica se echó a reir -¿Qué es tan divertido?- Rose sólo alcanzó a decir que por su aspecto no esperaba oir eso de él -¿Ah no? ¿Qué crees que oigo?- algo ruborizada y sin pretender ofenderle, suponía que escuchaba rock, metal y esas músicas en auge que estaban catalogadas como malignas y satánicas a veces -Satánico- parpadeó Jack -¿Crees que soy satánico?- Rose se disculpó, no pretendía ofenderle en absoluto. Sólo que... -Tranquila- le puso una mano en el hombro de forma inconsciente -Soy tan satánico que no me ofendo- dijo tratando de contener la risa -¿Quién te ha dicho eso?- ella relfexionó. Su padre era el único que se le venía a la cabeza. Quizá sus amigas, antes de echarse novio... -Tu padre tiene mucho que aprender. Y más tus amigas. Algún día, si te interesa, te enseñaré unas canciones tan bonitas como las que pueden cantar Bonnie, Bryan Adams y demás- ¿En serio? A Rose le costaba imaginarlo -La imaginación a veces no llega a puntos concretos de la realidad. No puedes imaginar algo que no conoces, no bien, al menos- dijo cálido y amable. Tenía razón, a fin de cuentas. Ella nunca imaginó que él sería así de cercano, bueno y gentil, por su simple aspecto.
Mientras conversaban de sus gustos y aficiones y se conocían cada vez un poco más y más, terminaron llegando a un pequeño grupo de personas que se arremolinaban alrededor de un hombre alegre que retaba a los hombres de las parejas de novios a que participasen en el Camino del Héroe, un circuito de tres actividades sencillas para ganar un premio a elegir para sus chicas. Animaba a los hombres y los bravuconeaba comparándolos con Rambo, He-Man, Terminator, Hércules y demás héroes de las películas, animación y cómics -Yo siempre he sido más de los Skywalker- arqueó una ceja. Rose se preguntaba qué estaban haciendo ahí, escuchando. De pronto, al abrir la veda, la canción de Bonnie Tyler "Holding out for a Hero" comenzó a sonar de los altavoces. Jack la miró y le sonrió -¿Necesitas un héroe, Rose?- la chica pestañeó perpleja -¿Te gusta algo de los premios?- la chica, nerviosa y ruborizada, miró a los premios. Aseguró que no era necesario -Elige. Hoy yo soy tu Han Solo, princesa Leia- no estaba segura de qué significaba eso, pero sonaba bien. Los tres obsequios de los que elegir eran un ramo de rosas, un par de llaveros de corazón y un pequeño peluche, modesto, pero precioso, de un gato tigrado gris con un collar rosa y ojos amorosos. La mirada de la chica lo dijo todo, aunque tampoco es que le resultase excesivamente deseable. Jack dio un paso al frente con Rose y pidió participar. Las pruebas eran sencillas, una práctica de tiro de corchos, lanzar dardos y golpear con el martillo. Jack se enfrentaba a otros cuatro chicos, a los cuales sus novias vitoreaban sin cesar mientras Rose observaba callada, rígida, ruborizada y sin saber qué mirar exactamente. Al menos se dejaba llevar por la música, tarareándola en su mente. Todo pasó rápido afortunadamente y a Jack no le costó en absoluto ganar, sobre todo en la prueba del martillo, pues tenía fuerza de sobra debido al entrenamiento para la lucha. Le faltó poco para perder contra un pijillo en las prácticas de tiro con rifle de corcho, pero le superó. Cuando acabó, le entregó a Rose el peluche del gatito, que ella miraba y examinaba con cuidado -¿No te gusta?- preguntó, sonriente. No perdía la sonrisa a pesar de todo. Le daba cierto encanto -Puedo conseguirte otra cosa- ella negó terriblemente apurada. Era mono, bastante, sólo que ya tenía una edad -Lo sé, es un juego para adolescentes, pero nunca he participado y me apetecía- rió con una mano en la nuca -Lo siento si te he hecho pasar vergüenza- ella volvió a negar. No había conocido a nadie que se preocupara por esas nimiedades por ella, ni siquiera su padre. Jack no sería un héroe quizá, sino un 30 añero motero y rockero que se metía en concursos para adolescentes enamorados, pero al menos conseguía hacerle reir con esas pequeñas tonterias y relajarla, todo lo contrario que su padre.
La velada estaba casi acabando mientras caminaban. Jack había comprado unos caramelos de sabores de limón y naranja que sabía que estaban deliciosos, que compartió con Rose. Aunque se consideraba de mala educación Jack invitó a Rose a degustarlos y a la vez hablar. Le daba una terrible vergüenza, pero terminó haciéndolo por insistencia de Jack -¿Ves como se te entiende?- rió -No vas a llenar el suelo de saliva. No tengas tanto miedo a meter la pata. Es así como se aprende- y tanto. Así aprendió a desafiar a su padre -Oye Rose... antes hemos estado hablando sobre tu padre y perdona si es una pregunta indiscreta, pero... ¿Eres infeliz con él?- Rose negó automáticamente, pero... confió un poco el hecho de que se sentía algo prisionera, atada, perdiendo su vida hasta que su padre decidiese quién era digno de casarse con ella. En ese preciso instante, caminando, se toparon con una pareja más o menos de su edad. Era Evelyn, una vieja amiga de Rose, con su esposo. Se habían casado no hace mucho y desde entonces no se veían. Ambas se recibieron con una sonrisa encantadora mientras que el marido de Evelyn, Scott, miró a Jack con un profundo desdén. Ambas amigas estuvieron conversando sin mayores problemas durante unos minutos hasta que Evelyn también se fijó en Jack y se hizo un extraño silencio -No soy su novio- dijo el muchacho, sarcástico, ante el escrutinio de los adinerados amigos
-Tampoco pasaría nada- dijo Scott, con una falsa sonrisa
-¿Tú crees?- Jack se metió las manos en los bolsillos del pantalón, airado -Parece que me miras como a un animal de zoo-
-Para nada, para nada. Me llamo Scott- le tendió la mano
-Jack- Jack le estrechó la mano con educación, pero sintió cómo le crujían los dedos de la mano bajo su fuerte apretón. Scott se hizo el valiente y no expresó dolor, pero se le aguaron los ojos y Jack mostró una media sonrisa de satisfacción.
-En...encantado-
-El gusto es mío-
-Bueno Eve... ¿Nos vamos?- Evelyn asintió. Venían de una carpa que había unos metros más allá, habían estado bailando toda la noche y tomando unas copas. Ya era hora de volver al dulce hogar con su esposo, pues estaban esperando buscar al niño. Rose sintió que aquellas palabras iban cargadas de maldad, como una espina lanzada con una cervatana, silenciosa pero punzante, sobre todo por la última mirada que le dirigió a Jack mientras lo decía ¿Insinuaba que su "novio" no era lo bastante bueno para tener un hogar y ser padre? Quizá. Puede que sí ¿Pero desde cuando su amiga era tan venenosa? Cuando se despidieron, Rose parecía algo apagada
-¿Estás bien?- ella asintió y suspiró, saboreando el caramelo que había mantenido oculto en la mejilla. Suspiró porque era la única de sus amigas que no había empezado a vivir su vida, todas adelante, todas sin dar un paso atrás. A todas la vida le iba de escándalo mientras que ella simplemente iba a la iglesia y volvía a casa, como de costumbre. Ella también quisiera poder dar paseos como esa noche, poder decir quizá que se había enamorado, debía de ser una sensación agradable ¡Y bailar! Hasta eso le apetecía aunque nunca le llamase en exceso la atención... No quería estropear la noche, de modo que se disculpó por el pequeño bajón repentino, sólo era reflexiones que a él no debían importarle lo más... ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué tiraba de ella? -Ven conmigo- dijo tirando de ella con suavidad. No se había percatado de que le había cogido la mano. La arrastró hacia la carpa. Jack lo había oido. Y ahora ella también. Otra vez la buena de Bonnie sonaba en los altavoces con Total Eclipse of Heart -No hace falta esperar mucho- le dijo, sin soltarla, fuera de la carpa, sin necesidad de entrar, lo justo para oir la música -Oye, lo siento, tal vez no soy el chico que te enamorará- se encogió de hombros -Ni tengo la planta de ese Scottcido, pero he querido venir aquí para desconectar de todo... y a ti te vendría bien ¿No crees?- ella asintió, con un ligero tiriteo. Hacía frío -Relájate un poco... ¿Sí?- se quitó la chaqueta y se la cedió, poniéndosela encima como una capa. La atrajó hacia sí un poco y tomándola del hombro y la mano, la hizo girar poco a poco, rotando ambos, en un vago baile con la bonita canción, escuchando la letra, pero bailando aquella noche... a fin de cuentas -Olvídate de todo esta noche. Ambos... lo merecemos-
Ya de vuelta, Jack conducía la moto con completo cuidado mientras atravesaban las oscuras y solitarias calles de Ace City, iluminadas sólo por las farolas. El silencio hacía que el rugido de la moto se oyese a leguas y atrajo la atención de Norman, que asomado a la ventana, se desvivía por saber dónde estaba su hija. Desde lejos veía una luz que se acercaba, pero sabía que no era ella. Rose en una motocicleta como esa... era imposible... ¿O no? El vehículo se detuvo en la acera con parsimonia y una figura conocida bajó de la misma. Se quitó el casco sólo para ver que era Rose, algo despeinada, hablando con aquel que también se quitó el casco. Un muchacho con un aspecto muy poco deseable -Espero que al menos lo hayas pasado bien- dijo con una sonrisilla el chico, observándola. Tenía la cara aún algo taciturna, pero aseguró haberlo pasado bien. Ella imaginaba lo que le esperaba en casa -Tienes mi número por si te apetece que volvamos a dar una vuelta, o si quieres que te haga un arreglo en el pelo- se rió de su despeinada cabellera -Te valoras poco Rose. No pareces apreciar lo bien que te queda el cabello así, despreocupado, desmelenado, sin tener que tenerlo perfectamente correcto- dijo con calidez -Me alegro de que aceptaras venir conmigo. Me ha resultado refrescante. Mucho- ella asintió, ruborizada, coincidiendo con él -Siento si el peluche no es muy de tu agrado- ella negó con la cabeza. Mientras hablaban, ella se fijó de nuevo en el collar -¿Te gusta?- lo tomó Jack con los dedos -Es un regalo. Del amor de mi vida- Rose abrió los ojos como platos ¿Tenía novia? ¿Tenía novia y la había invitado a salir? -Me lo regaló la hija de mi tío. Es como mi hermana pequeña- aclaró de pronto, quitándole una losa de encima a Rose -Desde entonces no me lo quito o dice que me pegará con sus muñecas. Y son de plástico duro- ambos se sonrieron. Rose aseguró que debería entrar en casa -De acuerdo. Buenas noches Rose- la chica se dio media vuelta y echó a caminar -Que descanses- le dijo algo más alto mientras se acercaba mientras ella le miraba por encima del hombro y le sonreía. Hasta que ella no cerró la puerta, no oyó a la moto partir.
No pudo adentrarse demasiado a la casa cuando su padre la interceptó bajando las escaleras. El simple vistazo a su rostro enrojecido y sus ojos saltones por la furia encogieron el corazón de la chica, que intentó no bajar la cabeza en señal de derrota -¿Se puede saber, Rose... en qué clase de historias... te crees que te estás metiendo...?- dijo conteniéndose, aunque no duró mucho -¿¡QUIÉN DEMONIOS ES ESE VAGABUNDO!?- tronó su voz. Afortunadamente Brigitte se había ido -¿¡Qué clase de educación te he dado, niña, para que vengas montándote en motocicletas ajenas como una vulgar ramera de barrio bajo?!- Rose se sobresaltó al oir semejantes palabras -¡Tú eres mi hija! ¡La hija del fundador del banco Mills! ¿¡Cómo tienes la poca vergüenza de ensuciar nuestro nombre y nuestra reputación juntándote con tan baja calaña!? ¿¡Te das cuenta de que te podría haber secuestrado!? ¡Te podría haber violado, te podría haber asesinado!- Rose trataba de morderse la lengua -Qué desgracia... qué vergüenza... ¡Vuelvo de la oficina queriendo llamar al bueno de Dick Grey, el hijo de Sebastian, y me encuentro con que te vas con aires de grandeza, como si fueses alguien! ¿Y qué me encuentro después? Que te has ido con un hippie motero satánico de esos que sabe Dios qué habría hecho contigo ¡MALDITA SEA ROSE!- la chica finalmente estalló, con los ojos supurando lágrimas de frustración, poniéndose a su nivel a la hora de gritar, de que Jack no era ningún hippie infernal -¿Jack...?- soltó una carcajada despectiva -¡JACK! ¿Qué nombre es ese Rose? ¡El nombre de un cualquiera que puede no tener nombre! ¿Has oido hablar de John Doe? ¡Estás loca!- Rose inquirió en que no sabía qué le pasaba, en por qué estaba tan paranoico, sólo había querido salir a socializar como él decía que quería para ella -¡Pero no con completos extraños y desconocidos! Rose, el diablo vigila en cada esquina y nosotros somos demasiado puros como para ir desprotegidos. Nos acechan, nos vigilan. No voy a permitir que te hagan daño. No voy a tolerar que te pongas en peligro. Espero por tu bien jovencita que no le hayas dicho que vuelva a buscarte- ella recalcó que ya no era tan "jovencita" -Oh, sí, lo eres. Sólo eres una niña. Una niña ignorante que por tener edad suficiente se cree capaz de decidir por su cuenta, cuando ignora los peligros del exterior. Ace City ya no es lo que era Rose. Olvídate de salir ¡Olvídate de pisar la calle hasta para ir a la iglesia! ¡Ya me ocuparé yo, YO, de procurarte un hombre de verdad, alguien que te cuide como es debido!- ¿Alguien como es debido? ¿Alguien como Scott? Pensaba Rose, alguien que miraba a su mujer como quien mira a una tabla de planchar. Scott mostraba más interés en Jack que en la propia Evelyn. Si la miró con entusiasmo fue porque iban a acostarse en cuanto volvieran a casa. Un hombre de dinero, sí, un hombre afortunado y formado, pero que ni se presentó formalmente a Rose mientras que Jack no dejaba de tratarla como una igual, sin importar la clase social. Al menos él... aunque fuese un puñetero peluche de un gato para niñas adolescentes... Furiosa, se secó las lágrimas y avanzó hacia la mesa de la entrada donde estaba la caja de las llaves -¿Qué crees que estás haciendo?- Norman se avalanzó hacia ella para detenerla, pero Rose tomó las llaves del coche aún así. Cuando él la agarró del brazo, ella le miró desafiante, indignada y furiosa -¡Soy tu padre y me debes respeto, niña!- respeto sí, pero no una ciega obediencia ni esclavitud, dijo ella siseando, antes de soltarse de él y correr hacia el exterior, montarse en el coche, arrancar y partir.
Al cabo del rato, una llamada desesperada azotaba la puerta de la iglesia. Adam se levantó de la cama con prisa, envuelto en su bata, para abrir pensando que era alguna urgencia. Lo que encontró fue a una llorosa Rose, que necesitando un abrazo de consuelo, le fue otorgado por Adam -¿Qué ha ocurrido, niña? ¿Ha sido Jack? ¿Te ha hecho daño...?- preguntaba enormemente extrañado. Nunca esperaría algo tan cruel de Jack. Era un buen chico dentro de lo que cabía. Ella no tardó en negar que había sido Jack, sino su padre -¿Qué ha pasado...?- el teléfono sonó de forma inmediata entonces -Tal vez sea él...- al contestar, efectivamente, era un alteradísimo Norman -Sí... está aquí Norman-
-Dile a esa ingrata que vuelva enseguida ¡No toleraré tamaño desprecio por su padre!-
-Norman... ¿Estás bien?-
-¡No estoy bien Adam, no estoy bien en absoluto!- dijo y casi se le rompió la voz
-Oye... creo que ambos estáis... demasiado alterados hoy-
-Escúchame párroco, no se te ocurra meterte entre mi hija y yo-
-Es tu hija, banquero- inquirió con desdén -pero es tan amiga mía como lo era tu esposa, como lo hemos sido tú y yo, de momento- Norman respiró profundamente
-Dile que se ponga...- dijo algo más calmado, respirando profundamente
-No hoy Norman. Está en la iglesia. Esta es la casa de Dios. Déjala pasar la noche aquí. Estará a salvo, completamente- inquirió
-Pasar la noche en la iglesia... si no fueras tú, Adam, diría que tenéis algo. Siempre está allí-
-Antes también solías venir tú. No sé que te estará pasando Norman, pero estás cambiando-
-Es complicado. Jamás lo entenderéis. Jamás- recalcó
-De acuerdo... si no quieres contarlo estás en tu derecho, pero sabes que se me da bien escuchar. Si cambias de opinión puedes pasarte mañana, o cuando te apetezca, pero te pido como viejo amigo que dejes a Rose pasar aquí la noche. Creo que los dos debéis relajaros un poco antes de hablar o... lo que sea- hubo una larga pausa al otro lado de la línea -¿Norman?-
-Está bien... está.. bien...-
-¿De verdad te encuentras bien?-
-Sí... yo... Sólo necesito descansar también, son días duros, mucho estrés...-
-Está bien, descansa. Relájate... Rose está a salvo. Mañana la tendrás de vuelta-
-De acuerdo Adam... confiaré en ti. Y... gracias- colgó. Adam permaneció un instante mirando al teléfono y también colgó para encargarse de rose.
Norman se volvió a asomar a la ventana, nervioso, asustado, temeroso, buscando algún enemigo en las inmediaciones. Lo único que vio moverse en el exterior era un gato negro de ojos dorados que le miraba desde fuera, con un collar del color de la sangre ardiente. La mirada del felino le inquietaba y echó las cortinas, dispuesto a irse a la cama. El gato no se movió del patio de la casa durante toda la noche.
miércoles, 29 de marzo de 2017
La reacción de Rose fue, sencillamente, reír. Reír porque le pareció divertido y porque no se tomó en serio aquella pregunta. La gente solía tomarle el pelo, pero aquel no parecía uno de esos momentos. Jack estaba muy serio, y aquella seriedad se la contagió a la chica, quien pestañeó incrédula, sin comprender. -¿Iba en serio?- el joven asintió levemente, seguramente debido al mareo. -¿Por qué?- preguntó sin tapujos. En su mente, no casaba la idea de que alguien como él quisiera salir un rato con alguien como ella. Entonces, Jack la miró. Fue en ese preciso instante en el que Rose se dio cuenta de que no era tan mayor como lo había imaginado desde un primer momento. Estudiando su rostro, solo observó un par de arrugas en la frente, típicas de la expresión. La barba, ocultaba una mandíbula juvenil y unos labios gruesos algo agrietados, y sus ojos, brillaban como los de alguien lleno de inquietudes. Sin duda, le sacaría pocos años. Fue directo al decir que la razón no era otra que su apetencia. -¿En serio? ¿Te parece divertido?- la chica no conseguía dar crédito. Jack se adelantó a asegurar que no le estaba pidiendo matrimonio, sino salir, divertirse. No le veía lo gracioso ni lo serio por ninguna parte. Aquel comentario consiguió poner nerviosa a la chica, que apenas sabía como contestar a aquello. -No. Si. O sea... es que yo...- la respuesta fue interrumpida por un Adam sofocado, que se rascaba la sien, cansado quizá de la llamada telefónica. Se preguntaba si la herida había dejado de sangrar -Creo que está parando, pero sigue muy abierta- observó la chica, quien se hizo un lado para que el párroco retomase su labor.
Desde la esquina de la pequeña sala, observó al joven. Su pregunta no paraba de darle vueltas a la cabeza, porque realmente, no sabía que responder. ¡Era rarísimo! Había llegado herido y mareado, cubierto de sangre, a saber por qué. Y sin más, le había pedido dar una vuelta. ¿Como podía estar diciéndolo en serio?. Se mordió la lengua. Ella no tenía nada que ver con él. No quería relacionarse con él. No se podía fiar de él.
Jack se quejó en alto cuando Adam recolocó el brazo dislocado. Incluso maldijo de alguna forma ofensiva, porque el párroco le reprimió por ello. Con la ceja suturada y un brazo hormigueando, se volvió a poner en pie. Aún estaba mareado, y sin embargo, no quería estar quieto. Tozudo, sin lugar a dudas. -¿Puedes andar? ¿Estas seguro?- preguntó, intentando estar cerca por si se caía, pero no lo hizo. Lo que no pude fue dejar de fruncir el ceño, aún cansado y entumecido. -No estas bien...Sea como sea la manera en la que has acabado así, no ha podido ser buena- observó, en un pequeño murmullo. Adam y Rose se miraron mutuamente. Sólo esa mirada, bastó para que ambos comprendieran que necesitaba más ayuda de la que le estaban dando. El párroco, le ofreció cobijo para toda la noche, además de una cena caliente que repondría gran parte de sus nauseas. -Yo podría avisar a quien quieras de que estás aquí, si te parece- era poco, pero era algo. Jack aceptó el primer ofrecimiento, pero no el segundo. Adam acompañó al joven hacia donde estaba el teléfono, y éste, hizo girar el disco varias veces hasta dar con el número que estaba buscando. Rose le oyó hablar desde el umbral de la puerta, con un tono más sosegado y apagado que el que usaba con ella. Al parecer, hablaba con su tío. Una vez colgó, volvió hacia aquella silla en la que intentaba recomponerse y poco más hubo que hacer. -Yo... se ha hecho muy tarde. Mi padre debe estar preocupado.- Adam se percató de ello. No habían caído en la cuenta de que la chica se retrasaba, y por ello, la instó a marcharse rápidamente. Sin embargo, no pudo hacerlo tan veloz como había deseado. Jack, delante del párroco, volvió a preguntar si quería salir al día siguiente con él para dar una vuelta. Ante aquel par de ojos mirándola de forma expectante, tuvo que hablar rápido y claro -No... yo no salgo con... quiero decir... No salgo- aquella respuesta sonó tan poco convincente y estúpida, que el silencio que se formó fue bastante molesto. -Me tengo que ir, mi padre va a matarme. Lo siento. Adiós- la chica desapareció, dejando atrás una ráfaga de viento incomprensible.
Al llegar a casa, Rose volvió encontrar la oscuridad envolviendo su hogar. Sólo una pequeña luz, perteneciente a la lámpara ubicada junto a la cristalera del salón, estaba encendida. A su lado estaba Norman. Aparentemente, había estado mirando por la ventana esperando ver aparecer a su hija. -Lo siento. He llegado tarde- se excusó tranquila, dejando el bolso y el abrigo en el perchero. Por supuesto, Brigitte ya se había marchado. -¿Llevas mucho ahí? Perdona. Debería haber hecho una llamada. Adam necesitaba ayuda y...- su padre la cortó, afirmando rotundamente que sí, que debería haber realizado ella llamada hacía ya casi una hora -Lo siento de veras, papá. Llego un joven y Adam no pudo...- una vez más, se vio interrumpida. Norman dejó reposar sus brazos sobre el respaldo del sillón. Sus nudillos estaban blancos y negaba mucho con la cabeza. ¿Que le pasaba? Parecía más tenso de lo normal. Se preguntaba si acaso Adam era más importante que él. -No, pero... pensaba que a ti no te importaba que pasase el tiempo allí, como mamá.- Alegó que sin embargo lo parecía, dado que prestaba más atención a él que a su propio padre. -Pero papá... podrías haber... Oye, ¿Que te pasa?- Sulfurado, explicó que había perdido toda una hora de trabajo por estar preocupado por su paradero. Preguntó si acaso ella era consciente del retraso en sus negociaciones que aquello implicaba. Rose se quedó helada. Sabía que el trabajo era importante, pero no que se antepusiese a su propia hija -¿Tú te estas oyendo?- preguntó ofendida, a lo que Norman replicó si él entendía lo que había hecho -¡Claro que lo entiendo! ¡Porque llevo años haciéndolo! ¡Porque se supone que es lo que tú también querías que yo hiciera!- Rose no pudo reprimir aquellas quejas subidas de voz. No era una mujer irritable y mucho menos violenta, pero encontrar a su padre con aquellos ánimos y aquella actitud... la enervaba. Norman se puso a aquel nivel, gritando que era lo que le había pedido que hiciera cuando su madre murió, no que lo hiciera para siempre. -¡Y sin embargo siempre me pides que vaya!- insistió en que si lo había hecho, había sido para corregir aquella depresión que tuvo hacía tres años. -¡Y hace ya dos años que estoy perfectamente! ¡¿Se puede saber que te pasa?!- Norman no contuvo su lengua. Admitió que, para tener veintiseis años, estaba acudiendo demasiado a la iglesia y haciendo menos cosas relacionadas con su edad. Sus amigas ya estaban casadas y ella no. No se molestaba en crecer, en procurarse un futuro con alguien que la cuidase y protegiese cuando él no estuviese. ¿A caso pensaba que la iglesia sería su cobijo para siempre? -¡No te consiento que me digas eso!- le cortó -¡Llevo años pidiendo tu consentimiento para formar parte de los planes de todas las amigas esas que dices que ahora mismo están casadas! ¡Pero tu nunca aceptabas, tu nunca lo veías bien! ¡¿Crees que me gusta estar sola?! ¡¿Crees que me gusta no tener amigos?! ¡¿Incluso no tener pareja?! ¡Tú no me dejas!- su padre afirmó que estaba loca si pensaba que iba a encontrar amistades y pareja decentes en aquellos garitos donde solo se bailaba y fumaba, o en aquellas noches de picnic en las que los más depravados solo saben meterse mano -¡¿Entonces donde quieres que encuentre compañía?! ¡¿En la acera de enfrente?! ¡Primero no quieres que salga a la calle y disfrute, y ahora no quieres que vaya a la iglesia! ¡¿Que quieres de mí?! ¡¿Que quieres?!- ¡Que se comportase como la mujer que era! -¡¿Y por qué no te comportas tu como el padre que se supone que tienes que ser?! ¡Me da igual lo de las amistades! ¡Me da igual lo de las parejas! ¡Lo que no me da igual es que ahora tu trabajo sea más importante que yo! ¡Mírate! ¡Sulfurado y violento sólo porque has perdido tiempo de trabajo y has temido, no se por qué, que algo pudiera ocurrirme en la iglesia, con tu amigo, con Adam!- terminó por gritar, agotada. Respiró profundamente, reponiéndose, intentando tomar conciencia de lo que estaba ocurriendo entre un padre y una hija que jamás habían discutido de aquella manera. -Me siento sola, papá. No quieres que esté con gente que no conoces, pero tampoco quieres que esté ahora con Adam, ni si quiera contigo, porque no me dejas. Me siento abandonada- añadió, enormemente dolida. Norman suspiró. Se apartó de detrás del sillón, pareciendo que lo había estado usando como una especie de barrera psicológica. Se disculpó, masajeandose las sienes. Era verdad, lo admitía. No estaba con ella demasiado tiempo, no le estaba procurando atenciones últimamente. Rose no dijo nada, aliviada de que empezase a entenderlo. Norman se llevó las manos a los bolsillos del pantalón. Pensó un instante, y luego habló. Al día siguiente, contactaría con algunos conocidos y amigos con hijos de una edad similar a la de la chica. Si, lo mejor era que dejase de sentirse sola. Ya era hora de pasar la vida con alguien más, alguien a quien él considerase digo. Rose le lanzó una mirada asesina, decepcionada al comprobar que no había entendido nada, finalmente. -Estas loco- Se negó a seguir discutiendo con una cabeza tan cerrada, así que sin más, subió las escaleras hasta encerrarse en su habitación y allí se quedó. Sin poder dormir. Sin poder hacer nada.
Al día siguiente, la chica apenas salió de su habitación. Estaba furiosa y encontrarse de cara con su padre era lo que menos deseaba. Además de eso, estuvo pensando bastante. Se sintió mal por cada plan, cada salida, cada evento que había rechazado a sabiendas de que no eran del agrado de Norman. Incluso la noche anterior había rechazado a Jack bajo su influencia. ¡Estaba harta!
Por la tarde, harta de darle vueltas y de indecisiones, llamó a Adam desde el teléfono del salón. -¿Adam? ¿Sigue Jack ahí contigo?- tras un breve silencio, el párroco afirmó que se había marchado por la mañana. Ahora sólo estaba acompañado de dos ancianas -Claro, que estúpida... Lo debía haber imaginado ¿Estaba mejor al menos?- tras asegurar que sí, el hombre quiso saber si se encontraba bien o si necesitaba algo -Eh... sí. Te va a parecer muy raro, pero, ¿Sabes el número de teléfono de Jack?- el de su tío, sí. -Me vale. ¿Podrías dármelo? Un segundo- la chica tomó un lápiz y papel y apuntó los dígitos que Adam dictó. -Vale, gracias. Me pasaré por allí mañana, supongo. Ya te contaré. Adiós- colgó sin mediar palabra. Tomó aire y lo soltó, para marcar el número que el párroco le había dado. Tras varias señales, el teléfono al otro lado se descolgó. Una voz masculina y algo demacrada, para nada la de Jack, quiso saber de quien se trataba. Debía ser su tío -Hola, buenas tardes. Verá, usted no me conoce. Me llamo Rose. Quisiera saber si podría hablar con su sobrino, Jack- tras otro silencio, el hombre indicó amablemente que no se encontraba ese momento en casa, sino en su taller -¿Taller?- informó que Jack trabajaba en un taller de reparación de vehículos y motocicletas. -Oh, no lo sabía. Disculpe. En ese caso, llamaré en otro momento.- antes de colgar, el tío de Jack le ofreció el número de teléfono del taller. No tendría por qué esperar -Perfecto. Se lo agradecería muchísimo- Rose anotó el nuevo número justo debajo del anterior. Cuando verificó que eran correctos, se despidió y colgó. Nuevamente, llamó.
Esta vez la señal se prolongó más hasta que alguien al otro lado descolgó. Pero aquella voz tampoco era la de Jack. Era muy suave y tenía un ligero acento extranjero. -Hola... Estoy buscando a Jack. ¿Me he equivocado de número?- aquel hombre dijo que no. El hombre tuvo que hacer el intento de tapar el micro del teléfono con la mano, pues Rose pudo oír perfectamente, aunque de forma hueca, como llamaba al joven y le decía que una mujer estaba preguntando por él, para posteriormente, insistir en saber que chica era. Reconocer, por fin, la voz de Jack, hizo que suspirase aliviada. -¿Jack? Soy Rose- se mordió el labio inferior. Aquello era surrealista. -Oye... sé que ayer te dije que no quería salir pero... me preguntaba si aún seguías interesado. Comprenderé perfectamente que no quieras ya. Fui una estúpida. Es una larga historia.- Rose pudo sentir como apenas pudo respirar hasta que Jack respondió que sí. Le daba vergüenza tener que decir todo aquello, pero estaba demasiado enfadada como para no intentarlo. -¿Te viene bien a las ocho? Puedo esperarte en la iglesia- estaban de acuerdo -Genial.- Antes de cortar, Jack quiso saber como había encontrado su número del taller -Te lo contaré luego, así que, por favor, no me dejes plantada allí o Adam tendrá que hacerse cargo de mí- bromeó. -Hasta luego, Jack. Nos vemos en un par de horas- cuando Rose colgó, sintió una oleada de liberación y bienestar. Sonrió. Tenía que empezar a preparase pronto. La verdad, es que estaba muy ilusionada.
Desde la esquina de la pequeña sala, observó al joven. Su pregunta no paraba de darle vueltas a la cabeza, porque realmente, no sabía que responder. ¡Era rarísimo! Había llegado herido y mareado, cubierto de sangre, a saber por qué. Y sin más, le había pedido dar una vuelta. ¿Como podía estar diciéndolo en serio?. Se mordió la lengua. Ella no tenía nada que ver con él. No quería relacionarse con él. No se podía fiar de él.
Jack se quejó en alto cuando Adam recolocó el brazo dislocado. Incluso maldijo de alguna forma ofensiva, porque el párroco le reprimió por ello. Con la ceja suturada y un brazo hormigueando, se volvió a poner en pie. Aún estaba mareado, y sin embargo, no quería estar quieto. Tozudo, sin lugar a dudas. -¿Puedes andar? ¿Estas seguro?- preguntó, intentando estar cerca por si se caía, pero no lo hizo. Lo que no pude fue dejar de fruncir el ceño, aún cansado y entumecido. -No estas bien...Sea como sea la manera en la que has acabado así, no ha podido ser buena- observó, en un pequeño murmullo. Adam y Rose se miraron mutuamente. Sólo esa mirada, bastó para que ambos comprendieran que necesitaba más ayuda de la que le estaban dando. El párroco, le ofreció cobijo para toda la noche, además de una cena caliente que repondría gran parte de sus nauseas. -Yo podría avisar a quien quieras de que estás aquí, si te parece- era poco, pero era algo. Jack aceptó el primer ofrecimiento, pero no el segundo. Adam acompañó al joven hacia donde estaba el teléfono, y éste, hizo girar el disco varias veces hasta dar con el número que estaba buscando. Rose le oyó hablar desde el umbral de la puerta, con un tono más sosegado y apagado que el que usaba con ella. Al parecer, hablaba con su tío. Una vez colgó, volvió hacia aquella silla en la que intentaba recomponerse y poco más hubo que hacer. -Yo... se ha hecho muy tarde. Mi padre debe estar preocupado.- Adam se percató de ello. No habían caído en la cuenta de que la chica se retrasaba, y por ello, la instó a marcharse rápidamente. Sin embargo, no pudo hacerlo tan veloz como había deseado. Jack, delante del párroco, volvió a preguntar si quería salir al día siguiente con él para dar una vuelta. Ante aquel par de ojos mirándola de forma expectante, tuvo que hablar rápido y claro -No... yo no salgo con... quiero decir... No salgo- aquella respuesta sonó tan poco convincente y estúpida, que el silencio que se formó fue bastante molesto. -Me tengo que ir, mi padre va a matarme. Lo siento. Adiós- la chica desapareció, dejando atrás una ráfaga de viento incomprensible.
Al llegar a casa, Rose volvió encontrar la oscuridad envolviendo su hogar. Sólo una pequeña luz, perteneciente a la lámpara ubicada junto a la cristalera del salón, estaba encendida. A su lado estaba Norman. Aparentemente, había estado mirando por la ventana esperando ver aparecer a su hija. -Lo siento. He llegado tarde- se excusó tranquila, dejando el bolso y el abrigo en el perchero. Por supuesto, Brigitte ya se había marchado. -¿Llevas mucho ahí? Perdona. Debería haber hecho una llamada. Adam necesitaba ayuda y...- su padre la cortó, afirmando rotundamente que sí, que debería haber realizado ella llamada hacía ya casi una hora -Lo siento de veras, papá. Llego un joven y Adam no pudo...- una vez más, se vio interrumpida. Norman dejó reposar sus brazos sobre el respaldo del sillón. Sus nudillos estaban blancos y negaba mucho con la cabeza. ¿Que le pasaba? Parecía más tenso de lo normal. Se preguntaba si acaso Adam era más importante que él. -No, pero... pensaba que a ti no te importaba que pasase el tiempo allí, como mamá.- Alegó que sin embargo lo parecía, dado que prestaba más atención a él que a su propio padre. -Pero papá... podrías haber... Oye, ¿Que te pasa?- Sulfurado, explicó que había perdido toda una hora de trabajo por estar preocupado por su paradero. Preguntó si acaso ella era consciente del retraso en sus negociaciones que aquello implicaba. Rose se quedó helada. Sabía que el trabajo era importante, pero no que se antepusiese a su propia hija -¿Tú te estas oyendo?- preguntó ofendida, a lo que Norman replicó si él entendía lo que había hecho -¡Claro que lo entiendo! ¡Porque llevo años haciéndolo! ¡Porque se supone que es lo que tú también querías que yo hiciera!- Rose no pudo reprimir aquellas quejas subidas de voz. No era una mujer irritable y mucho menos violenta, pero encontrar a su padre con aquellos ánimos y aquella actitud... la enervaba. Norman se puso a aquel nivel, gritando que era lo que le había pedido que hiciera cuando su madre murió, no que lo hiciera para siempre. -¡Y sin embargo siempre me pides que vaya!- insistió en que si lo había hecho, había sido para corregir aquella depresión que tuvo hacía tres años. -¡Y hace ya dos años que estoy perfectamente! ¡¿Se puede saber que te pasa?!- Norman no contuvo su lengua. Admitió que, para tener veintiseis años, estaba acudiendo demasiado a la iglesia y haciendo menos cosas relacionadas con su edad. Sus amigas ya estaban casadas y ella no. No se molestaba en crecer, en procurarse un futuro con alguien que la cuidase y protegiese cuando él no estuviese. ¿A caso pensaba que la iglesia sería su cobijo para siempre? -¡No te consiento que me digas eso!- le cortó -¡Llevo años pidiendo tu consentimiento para formar parte de los planes de todas las amigas esas que dices que ahora mismo están casadas! ¡Pero tu nunca aceptabas, tu nunca lo veías bien! ¡¿Crees que me gusta estar sola?! ¡¿Crees que me gusta no tener amigos?! ¡¿Incluso no tener pareja?! ¡Tú no me dejas!- su padre afirmó que estaba loca si pensaba que iba a encontrar amistades y pareja decentes en aquellos garitos donde solo se bailaba y fumaba, o en aquellas noches de picnic en las que los más depravados solo saben meterse mano -¡¿Entonces donde quieres que encuentre compañía?! ¡¿En la acera de enfrente?! ¡Primero no quieres que salga a la calle y disfrute, y ahora no quieres que vaya a la iglesia! ¡¿Que quieres de mí?! ¡¿Que quieres?!- ¡Que se comportase como la mujer que era! -¡¿Y por qué no te comportas tu como el padre que se supone que tienes que ser?! ¡Me da igual lo de las amistades! ¡Me da igual lo de las parejas! ¡Lo que no me da igual es que ahora tu trabajo sea más importante que yo! ¡Mírate! ¡Sulfurado y violento sólo porque has perdido tiempo de trabajo y has temido, no se por qué, que algo pudiera ocurrirme en la iglesia, con tu amigo, con Adam!- terminó por gritar, agotada. Respiró profundamente, reponiéndose, intentando tomar conciencia de lo que estaba ocurriendo entre un padre y una hija que jamás habían discutido de aquella manera. -Me siento sola, papá. No quieres que esté con gente que no conoces, pero tampoco quieres que esté ahora con Adam, ni si quiera contigo, porque no me dejas. Me siento abandonada- añadió, enormemente dolida. Norman suspiró. Se apartó de detrás del sillón, pareciendo que lo había estado usando como una especie de barrera psicológica. Se disculpó, masajeandose las sienes. Era verdad, lo admitía. No estaba con ella demasiado tiempo, no le estaba procurando atenciones últimamente. Rose no dijo nada, aliviada de que empezase a entenderlo. Norman se llevó las manos a los bolsillos del pantalón. Pensó un instante, y luego habló. Al día siguiente, contactaría con algunos conocidos y amigos con hijos de una edad similar a la de la chica. Si, lo mejor era que dejase de sentirse sola. Ya era hora de pasar la vida con alguien más, alguien a quien él considerase digo. Rose le lanzó una mirada asesina, decepcionada al comprobar que no había entendido nada, finalmente. -Estas loco- Se negó a seguir discutiendo con una cabeza tan cerrada, así que sin más, subió las escaleras hasta encerrarse en su habitación y allí se quedó. Sin poder dormir. Sin poder hacer nada.
Al día siguiente, la chica apenas salió de su habitación. Estaba furiosa y encontrarse de cara con su padre era lo que menos deseaba. Además de eso, estuvo pensando bastante. Se sintió mal por cada plan, cada salida, cada evento que había rechazado a sabiendas de que no eran del agrado de Norman. Incluso la noche anterior había rechazado a Jack bajo su influencia. ¡Estaba harta!
Por la tarde, harta de darle vueltas y de indecisiones, llamó a Adam desde el teléfono del salón. -¿Adam? ¿Sigue Jack ahí contigo?- tras un breve silencio, el párroco afirmó que se había marchado por la mañana. Ahora sólo estaba acompañado de dos ancianas -Claro, que estúpida... Lo debía haber imaginado ¿Estaba mejor al menos?- tras asegurar que sí, el hombre quiso saber si se encontraba bien o si necesitaba algo -Eh... sí. Te va a parecer muy raro, pero, ¿Sabes el número de teléfono de Jack?- el de su tío, sí. -Me vale. ¿Podrías dármelo? Un segundo- la chica tomó un lápiz y papel y apuntó los dígitos que Adam dictó. -Vale, gracias. Me pasaré por allí mañana, supongo. Ya te contaré. Adiós- colgó sin mediar palabra. Tomó aire y lo soltó, para marcar el número que el párroco le había dado. Tras varias señales, el teléfono al otro lado se descolgó. Una voz masculina y algo demacrada, para nada la de Jack, quiso saber de quien se trataba. Debía ser su tío -Hola, buenas tardes. Verá, usted no me conoce. Me llamo Rose. Quisiera saber si podría hablar con su sobrino, Jack- tras otro silencio, el hombre indicó amablemente que no se encontraba ese momento en casa, sino en su taller -¿Taller?- informó que Jack trabajaba en un taller de reparación de vehículos y motocicletas. -Oh, no lo sabía. Disculpe. En ese caso, llamaré en otro momento.- antes de colgar, el tío de Jack le ofreció el número de teléfono del taller. No tendría por qué esperar -Perfecto. Se lo agradecería muchísimo- Rose anotó el nuevo número justo debajo del anterior. Cuando verificó que eran correctos, se despidió y colgó. Nuevamente, llamó.
Esta vez la señal se prolongó más hasta que alguien al otro lado descolgó. Pero aquella voz tampoco era la de Jack. Era muy suave y tenía un ligero acento extranjero. -Hola... Estoy buscando a Jack. ¿Me he equivocado de número?- aquel hombre dijo que no. El hombre tuvo que hacer el intento de tapar el micro del teléfono con la mano, pues Rose pudo oír perfectamente, aunque de forma hueca, como llamaba al joven y le decía que una mujer estaba preguntando por él, para posteriormente, insistir en saber que chica era. Reconocer, por fin, la voz de Jack, hizo que suspirase aliviada. -¿Jack? Soy Rose- se mordió el labio inferior. Aquello era surrealista. -Oye... sé que ayer te dije que no quería salir pero... me preguntaba si aún seguías interesado. Comprenderé perfectamente que no quieras ya. Fui una estúpida. Es una larga historia.- Rose pudo sentir como apenas pudo respirar hasta que Jack respondió que sí. Le daba vergüenza tener que decir todo aquello, pero estaba demasiado enfadada como para no intentarlo. -¿Te viene bien a las ocho? Puedo esperarte en la iglesia- estaban de acuerdo -Genial.- Antes de cortar, Jack quiso saber como había encontrado su número del taller -Te lo contaré luego, así que, por favor, no me dejes plantada allí o Adam tendrá que hacerse cargo de mí- bromeó. -Hasta luego, Jack. Nos vemos en un par de horas- cuando Rose colgó, sintió una oleada de liberación y bienestar. Sonrió. Tenía que empezar a preparase pronto. La verdad, es que estaba muy ilusionada.
Airado, tratando de calmarse, Jack se sentó en la silla ante la mesa de trabajo donde solía inspeccionar alguna pieza suelta o rota para tratar de arreglarla antes de colocarla en algún coche o moto en el taller. Allí tomó unas vendas algo añejas y amarillentas que solo usaba para envolverse con ellas los nudillos. Tenía que irse en breves para un combate pactado para esa noche. Había bastante dinero en juego. Seguramente, pensaba, aprovecharía la furia que Megan le causaba y la volcaría sobre el contrincante. Esperaba ganar con ello, la ira era bastante pronunciada en su interior -Jack... tío...- comentó Dwyne -Creo... que te has pasado un poco- masculló, calmado
-¿Que me he pasado?- Jack le miró furioso -¿¡Que me he pasado!?-
-Eh... no la pagues conmigo- alzó una mano en señal de paz -Sólo digo-
-Creo que olvidais el hecho de que por mucho que seamos colegas y una banda, ESTE LUGAR- inquirió alzando la voz y señalando al suelo -es MI PUTO TALLER- su aclaración creó un eco en el silencio -Puedo decidir quién coño entra y quién no ¿Estamos? Y si ella sigue viniendo es por vosotros, porque la queréis en el equipo, porque os cae bien y por otras razones que ya me sé- comentó para no echar más leña al fuego, viendo la cara de disgusto de la pobre Natalie -Y os miro a todos en este aspecto, no sólo a Jean-
-Se supone que no te molesta, o no te molestaba- añadió Dwyne, mirando la botella vacía que Megan le había dado y lanzándola a la basura con puntería certera -No es tu chica ya y si a ella le apetece echar un polvo y a ti te da igual... ¿Por qué no debería irme con ella a la cama?-
-A la cama o a esta mesa de trabajo. Lo sé, Dwyne. Sé que la mayoría de las veces os la habéis tirado aquí- inquirió Jack con el ceño fruncido. Fue en ese momento cuando Natalie definitivamente informó de que iba a marcharse. Estaba incómoda, muchísimo -Lo siento mucho Nat- concluyó Jack con un suspiro, a lo que ella respondió con otro más apesadumbrado y cargado
-No te vayas nena. Ha sido un altercado de nada. Ella ya se ha ido. Quédate y divirtámonos- insistió Jean. Ella en seguida recalcó que no, que necesitaba marcharse -Bueno... déjame acercarte- de nuevo, una negativa. No, no tenía intención. Buscaría un taxi. No tenía ganas de estar con ninguno de ellos y menos con Jean. Se sentía engañada, se sentía frustrada, se sentía humillada. No pretendía volver a verlos, a ninguno de ellos. No era... su lugar. De tal modo, recogió su bolso y su abrigo y echó a andar sin tan siquiera decir adiós. Parecía ser que Jack y Reed eran los únicos que no la miraron irse con cara de bobos sorprendidos. Eran los únicos que la entendían -Espero que estés contento cabronazo ¡Me has jodido el polvo!- gruñó Jean, dando una patada al sofá
-Vuelve a soltar una patada Jean y te meto el zapato en la boca-
-¿Tú y qué ejército?-
-Haya paz tíos- dijo Reed entonces, cruzado de brazos en el segundo sofá -Somos colegas. No nos peleamos por un coño- decía sobretodo a Jean -Creía que teníamos esa lección aprendida-
-Pues recuérdasela a Jack, que ahora nos echa en cara habernos liado con Megan-
-No estoy echando nada en cara- gruñó, poniéndose en pie y recogiendo la chaqueta de cuero -Sólo recalco que si sigue viniendo es porque la seguís consintiendo. Os basta que menee el culo para teneros contentos. Os levanta la polla con un vistazo al escote y correis a ponerla a cuatro patas o la colgais de la pared como si fuese un cuadro. A mi me la suda completamente, como si os montáis una orgía y le teñís el pelo con vuestras corridas pero yo no pienso aguantarla. Si la dejé fue por una razón y no va cambiar. Aquí mando yo- terminó por aclarar, hablando de forma más sosegada -Espero que lo recordéis. Somos colegas, somos hermanos, y nuestra amistad está antes que cualquier par de piernas, como bien dice Reed- Reed asentía desde su asiento -Espero que lo tengáis todos claro porque Jean, no sé si te has dado cuenta de que has dejado a Natalie a la completa merced de una víbora como Megan. No está al nivel. Natalie es una buena chica y Megan está tan harta de chupar pollas que no sólo habrá tragado esperma sino maldad de a quien coño se esté follando para tener el dinero que tiene últimamente. Todos sabemos que no es trigo limpio. Se está ensuciando las manos más de lo que debería-
-¿Qué tiene que ver lo que esté haciendo Meg con su vida? Además Nat estaba bien. Ha sido tu jerigonza del follárnosla lo que ha espantado a Natalie- se quejó Jean de mala gana
-No tienes ni puta idea de lo que te rodea ¿Verdad Jean?- Jack recogió el casco y las llaves
-¿Y tú sí? Megan ha sido tu primera piva y desde entonces no te he visto con ninguna ¿Vas a hablarme a mí de mujeres? ¿Tú? Acabarás como te digo, como el puto cura ese al que vas a ver a veces. Te lo juro Jack tío, si no terminas con alzacuellos, estarás vestidito de monaguillo mientras te da por el culo-
-Te daría una hostia si no fuera porque tengo que guardarmelos para esta noche- bufó -Me piro. Cerrad este puto sitio cuando estéis hartos de tocaros la polla el uno al otro- subió a la moto de mala gana y arrancó tras colocarse el casco, que le cubría por completo el rostro, de color negro
-Jacky- Dwyne se levantó y se acercó a él, con cierto aire paternal, quizá por ser el mayor -Déjalo ¿Vale? Ya sabes como es Jean- sonrió -Ten cuidado colega. No dejes que te hagan daño. Vuelve de una pieza- Jack asintió, apretó el puño de la moto y salió con el rugiente motor hacia la carretera, dejando a sus colegas a solas
-Está perdiendo el hilo, tío- dijo Jean abriéndose otra cerveza -Últimamente está más malhumorado que de costumbre y de verdad pienso que es ese cura. Cada vez se lleva peor con Megan y está separándonos. Joder, yo quiero que ella siga con nosotros-
-Hay que aceptarlo. Es jodido estar con tu ex rondando. Pensadlo. Nosotros somos de mente abierta, pero no cualquiera vería con buenos ojos este rollo que nos traemos con Megan- terció Reed
-Empezó ella. Ella tras cortar con Jack fue dando saltitos de uno a otro como una abeja recogiendo polen para hacer miel. Y no somos sus novios. Sólo son polvos esporádicos. Y no te hagas el santo Reed, tú has estado con ella también- se encogió de hombros Jean
-Yo sólo me he acostado con ella una vez... ¿Y tú Jean? ¿Y Dwyne? ¿Y Oliver?-
-Yo creo que cuatro o cinco- bebió Jean
-¿Seis?- trató de rememorar Dwyne, que por el tamaño y volumen de su físico era el más atractivo para una chica que buscaba poder físico. Tenía fama de ser una bestia
-Cuatro yo- añadió Oliver -Y recuerdo cada una de las veces. Es una fiera, una pantera. Y joder si está buena, me cago en Dios-
-Y que lo digas- rió Jean -Tiene un culo que... A cuatro patas es una delicia. Darle y ver cómo le botan las nalgas es...- se rascó el paquete -Tíos, me estoy poniendo cachondo. Ojalá no se hubiese ido-
-A mí me gusta que me monte. Soy muy de tetas y así se las puedo agarrar. Aunque a veces no sé de qué forma cogerlas para no perderlas de vista...- Dwyne parecía estar perdido en sus eróticos recuerdos
-¿Os estáis escuchando?- suspiró Reed. Oliver, que estaba a su lado, le pasó el brazo por los hombros
-Veeeeenga Reed, Jack no está ¡Y además le da igual! No la soporta, no sigas pensando que le importa Megan. Ya has visto que si por él fuera, no vendría más- dijo el joven acicalado
-A veces pienso y no sé qué es peor, si que nos la hayamos tirado o que hayamos votado porque siga viniendo contra la voluntad de Jack. Somos unos cabrones- reflexionó y los demás guardaron silencio respetuosamente. Sí, estaban de acuerdo, eran unos cabrones
-Pero es que está muy buena tío- insistió Jean y una vez más varió la conversación hacia la temática sexual. De nuevo estaban de acuerdo, eran unos cabrones, sí, pero Megan era demasiado sexy para dejarla marchar y perder la oportunidad de volver a follársela. Reed tuvo que asentir, a pesar de su remordimiento.
Al cabo de una hora, aquella noche, Jack ya estaba en el cuadrilátero, esperando que entrase su contrincante. Se encontraba descamisado, embrutecido por la rabia recordando a Megan y la actitud de Jean. Se sentía mal por Natalie. Y de Natalie varió a Rose ¿Por qué se acordó de Rose? Quizá por imaginársela en el taller con los paletos de sus amigos. La tratarían con amabilidad pero seguramente volarían sobre ella como moscas sobre la mierda. Era una chica bastante guapa, parecía agradable, aunque tímida. Tenía un color de ojos llamativo y una sonrisa atrapante cuando hablaba con Adam, como pudo ver en el rastrillo benéfico. Había algo en su vulnerabilidad que... -Jacky ¡Jacky!- Walter le llamaba con insistencia -¡Hijo! ¡Que te estoy hablando!- Jack meneó ligeramente la cabeza, ensimismado ¿Qué coño estaba haciendo? No podía distraerse -Escucha, chaval- le dijo Walter cuando se acercó a las cuerdas -Este tío es un demonio ¿Vale? Ten cuidado. No te esfuerces demasiado. Si ves que te calienta el morro de más, ríndete, dejate caer y que pase la cuenta. O tiraré la toalla-
-No vas a tirar nada- bufó Jack
-Esto no es una película de Rocky, capullo. No le llaman Devil por nada. Ya ha retirado a chicos más jóvenes que tú. Ha peleado en los campeonatos mundiales pero le expulsaron por ser demasiado brutal-
-Genial...- suspiró Jack para ver que el gigantón subía a la lona. Le sacaba una cabeza, era enorme en volumen, moreno y con pelo largo. Tenía aspecto de ser hawaiiano, haitiano, o algo similar -Helo ahí... el hijo del diablo-
-Ánimo chaval... las apuestas están contra ti, así que no temas perder. Te pagaré aunque pierdas. Te lo mereces por llegar hasta aquí. Te he cogido cierto cariño-
-Me conmueve...- se colocó el protector dental y sonó la campana.
El combate no fue demasiado largo. Jack y Devil intercambiaron golpes de forma simultanea, como dos robots prácticamente, autómatas programados para recibir y ofrecer daño físico al contrario. Jack consiguió encajar un buen par de golpes en los costados y en el rostro al enorme moreno, pero el tal Devil le ganaba en tamaño, de manera que el alcance de sus brazos y la potencia en los mismos eran mayores. Recibir un puñetazo de Devil era como ser golpeado por una rama que cae de un árbol. Bastaron un par de puñetazos para derribar a Jack, aunque éste recogió fuerzas para levantarse a pesar de la petición de Walter. Devil lo miraba con cierta admiración por echarle valor al asunto que los ocupaba. Walter había enseñado bien a Jack, lo suficiente al menos para tener un plan. Una táctica a la hora de un combate en la calle, en la lucha libre o en este caso la MMA era que al enfrentarse a un enemigo mayor en tamaño, la única forma de ganar era tirarlo al suelo y aprovechar la ventaja. Sucio, pero efectivo, sobretodo si la salud de uno estaba en juego. Jack optó por ese plan y placó las piernas de Devil, derribándolo. Se subió sobre él y comenzó a golpearle el rostro, castigándoselo con ahínco y furia. Fueron 9 sino 10 los golpes que recibió Devil, con el labio sangrante por los golpes, hasta que agarró la cabeza de Jack y le propició un cabezazo tal que le reventó una ceja, quitándoselo de encima. Aturdido, Jack rodó por el suelo. Devil fue ahora el que se posicionó sobre él -Mira...- le dijo entre susurros a pesar del griterío del público de mala fama que estaba observando -Admiro tu determinación. Eres el primero en mucho tiempo que me hace sangrar de esta forma- escupió sangre a la lona -Me caes bien...- sonrió con el protector enrojecido por la sangre -Pero tengo que ganar, a ti y a todos, lo siento, colega- y le golpeó. Cada golpe descargado, cada puño sobre la cabeza de Jack, era como un martillo golpeando un yunke en la forja de un herrero medieval. Con tres golpes, Jack quedó casi inconsciente. Sonó la campana. Walter había tirado la toalla.
Alrededor de 15 minutos pasaron hasta que Jack estuvo en condiciones de ponerse en pie, debido a las contusiones. Tenía la cara fatal y la sangre no dejaba de salir. Además le dolía uno de los brazos y no entendía bien por qué, ya que no le realizaron ninguna llave, sólo recibió golpes -¿Estás seguro de que vas a irte así, chaval?- dijo Walter preocupado, fumándose un puro
-He de volver... mi familia...-
-Tu familia se va a morir del disgusto, chico. Quédate aquí y diles que estás de fiesta con un amigo-
-No Walter... lo que menos me apetece es estar aquí. Estoy deseando echarme en la cama-
-A tu gusto campeón... ve con cuidado. Deberías ir andando y no en moto. Estás mareado-
-Sin mi moto...- rió -Sin mi moto no soy nadie. Sólo dejaré de montarme en ella cuando me maten o me enamore de verdad-
-Qué romántico para estar tan apelado como un saco de boxeo- sonrió Walter ante el humor de Jack a pesar de todo -Jacky... lo has hecho bien. Tienes talento. No te insistiré en irte a los campeonatos otra vez, pero te agradezco que no te rindas a la primera de cambio- le entregó un sobre con dinero -Te lo mereces después de todo-
-Esto es más de lo acordado- dijo contando el dinero -He perdido Walter- insistió Jack
-Que sí, que te han vapuleado como a un felpudo, pero me siento generoso hoy. Vete antes de que me arrepienta, anda...- le guiñó el ojo. Y así lo hizo. Jack se marchó con la cara partida, un brazo dislocado y unos buenos billetes en el bolsillo, pero no tenía la suficiente salud. Estuvo a punto de caerse un par de veces de la moto hasta que por cuestiones de azar, quizá, acabó acercándose cada vez más a la parroquia de Adam. Detuvo la motocicleta. Se bajó y se quitó el casco con gran dolor tras asegurarla. Anduvo dando ligeros tumbos hasta la puerta.
En ese preciso momento, Adam estaba acompañado a Rose hacia la puerta. La chica había recogido su bolso y andaba preocupada, dubitativa, debido a su padre, quien últimamente parecía estar demasiado apegado a los papeles y la mesa de su despecho, tanto en el banco como en su casa, como para hacerle el menor caso. Inclusive había dejado de acudir a la iglesia, cuando él se convirtió en un férreo diligente del rebaño cuando falleció la madre de Rose, habiendo hecho buenas migas con Adam -No te preocupes Rose, seguramente estará atravesando una época de estrés. Con el paso del tiempo los bancos cada vez se expanden más y más, cada vez hay más ricos y a su vez más pobres, se generan desigualdades en las economías de las familias, tiene cada vez más clientes de distinto calibre y...- suspiró -En resumidas cuentas, no debes preocuparte mujer. Todo irá bien. Estoy seguro de que...- Rose abrió la puerta mirando a Adam, y éste calló súbitamente al ver a Jack, con la cara sangrante y la mirada algo perdida -¿¡Jack!?-
-Necesito un vaso de agua, por favor...-
Minutos después, Adam acompañó al trastabillante Jack hasta una silla -Por el amor de Dios, muchacho ¿Se puede saber qué te ha pasado?- Jack, una vez sentado, miró a Adam y luego a Rose -Un pijo me quiso robar el dinero de la colecta...- dijo en tono jocoso aunque se dolía de la cabeza, sobre todo de la ceja, que le empapaba ligeramente el ojo y lo mantenía cerrado -Ella no vino a devolverme el favor- la señaló -No me protegió de su bote de laca y gomina. Mira lo que me ha hecho...-
-Búrlate. No cuentes qué te ha pasado si quieres, pero sea lo que sea, es serio. Te has hecho un buen daño y esto requerirá puntos. Deberías ir al hospital- regañó Adam
-No es más que un rasguño. Se curará. No pienso ir al hospital-
-Eres tan cabezón como tu tío- bufó -Afortunadamente para tí sé suturar un poco...- estuvo en el ejército a fin de cuentas -Voy a ver qué tengo por aquí...- buscó en una pequeña caja de botiquín algodones, alcohol y mercromina. Empapó el algodón con alcohol y comenzó a aplicárselo a Jack, que rugió como un león furioso -No seas infantil. Es alcohol sólamente. Seguro que bebes más de lo que te estoy aplicando-
-No me conoces y me juzgas... apenas bebo alcohol, Adam- suspiró
-Lo que tú digas. Tus amistades no me inspiran que seas demasiado diferente a ellos...- suspiró también -No deberías de ser tan cafre...- al ver que la herida no terminaba de cortar la sangre, Adam se dispuso a ir a por la sutura que tenía para emergencias. Esperaba tener suficiente
-También me duele el brazo, creo que me lo he dislocado- añadió al asunto Jack
-Vaya por Dios... intentaré arreglarlo también. Espera aquí... ¿Rose? ¿Te importaría aplicarle alcohol y secarle la herida mientras vengo? No tardaré- le entregó el algodón a la chica y la pequeña botellita de cristal rellena de alcohol desinfectante de alta graduación. La muchacha se quedó perpleja mirando a Jack y al algodón, consecutivamente
-Se agarra con suavidad y se aplica sobre la herida a desinfectar con suaves toquecitos, por la parte empapada de alcohol- se mofó, con media sonrisa pícara, a pesar de que sus ojos denotaban un terrible cansancio. Rose suspiró y alegó saber cómo se hacía. Con sumo cuidado empapó el algodón y con suma lentitud fue a aplicarlo. Al ver que tardaba más de la cuenta y le temblaba un poco la mano, quizá asustada de que Jack le gruñese, el chico le tomó la mano con suavidad y se la llevó a la herida. Siseó ligeramente por el escozor y le soltó la mano a Rose -No te voy a morder...- le aclaró con aire comprensivo -No tienes que temer de mí- la mano de Jack resultaba dura al tacto, aunque cálida. El ambiente olía a una mezcla de desinfectante y gasolina, y algo de humo de tabaco que Jack traía impregnado del local donde las peleas -Así que... Rose...- ella trataba de no mirarle a los ojos, concentrada en su labor, mordiéndose la lengua con suavidad para no hacerle daño y ganarse una regañina de un tipo con malas pintas -Lo haces muy bien, mejor que él desde luego- cerró un poco los ojos. El extremo cuidado de la chica hacía que no escociese tanto. De pronto escucharon el teléfono sonar. Objetos cayeron al suelo. Pasos apresurados. Adam contestó al teléfono y su voz sonó pesada. La señora Dogherty. Rose ya la conocía. Adam le había hablado de ella. Una señora ultrareligiosa que todo consideraba pecado. Por lo que Adam hablaba, intentaba tranquilizarla y convencerla de que tropezar con un vecino en la escalera no era pecado de lujuria y no se quedaría embarazada. Era una señora bastante mayor, bastante ignorante, y algo tonta en el buen sentido. Inocencia en su máximo sentido. Daba una dulce pena y por ello Adam siempre la atendía a pesar de lo pesada que era -Creo que vamos a tener que esperar un poco ¿Eh?...- sonrió -Deberiamos presentarnos formalmente. Me llamo Jack ¿Y tú?- ella ya sabía su nombre y él el suyo, pero aún así sabía que era cuestión de modales. Se presentó oficialmente como Rose -Encantado de conocerte Rose. Te llevo viendo unos... auch, auch- la chica se disculpó -No pasa nada- amplió la media sonrisa -Te llevo viendo, como te decía, unos cuantos días cuando vengo... ¿Siempre estás aquí?- ella asintió -¿No tienes más amigos a parte de Adam?- ella no respondió, nada en absoluto -Vaya... ¿Te apetecería salir a dar una vuelta conmigo mañana al caer el sol?- la pregunta la desarmó como si la estuviese apuntando con una pistola.
-¿Que me he pasado?- Jack le miró furioso -¿¡Que me he pasado!?-
-Eh... no la pagues conmigo- alzó una mano en señal de paz -Sólo digo-
-Creo que olvidais el hecho de que por mucho que seamos colegas y una banda, ESTE LUGAR- inquirió alzando la voz y señalando al suelo -es MI PUTO TALLER- su aclaración creó un eco en el silencio -Puedo decidir quién coño entra y quién no ¿Estamos? Y si ella sigue viniendo es por vosotros, porque la queréis en el equipo, porque os cae bien y por otras razones que ya me sé- comentó para no echar más leña al fuego, viendo la cara de disgusto de la pobre Natalie -Y os miro a todos en este aspecto, no sólo a Jean-
-Se supone que no te molesta, o no te molestaba- añadió Dwyne, mirando la botella vacía que Megan le había dado y lanzándola a la basura con puntería certera -No es tu chica ya y si a ella le apetece echar un polvo y a ti te da igual... ¿Por qué no debería irme con ella a la cama?-
-A la cama o a esta mesa de trabajo. Lo sé, Dwyne. Sé que la mayoría de las veces os la habéis tirado aquí- inquirió Jack con el ceño fruncido. Fue en ese momento cuando Natalie definitivamente informó de que iba a marcharse. Estaba incómoda, muchísimo -Lo siento mucho Nat- concluyó Jack con un suspiro, a lo que ella respondió con otro más apesadumbrado y cargado
-No te vayas nena. Ha sido un altercado de nada. Ella ya se ha ido. Quédate y divirtámonos- insistió Jean. Ella en seguida recalcó que no, que necesitaba marcharse -Bueno... déjame acercarte- de nuevo, una negativa. No, no tenía intención. Buscaría un taxi. No tenía ganas de estar con ninguno de ellos y menos con Jean. Se sentía engañada, se sentía frustrada, se sentía humillada. No pretendía volver a verlos, a ninguno de ellos. No era... su lugar. De tal modo, recogió su bolso y su abrigo y echó a andar sin tan siquiera decir adiós. Parecía ser que Jack y Reed eran los únicos que no la miraron irse con cara de bobos sorprendidos. Eran los únicos que la entendían -Espero que estés contento cabronazo ¡Me has jodido el polvo!- gruñó Jean, dando una patada al sofá
-Vuelve a soltar una patada Jean y te meto el zapato en la boca-
-¿Tú y qué ejército?-
-Haya paz tíos- dijo Reed entonces, cruzado de brazos en el segundo sofá -Somos colegas. No nos peleamos por un coño- decía sobretodo a Jean -Creía que teníamos esa lección aprendida-
-Pues recuérdasela a Jack, que ahora nos echa en cara habernos liado con Megan-
-No estoy echando nada en cara- gruñó, poniéndose en pie y recogiendo la chaqueta de cuero -Sólo recalco que si sigue viniendo es porque la seguís consintiendo. Os basta que menee el culo para teneros contentos. Os levanta la polla con un vistazo al escote y correis a ponerla a cuatro patas o la colgais de la pared como si fuese un cuadro. A mi me la suda completamente, como si os montáis una orgía y le teñís el pelo con vuestras corridas pero yo no pienso aguantarla. Si la dejé fue por una razón y no va cambiar. Aquí mando yo- terminó por aclarar, hablando de forma más sosegada -Espero que lo recordéis. Somos colegas, somos hermanos, y nuestra amistad está antes que cualquier par de piernas, como bien dice Reed- Reed asentía desde su asiento -Espero que lo tengáis todos claro porque Jean, no sé si te has dado cuenta de que has dejado a Natalie a la completa merced de una víbora como Megan. No está al nivel. Natalie es una buena chica y Megan está tan harta de chupar pollas que no sólo habrá tragado esperma sino maldad de a quien coño se esté follando para tener el dinero que tiene últimamente. Todos sabemos que no es trigo limpio. Se está ensuciando las manos más de lo que debería-
-¿Qué tiene que ver lo que esté haciendo Meg con su vida? Además Nat estaba bien. Ha sido tu jerigonza del follárnosla lo que ha espantado a Natalie- se quejó Jean de mala gana
-No tienes ni puta idea de lo que te rodea ¿Verdad Jean?- Jack recogió el casco y las llaves
-¿Y tú sí? Megan ha sido tu primera piva y desde entonces no te he visto con ninguna ¿Vas a hablarme a mí de mujeres? ¿Tú? Acabarás como te digo, como el puto cura ese al que vas a ver a veces. Te lo juro Jack tío, si no terminas con alzacuellos, estarás vestidito de monaguillo mientras te da por el culo-
-Te daría una hostia si no fuera porque tengo que guardarmelos para esta noche- bufó -Me piro. Cerrad este puto sitio cuando estéis hartos de tocaros la polla el uno al otro- subió a la moto de mala gana y arrancó tras colocarse el casco, que le cubría por completo el rostro, de color negro
-Jacky- Dwyne se levantó y se acercó a él, con cierto aire paternal, quizá por ser el mayor -Déjalo ¿Vale? Ya sabes como es Jean- sonrió -Ten cuidado colega. No dejes que te hagan daño. Vuelve de una pieza- Jack asintió, apretó el puño de la moto y salió con el rugiente motor hacia la carretera, dejando a sus colegas a solas
-Está perdiendo el hilo, tío- dijo Jean abriéndose otra cerveza -Últimamente está más malhumorado que de costumbre y de verdad pienso que es ese cura. Cada vez se lleva peor con Megan y está separándonos. Joder, yo quiero que ella siga con nosotros-
-Hay que aceptarlo. Es jodido estar con tu ex rondando. Pensadlo. Nosotros somos de mente abierta, pero no cualquiera vería con buenos ojos este rollo que nos traemos con Megan- terció Reed
-Empezó ella. Ella tras cortar con Jack fue dando saltitos de uno a otro como una abeja recogiendo polen para hacer miel. Y no somos sus novios. Sólo son polvos esporádicos. Y no te hagas el santo Reed, tú has estado con ella también- se encogió de hombros Jean
-Yo sólo me he acostado con ella una vez... ¿Y tú Jean? ¿Y Dwyne? ¿Y Oliver?-
-Yo creo que cuatro o cinco- bebió Jean
-¿Seis?- trató de rememorar Dwyne, que por el tamaño y volumen de su físico era el más atractivo para una chica que buscaba poder físico. Tenía fama de ser una bestia
-Cuatro yo- añadió Oliver -Y recuerdo cada una de las veces. Es una fiera, una pantera. Y joder si está buena, me cago en Dios-
-Y que lo digas- rió Jean -Tiene un culo que... A cuatro patas es una delicia. Darle y ver cómo le botan las nalgas es...- se rascó el paquete -Tíos, me estoy poniendo cachondo. Ojalá no se hubiese ido-
-A mí me gusta que me monte. Soy muy de tetas y así se las puedo agarrar. Aunque a veces no sé de qué forma cogerlas para no perderlas de vista...- Dwyne parecía estar perdido en sus eróticos recuerdos
-¿Os estáis escuchando?- suspiró Reed. Oliver, que estaba a su lado, le pasó el brazo por los hombros
-Veeeeenga Reed, Jack no está ¡Y además le da igual! No la soporta, no sigas pensando que le importa Megan. Ya has visto que si por él fuera, no vendría más- dijo el joven acicalado
-A veces pienso y no sé qué es peor, si que nos la hayamos tirado o que hayamos votado porque siga viniendo contra la voluntad de Jack. Somos unos cabrones- reflexionó y los demás guardaron silencio respetuosamente. Sí, estaban de acuerdo, eran unos cabrones
-Pero es que está muy buena tío- insistió Jean y una vez más varió la conversación hacia la temática sexual. De nuevo estaban de acuerdo, eran unos cabrones, sí, pero Megan era demasiado sexy para dejarla marchar y perder la oportunidad de volver a follársela. Reed tuvo que asentir, a pesar de su remordimiento.
Al cabo de una hora, aquella noche, Jack ya estaba en el cuadrilátero, esperando que entrase su contrincante. Se encontraba descamisado, embrutecido por la rabia recordando a Megan y la actitud de Jean. Se sentía mal por Natalie. Y de Natalie varió a Rose ¿Por qué se acordó de Rose? Quizá por imaginársela en el taller con los paletos de sus amigos. La tratarían con amabilidad pero seguramente volarían sobre ella como moscas sobre la mierda. Era una chica bastante guapa, parecía agradable, aunque tímida. Tenía un color de ojos llamativo y una sonrisa atrapante cuando hablaba con Adam, como pudo ver en el rastrillo benéfico. Había algo en su vulnerabilidad que... -Jacky ¡Jacky!- Walter le llamaba con insistencia -¡Hijo! ¡Que te estoy hablando!- Jack meneó ligeramente la cabeza, ensimismado ¿Qué coño estaba haciendo? No podía distraerse -Escucha, chaval- le dijo Walter cuando se acercó a las cuerdas -Este tío es un demonio ¿Vale? Ten cuidado. No te esfuerces demasiado. Si ves que te calienta el morro de más, ríndete, dejate caer y que pase la cuenta. O tiraré la toalla-
-No vas a tirar nada- bufó Jack
-Esto no es una película de Rocky, capullo. No le llaman Devil por nada. Ya ha retirado a chicos más jóvenes que tú. Ha peleado en los campeonatos mundiales pero le expulsaron por ser demasiado brutal-
-Genial...- suspiró Jack para ver que el gigantón subía a la lona. Le sacaba una cabeza, era enorme en volumen, moreno y con pelo largo. Tenía aspecto de ser hawaiiano, haitiano, o algo similar -Helo ahí... el hijo del diablo-
-Ánimo chaval... las apuestas están contra ti, así que no temas perder. Te pagaré aunque pierdas. Te lo mereces por llegar hasta aquí. Te he cogido cierto cariño-
-Me conmueve...- se colocó el protector dental y sonó la campana.
El combate no fue demasiado largo. Jack y Devil intercambiaron golpes de forma simultanea, como dos robots prácticamente, autómatas programados para recibir y ofrecer daño físico al contrario. Jack consiguió encajar un buen par de golpes en los costados y en el rostro al enorme moreno, pero el tal Devil le ganaba en tamaño, de manera que el alcance de sus brazos y la potencia en los mismos eran mayores. Recibir un puñetazo de Devil era como ser golpeado por una rama que cae de un árbol. Bastaron un par de puñetazos para derribar a Jack, aunque éste recogió fuerzas para levantarse a pesar de la petición de Walter. Devil lo miraba con cierta admiración por echarle valor al asunto que los ocupaba. Walter había enseñado bien a Jack, lo suficiente al menos para tener un plan. Una táctica a la hora de un combate en la calle, en la lucha libre o en este caso la MMA era que al enfrentarse a un enemigo mayor en tamaño, la única forma de ganar era tirarlo al suelo y aprovechar la ventaja. Sucio, pero efectivo, sobretodo si la salud de uno estaba en juego. Jack optó por ese plan y placó las piernas de Devil, derribándolo. Se subió sobre él y comenzó a golpearle el rostro, castigándoselo con ahínco y furia. Fueron 9 sino 10 los golpes que recibió Devil, con el labio sangrante por los golpes, hasta que agarró la cabeza de Jack y le propició un cabezazo tal que le reventó una ceja, quitándoselo de encima. Aturdido, Jack rodó por el suelo. Devil fue ahora el que se posicionó sobre él -Mira...- le dijo entre susurros a pesar del griterío del público de mala fama que estaba observando -Admiro tu determinación. Eres el primero en mucho tiempo que me hace sangrar de esta forma- escupió sangre a la lona -Me caes bien...- sonrió con el protector enrojecido por la sangre -Pero tengo que ganar, a ti y a todos, lo siento, colega- y le golpeó. Cada golpe descargado, cada puño sobre la cabeza de Jack, era como un martillo golpeando un yunke en la forja de un herrero medieval. Con tres golpes, Jack quedó casi inconsciente. Sonó la campana. Walter había tirado la toalla.
Alrededor de 15 minutos pasaron hasta que Jack estuvo en condiciones de ponerse en pie, debido a las contusiones. Tenía la cara fatal y la sangre no dejaba de salir. Además le dolía uno de los brazos y no entendía bien por qué, ya que no le realizaron ninguna llave, sólo recibió golpes -¿Estás seguro de que vas a irte así, chaval?- dijo Walter preocupado, fumándose un puro
-He de volver... mi familia...-
-Tu familia se va a morir del disgusto, chico. Quédate aquí y diles que estás de fiesta con un amigo-
-No Walter... lo que menos me apetece es estar aquí. Estoy deseando echarme en la cama-
-A tu gusto campeón... ve con cuidado. Deberías ir andando y no en moto. Estás mareado-
-Sin mi moto...- rió -Sin mi moto no soy nadie. Sólo dejaré de montarme en ella cuando me maten o me enamore de verdad-
-Qué romántico para estar tan apelado como un saco de boxeo- sonrió Walter ante el humor de Jack a pesar de todo -Jacky... lo has hecho bien. Tienes talento. No te insistiré en irte a los campeonatos otra vez, pero te agradezco que no te rindas a la primera de cambio- le entregó un sobre con dinero -Te lo mereces después de todo-
-Esto es más de lo acordado- dijo contando el dinero -He perdido Walter- insistió Jack
-Que sí, que te han vapuleado como a un felpudo, pero me siento generoso hoy. Vete antes de que me arrepienta, anda...- le guiñó el ojo. Y así lo hizo. Jack se marchó con la cara partida, un brazo dislocado y unos buenos billetes en el bolsillo, pero no tenía la suficiente salud. Estuvo a punto de caerse un par de veces de la moto hasta que por cuestiones de azar, quizá, acabó acercándose cada vez más a la parroquia de Adam. Detuvo la motocicleta. Se bajó y se quitó el casco con gran dolor tras asegurarla. Anduvo dando ligeros tumbos hasta la puerta.
En ese preciso momento, Adam estaba acompañado a Rose hacia la puerta. La chica había recogido su bolso y andaba preocupada, dubitativa, debido a su padre, quien últimamente parecía estar demasiado apegado a los papeles y la mesa de su despecho, tanto en el banco como en su casa, como para hacerle el menor caso. Inclusive había dejado de acudir a la iglesia, cuando él se convirtió en un férreo diligente del rebaño cuando falleció la madre de Rose, habiendo hecho buenas migas con Adam -No te preocupes Rose, seguramente estará atravesando una época de estrés. Con el paso del tiempo los bancos cada vez se expanden más y más, cada vez hay más ricos y a su vez más pobres, se generan desigualdades en las economías de las familias, tiene cada vez más clientes de distinto calibre y...- suspiró -En resumidas cuentas, no debes preocuparte mujer. Todo irá bien. Estoy seguro de que...- Rose abrió la puerta mirando a Adam, y éste calló súbitamente al ver a Jack, con la cara sangrante y la mirada algo perdida -¿¡Jack!?-
-Necesito un vaso de agua, por favor...-
Minutos después, Adam acompañó al trastabillante Jack hasta una silla -Por el amor de Dios, muchacho ¿Se puede saber qué te ha pasado?- Jack, una vez sentado, miró a Adam y luego a Rose -Un pijo me quiso robar el dinero de la colecta...- dijo en tono jocoso aunque se dolía de la cabeza, sobre todo de la ceja, que le empapaba ligeramente el ojo y lo mantenía cerrado -Ella no vino a devolverme el favor- la señaló -No me protegió de su bote de laca y gomina. Mira lo que me ha hecho...-
-Búrlate. No cuentes qué te ha pasado si quieres, pero sea lo que sea, es serio. Te has hecho un buen daño y esto requerirá puntos. Deberías ir al hospital- regañó Adam
-No es más que un rasguño. Se curará. No pienso ir al hospital-
-Eres tan cabezón como tu tío- bufó -Afortunadamente para tí sé suturar un poco...- estuvo en el ejército a fin de cuentas -Voy a ver qué tengo por aquí...- buscó en una pequeña caja de botiquín algodones, alcohol y mercromina. Empapó el algodón con alcohol y comenzó a aplicárselo a Jack, que rugió como un león furioso -No seas infantil. Es alcohol sólamente. Seguro que bebes más de lo que te estoy aplicando-
-No me conoces y me juzgas... apenas bebo alcohol, Adam- suspiró
-Lo que tú digas. Tus amistades no me inspiran que seas demasiado diferente a ellos...- suspiró también -No deberías de ser tan cafre...- al ver que la herida no terminaba de cortar la sangre, Adam se dispuso a ir a por la sutura que tenía para emergencias. Esperaba tener suficiente
-También me duele el brazo, creo que me lo he dislocado- añadió al asunto Jack
-Vaya por Dios... intentaré arreglarlo también. Espera aquí... ¿Rose? ¿Te importaría aplicarle alcohol y secarle la herida mientras vengo? No tardaré- le entregó el algodón a la chica y la pequeña botellita de cristal rellena de alcohol desinfectante de alta graduación. La muchacha se quedó perpleja mirando a Jack y al algodón, consecutivamente
-Se agarra con suavidad y se aplica sobre la herida a desinfectar con suaves toquecitos, por la parte empapada de alcohol- se mofó, con media sonrisa pícara, a pesar de que sus ojos denotaban un terrible cansancio. Rose suspiró y alegó saber cómo se hacía. Con sumo cuidado empapó el algodón y con suma lentitud fue a aplicarlo. Al ver que tardaba más de la cuenta y le temblaba un poco la mano, quizá asustada de que Jack le gruñese, el chico le tomó la mano con suavidad y se la llevó a la herida. Siseó ligeramente por el escozor y le soltó la mano a Rose -No te voy a morder...- le aclaró con aire comprensivo -No tienes que temer de mí- la mano de Jack resultaba dura al tacto, aunque cálida. El ambiente olía a una mezcla de desinfectante y gasolina, y algo de humo de tabaco que Jack traía impregnado del local donde las peleas -Así que... Rose...- ella trataba de no mirarle a los ojos, concentrada en su labor, mordiéndose la lengua con suavidad para no hacerle daño y ganarse una regañina de un tipo con malas pintas -Lo haces muy bien, mejor que él desde luego- cerró un poco los ojos. El extremo cuidado de la chica hacía que no escociese tanto. De pronto escucharon el teléfono sonar. Objetos cayeron al suelo. Pasos apresurados. Adam contestó al teléfono y su voz sonó pesada. La señora Dogherty. Rose ya la conocía. Adam le había hablado de ella. Una señora ultrareligiosa que todo consideraba pecado. Por lo que Adam hablaba, intentaba tranquilizarla y convencerla de que tropezar con un vecino en la escalera no era pecado de lujuria y no se quedaría embarazada. Era una señora bastante mayor, bastante ignorante, y algo tonta en el buen sentido. Inocencia en su máximo sentido. Daba una dulce pena y por ello Adam siempre la atendía a pesar de lo pesada que era -Creo que vamos a tener que esperar un poco ¿Eh?...- sonrió -Deberiamos presentarnos formalmente. Me llamo Jack ¿Y tú?- ella ya sabía su nombre y él el suyo, pero aún así sabía que era cuestión de modales. Se presentó oficialmente como Rose -Encantado de conocerte Rose. Te llevo viendo unos... auch, auch- la chica se disculpó -No pasa nada- amplió la media sonrisa -Te llevo viendo, como te decía, unos cuantos días cuando vengo... ¿Siempre estás aquí?- ella asintió -¿No tienes más amigos a parte de Adam?- ella no respondió, nada en absoluto -Vaya... ¿Te apetecería salir a dar una vuelta conmigo mañana al caer el sol?- la pregunta la desarmó como si la estuviese apuntando con una pistola.
martes, 28 de marzo de 2017
-Si, si. No te preocupes- respondió con rapidez, llevándose los cabellos tras la oreja, una vez había comprobado que la caja de la colecta estaba intacta -Sé quien era. Lo imaginé. A veces llega a la iglesia gente con esa condición, buscando un poco de consuelo, comida... ya sabes- informó algo más tranquila. -Gracias de todas formas. Me había puesto algo nerviosa- sonrió sintiendose estúpida. Mientras ella se había quedado paralizada, él había actuado como si nada, casi -Aunque no creo que los golpes que le has dado sean...- antes de terminar de hablar, Adam se abrió paso hacia el lugar en el que ambos jóvenes estaban, algo nervioso y acelerado. Había visto a aquel hombre salir rápido e imaginó que algo había pasado. Sin embargo, no dijo más. Miró a Jack y después a la chica. Terminó de imaginar él solo la historia antes de que ellos la contaran -No pasa nada Adam. Sólo buscaba dinero. Jack me ha ayudado- comentó sin darse cuenta de que había confesado saber el nombre de aquel joven sin darse cuenta. Cayó en la cuenta un poco tarde. -¿Eres Jack, no?- preguntó, intentando arreglar lo ya hecho -Sé que también vienes a ver a Adam a veces- se explicó hasta donde pudo, pues el párroco, intervino rápidamente para preguntar si estaba bien -Si, de verdad. No ha pasado nada malo- suspiró -Si al menos hubiese pedido el dinero en condiciones, explicándome para qué lo necesitaba...- Jack alargó media sonrisa, expresando algo similar a un bufido. ¿Para qué quiere un yonkie dinero? -Ya, ya... es solo que... bueno... pensaba que...- una vez más, la chica se sintió estúpida junto a aquel joven. Por suerte, esta vez no estaba sola para contrarrestarlo. Adam se excusó por ella, alegando que solo estaba intentando ser solidaria. Rose miró para otro lado. -Adam, te dejo a ti mejor la caja. Voy fuera, antes de que esas mujeres entren en bandada en tu búsqueda para preguntar cuanto cuestan mi par de medias- bromeó, intentando quitarle hierro al asunto. Tras darle la caja al hombre, se dirigió hacia la salida. -Adiós- y esa despedida solo era para Jack.
El domingo transcurrió sin mayores preocupaciones, para ventaja de los voluntarios. El mercadillo había funcionado tan bien como se esperaba. Se vendió mucho ropa, más que libros. Los ingresos para la iglesia fueron bienvenidos, tan agradecidos, que Adam y Rose ya fantaseaban en qué lo podría emplear. Las ideas versaban sobre un pequeño comedor instalado en una de las salas vacías de los pasillos de la iglesia, o sencillamente, una compra generosa de medicamentos para quien los necesitase. El próximo mes sin duda, los objetivos de la iglesia podrían cumplirse. Por ello, Adam agradeció encarecidamente el trabajo prestado por todos aquellos quienes habían querido formar parte del mercadillo aquel domingo. Todos, incluido Jack. El joven de ropajes oscuros había pasado toda la mañana trabajando codo con codo con el párroco mientras fumaba de vez en cuando, y a Rose, eso no se le había pasado por alto. Por ello, cuando todos se marcharon y Rose fue la última en quedarse para devolver uno de los libros que hacía cinco días le prestó el párroco, no pudo evitar contener su lengua. -Ese Jack... ¿Suele venir mucho?- preguntó curiosa mientras colocaba el ejemplar en la estantería. Por el rabillo del ojo, percibió la mirada del hombre. -Le he visto varias veces, pero me preguntaba si se pasaba por aquí tanto como yo- Adam sonrió. Tanto como lo hacía ella, no le visitaba nadie. Aquel comentario hizo que ella sonriese -Bien, bien. Sigo conservando el premio a la más pesada- tras colocar el libro, bajó del pequeño taburete y lo apartó a un lado -¿Es amigo tuyo? ¿O solo alguien muy afligido?- El hombre se rascó la barbilla, pues no sabía contestar. Más bien, era el familiar de un amigo que sí que estaba afligido por él -Oh... - Adam arqueó una ceja -Es que... me extrañaba ¿Sabes? Soy la primera que procuro no juzgar a las personas. Pero él, con esa ropa, la barba y... no sé. Ese físico de personas que no van normalmente a misa, me desconcertaba- el párroco suspiró ante aquel comentario. ¿A caso insinuaba que él no tenía cabida en aquella casa sagrada? -No, no digo eso- comentó ofendida -Mi padre dice que esta nueva juventud, tan rebelde y oscura, promueve dictámenes contrarios a los que predica la iglesia. Lo mismo hacen esas canciones nuevas que tanto escuchan. Pensaba que eso era así.- tras decir aquello, la chica se quedó en silencio con los brazos cruzados. Se dejó caer contra la estantería, que por suerte, estaba bien sujeta a la pared. El hombre, tras terminar de recoger las cajas vacías, se quedó mirándola a los ojos. Aseguró que su padre también creía que estando en casa o en la iglesia sin hacer nada, Rose llegaría a ser una mujer de provecho. -No es exactamente lo que dice, pero...- se mordió el labio. Pensó en sus libros, en esos que su padre desconocía. -Vale, si. Es justamente eso lo que dice- bufó. -Pero no le juzgues. Yo no te juzgo a ti por estar todo el día aquí encerrado sin hacer otra cosa más que pensar- se burló -Debes estar agradecido, muy agradecido de mi presencia- le señaló. Él alegó, que en todo caso, debía estar muy agradecido de que sus amistades ya hubiesen tomado un rumbo más familiar. Si no fuera porque todas las amigas de Rose estaban casadas y esperando hijos, ella no estaría allí. -Que cruel eres ¡Claro que estaría! Lo hacía incluso cuando Betty estaba soltera- gruñó -Mi madre lo hacía, y yo lo haré. Me gusta ayudar, sentirme útil. Es en lo único en lo que mi padre no tiene quejas y estoy segura de que a mi madre le hubiese gustado... esto- terminó por decir, en un hilo de voz. Rápidamente, Adam llevó una mano al hombro de la chica, tan amplai y reconfortante como siempre. Le preguntó si estaba bien. No si estaba bien como estado físico, sino de ánimos, unos ánimos especiales que ya él conocía -Claro, está superado. No más bajones, ya lo sabes- sonrió -Pero no creo que sea pecado recordarla- el hombre negó con la cabeza, satisfecho con aquella actitud positiva que había sabido arraigar al alma de la muchacha. -Se hace tarde. Brigitte debe tener servido el almuerzo ya. Te preguntaría si querrías venir a almorzar a casa, pero como siempre dices que no, paso de tu hambre ya- bromeó, imitando la jerga y la forma de hablar de la juventud hedonista y rebelde -Nos vemos a las 6. Intentaré traer a mi padre a la misa, pero no prometo nada- Adam asintió, y con un saludo de manos, se despidieron. Rose entró en su coche, y por defecto, un leve olor a gasolina impregnó sus sentidos. Esta vez, ese olor le recordó a Jack.
Aquella misma noche de domingo, mientras Rose salía acompañada de Brigitte de la iglesia, sin su padre, al otro lado de Ace City, el humo del tabaco impregnaba el ambiente de aquel humilde taller. Reunidos estaban una vez más aquel grupo de amigos, burlándose de los sermones eclesiásticos y hablando sobre temas mucho más banales incluso. Y eso, era algo que Megan imaginaba. Por ello, ataviada con un pantalón oscuro ceñido y una chaqueta de cuero con una cremallera tan plateada como sus enormes pendientes, se dejó caer en el lugar, como si los demás no supiesen que su aparición había sido de los más casual -¡Ey!- dijo nada más entrar. Ante su aparición, los hombres, casi todos, vitorearon su llegada. Se preguntaban donde había estado tanto tiempo, dado que hacía semanas que no pasaba una buena noche con los amigos. Sobretodo Jean, quien esa noche tenía a una mujer joven sentada en su regazo -Moviéndome por las altas esferas, cariño- sonrió Megan juguetona, consiguiendo un sitio en uno de los sillones esparcidos al fondo del local. -¿Bebidas? Una cerveza- Dwyne abrió la chapa del botellín que había pedido con la única fuerza de su pulgar, para después cedérsela a la chica, que bebió el primer trago como si llevase todo el día deshidratada. -¿Y quien es ésta chica? ¿Me estáis reemplazando?- preguntó con fingido tono dramático, pero algo venenoso.
-Natalie-
-Que nombre tan fino- sonrió forzadamente. -¿Cuanto lleva aquí?-
-Un par de noches- comentó la chica, intentando ser lo más amable que su pequeña embriaguez le permitía. Se había dado cuenta de que por alguna razón, Megan preguntaba a los demás, pero no directamente a ella.
-Oh, así que eres una pipiola en el club. Que suerte. Eres la segunda mujer que entra en este taller. Yo fui la primera- volvió a mostrar aquella sonrisa. Los hombres se miraron entre sí ¿Que estaba pasando? Megan se estiró en el sofá, como si fuese el de su propia casa, como si quisiera mostrar la tranquilidad de estar en un lugar demasiado familiar para ella, demasiado personal, demasiado suyo. Natalie la miró con cada vez peor rostro. -Entonces ¿Tu y Jean...?- preguntó de repente. Natalie miró a Jean y Jean a Natalie. Ambos negaron con la cabeza.
-Soy una amiga, nada más. No me gustan los rollos serios. Ya me entiendes-
-Ah, yo fui pareja de Jack- sonrió, marcando un poco más su terreno. -Pero a mi tampoco me gustan los rollos serios. Por eso... aquí nos hemos enrollado todos, ya sabes. Las ganas y las horas juntos... a la cama llevan- se mordió el labio, triunfadora. -Haces bien, tía. Jean es un capullo, olvida las seriedades con él. Un par de polvos y le mantienes a ralla, así se hace con él- añadió mas leña al fuego.
-Si, ya...- Jean quiso intervenir. Se quitó a Natalie de las rodillas y, admitiendo que hacía un poco de calor, sugirió irse fuera un rato. -¿Calor, Jean? Hace frío. Además, no he traído ropa de abrigo-
-Es verdad, vas muy desabrigada, chica.- miró a su escote tan pronunciado -Por cierto, yo tengo esa camiseta. Bueno, la tenía cuando tenía dieciocho, las movidas de aquella época y eso... es demasiado colorida para mí ahora. Aunque... a mi me quedaba más ancha-
-¿Me estas llamando gorda?- Natalie no aguantó la pregunta. Megan empezaba a sacarla de quicio y por eso la encaró. Los demás, no quisieron ni intervenir. Y Megan, solo pudo reirse.
-¡Que va! Solo te estoy intentando caer bien, para que seamos amigas-
-¡Y una mierda! ¡¿De que cojones vas tú?!-
-¡¿De que estas hablando?!-
-¡¿Como que de qué?! ¡No paras de lanzarme indirectas desde que has llegado!
-¡Si te das por aludida, no es mi problema! ¡Tu sabrás si te sienta mal o te pone celosa algo de lo que te he dicho. Las cosas aquí son así-
-¡¿Y tu quien eres?! ¡¿La reina del taller?!-
-¡Alguien que lleva aquí más tiempo que tú!-
-¡¿Y a mi que cojones me importa eso?! ¡Eso no te da derecho a ser una hija de puta!-
-¡Encima me insultas, puta borracha!- En ese momento, ambas mujeres hubiesen llegado a las manos, de no ser porque Reed y Dwyne intervinieron, sujetando ambos a cada mujer. -¡¿A quien mierdas os estáis buscando para follar, capullos?! ¡Hay mujeres mejores que ésta!-
-¡¿Ah si?! ¡¿Mujeres como tú?! ¡¿Mujeres como tú que se tiran a viejos por sacarle los cuartos?!- aquella sugerencia, fue la gota que colmó el vaso.
-¡¡¡Jean!!! ¡¿Que coño le has contado a esta?!- Jean alzó las manos, asegurando que nada más lejos de aquello, y que solo había hecho para divertirse, nada más. -¡¿Divertiros?! ¡Echad a esta puta de aquí! ¡¡¡Ya!!!-
Ante los gritos, la voz de Jack se alzó, quien había estado callado todo el tiempo. Dijo que no. Natalie no se iría. Megan, que había estado evitando mirarle toda la noche por su propio interés, lo hizo por primera vez. Y su rostro, pasó de estar sorprendido, a ser sumamente dócil. -Jack... ¿Que pasa? ¿Por que no quieres que esta tía se vaya? Me ha insultado- El hombre bufó, alegando que se habían insultado mutuamente. -Pero... ¿Te da igual?- él asintió, provocando un enorme recelo en el interior de la mujer, que hizo un gesto con la cabeza para echar hacia atrás sus rizos rojos, en señal de orgullo, de que no podía lamentarse por la actitud del hombre. Sin embargo, no todo quedó ahí. De malos modos, pidió que la que se fuese fuera Megan. Ésta, le desafió con la mirada. A Jack no le daba la gana que ella ordenase en su taller, en el local que era de su propiedad. Ella no era la reina, la dueña ni nada por el estilo de aquel sitio. Y por ello, no pensaba ni por asomo echar a la compañera de un amigo de allí. Ella era la invitada, no Natalie. -¿Estas seguro de lo que estas diciendo, Jack?- él asintió. -Entonces me iré. Pero porque me lo pides tu, no por los caprichos de esta puta- terminó por decir. Se bebió el botellín de cerveza por completo y se lo cedió a Dwyne. -Ya nos veremos... en otra ocasión- comentó, recogiendo de nuevo ese tono juguetón, para salir por donde había entrado.
En el fondo, había ganado, y ella lo sabía.
El domingo transcurrió sin mayores preocupaciones, para ventaja de los voluntarios. El mercadillo había funcionado tan bien como se esperaba. Se vendió mucho ropa, más que libros. Los ingresos para la iglesia fueron bienvenidos, tan agradecidos, que Adam y Rose ya fantaseaban en qué lo podría emplear. Las ideas versaban sobre un pequeño comedor instalado en una de las salas vacías de los pasillos de la iglesia, o sencillamente, una compra generosa de medicamentos para quien los necesitase. El próximo mes sin duda, los objetivos de la iglesia podrían cumplirse. Por ello, Adam agradeció encarecidamente el trabajo prestado por todos aquellos quienes habían querido formar parte del mercadillo aquel domingo. Todos, incluido Jack. El joven de ropajes oscuros había pasado toda la mañana trabajando codo con codo con el párroco mientras fumaba de vez en cuando, y a Rose, eso no se le había pasado por alto. Por ello, cuando todos se marcharon y Rose fue la última en quedarse para devolver uno de los libros que hacía cinco días le prestó el párroco, no pudo evitar contener su lengua. -Ese Jack... ¿Suele venir mucho?- preguntó curiosa mientras colocaba el ejemplar en la estantería. Por el rabillo del ojo, percibió la mirada del hombre. -Le he visto varias veces, pero me preguntaba si se pasaba por aquí tanto como yo- Adam sonrió. Tanto como lo hacía ella, no le visitaba nadie. Aquel comentario hizo que ella sonriese -Bien, bien. Sigo conservando el premio a la más pesada- tras colocar el libro, bajó del pequeño taburete y lo apartó a un lado -¿Es amigo tuyo? ¿O solo alguien muy afligido?- El hombre se rascó la barbilla, pues no sabía contestar. Más bien, era el familiar de un amigo que sí que estaba afligido por él -Oh... - Adam arqueó una ceja -Es que... me extrañaba ¿Sabes? Soy la primera que procuro no juzgar a las personas. Pero él, con esa ropa, la barba y... no sé. Ese físico de personas que no van normalmente a misa, me desconcertaba- el párroco suspiró ante aquel comentario. ¿A caso insinuaba que él no tenía cabida en aquella casa sagrada? -No, no digo eso- comentó ofendida -Mi padre dice que esta nueva juventud, tan rebelde y oscura, promueve dictámenes contrarios a los que predica la iglesia. Lo mismo hacen esas canciones nuevas que tanto escuchan. Pensaba que eso era así.- tras decir aquello, la chica se quedó en silencio con los brazos cruzados. Se dejó caer contra la estantería, que por suerte, estaba bien sujeta a la pared. El hombre, tras terminar de recoger las cajas vacías, se quedó mirándola a los ojos. Aseguró que su padre también creía que estando en casa o en la iglesia sin hacer nada, Rose llegaría a ser una mujer de provecho. -No es exactamente lo que dice, pero...- se mordió el labio. Pensó en sus libros, en esos que su padre desconocía. -Vale, si. Es justamente eso lo que dice- bufó. -Pero no le juzgues. Yo no te juzgo a ti por estar todo el día aquí encerrado sin hacer otra cosa más que pensar- se burló -Debes estar agradecido, muy agradecido de mi presencia- le señaló. Él alegó, que en todo caso, debía estar muy agradecido de que sus amistades ya hubiesen tomado un rumbo más familiar. Si no fuera porque todas las amigas de Rose estaban casadas y esperando hijos, ella no estaría allí. -Que cruel eres ¡Claro que estaría! Lo hacía incluso cuando Betty estaba soltera- gruñó -Mi madre lo hacía, y yo lo haré. Me gusta ayudar, sentirme útil. Es en lo único en lo que mi padre no tiene quejas y estoy segura de que a mi madre le hubiese gustado... esto- terminó por decir, en un hilo de voz. Rápidamente, Adam llevó una mano al hombro de la chica, tan amplai y reconfortante como siempre. Le preguntó si estaba bien. No si estaba bien como estado físico, sino de ánimos, unos ánimos especiales que ya él conocía -Claro, está superado. No más bajones, ya lo sabes- sonrió -Pero no creo que sea pecado recordarla- el hombre negó con la cabeza, satisfecho con aquella actitud positiva que había sabido arraigar al alma de la muchacha. -Se hace tarde. Brigitte debe tener servido el almuerzo ya. Te preguntaría si querrías venir a almorzar a casa, pero como siempre dices que no, paso de tu hambre ya- bromeó, imitando la jerga y la forma de hablar de la juventud hedonista y rebelde -Nos vemos a las 6. Intentaré traer a mi padre a la misa, pero no prometo nada- Adam asintió, y con un saludo de manos, se despidieron. Rose entró en su coche, y por defecto, un leve olor a gasolina impregnó sus sentidos. Esta vez, ese olor le recordó a Jack.
Aquella misma noche de domingo, mientras Rose salía acompañada de Brigitte de la iglesia, sin su padre, al otro lado de Ace City, el humo del tabaco impregnaba el ambiente de aquel humilde taller. Reunidos estaban una vez más aquel grupo de amigos, burlándose de los sermones eclesiásticos y hablando sobre temas mucho más banales incluso. Y eso, era algo que Megan imaginaba. Por ello, ataviada con un pantalón oscuro ceñido y una chaqueta de cuero con una cremallera tan plateada como sus enormes pendientes, se dejó caer en el lugar, como si los demás no supiesen que su aparición había sido de los más casual -¡Ey!- dijo nada más entrar. Ante su aparición, los hombres, casi todos, vitorearon su llegada. Se preguntaban donde había estado tanto tiempo, dado que hacía semanas que no pasaba una buena noche con los amigos. Sobretodo Jean, quien esa noche tenía a una mujer joven sentada en su regazo -Moviéndome por las altas esferas, cariño- sonrió Megan juguetona, consiguiendo un sitio en uno de los sillones esparcidos al fondo del local. -¿Bebidas? Una cerveza- Dwyne abrió la chapa del botellín que había pedido con la única fuerza de su pulgar, para después cedérsela a la chica, que bebió el primer trago como si llevase todo el día deshidratada. -¿Y quien es ésta chica? ¿Me estáis reemplazando?- preguntó con fingido tono dramático, pero algo venenoso.
-Natalie-
-Que nombre tan fino- sonrió forzadamente. -¿Cuanto lleva aquí?-
-Un par de noches- comentó la chica, intentando ser lo más amable que su pequeña embriaguez le permitía. Se había dado cuenta de que por alguna razón, Megan preguntaba a los demás, pero no directamente a ella.
-Oh, así que eres una pipiola en el club. Que suerte. Eres la segunda mujer que entra en este taller. Yo fui la primera- volvió a mostrar aquella sonrisa. Los hombres se miraron entre sí ¿Que estaba pasando? Megan se estiró en el sofá, como si fuese el de su propia casa, como si quisiera mostrar la tranquilidad de estar en un lugar demasiado familiar para ella, demasiado personal, demasiado suyo. Natalie la miró con cada vez peor rostro. -Entonces ¿Tu y Jean...?- preguntó de repente. Natalie miró a Jean y Jean a Natalie. Ambos negaron con la cabeza.
-Soy una amiga, nada más. No me gustan los rollos serios. Ya me entiendes-
-Ah, yo fui pareja de Jack- sonrió, marcando un poco más su terreno. -Pero a mi tampoco me gustan los rollos serios. Por eso... aquí nos hemos enrollado todos, ya sabes. Las ganas y las horas juntos... a la cama llevan- se mordió el labio, triunfadora. -Haces bien, tía. Jean es un capullo, olvida las seriedades con él. Un par de polvos y le mantienes a ralla, así se hace con él- añadió mas leña al fuego.
-Si, ya...- Jean quiso intervenir. Se quitó a Natalie de las rodillas y, admitiendo que hacía un poco de calor, sugirió irse fuera un rato. -¿Calor, Jean? Hace frío. Además, no he traído ropa de abrigo-
-Es verdad, vas muy desabrigada, chica.- miró a su escote tan pronunciado -Por cierto, yo tengo esa camiseta. Bueno, la tenía cuando tenía dieciocho, las movidas de aquella época y eso... es demasiado colorida para mí ahora. Aunque... a mi me quedaba más ancha-
-¿Me estas llamando gorda?- Natalie no aguantó la pregunta. Megan empezaba a sacarla de quicio y por eso la encaró. Los demás, no quisieron ni intervenir. Y Megan, solo pudo reirse.
-¡Que va! Solo te estoy intentando caer bien, para que seamos amigas-
-¡Y una mierda! ¡¿De que cojones vas tú?!-
-¡¿De que estas hablando?!-
-¡¿Como que de qué?! ¡No paras de lanzarme indirectas desde que has llegado!
-¡Si te das por aludida, no es mi problema! ¡Tu sabrás si te sienta mal o te pone celosa algo de lo que te he dicho. Las cosas aquí son así-
-¡¿Y tu quien eres?! ¡¿La reina del taller?!-
-¡Alguien que lleva aquí más tiempo que tú!-
-¡¿Y a mi que cojones me importa eso?! ¡Eso no te da derecho a ser una hija de puta!-
-¡Encima me insultas, puta borracha!- En ese momento, ambas mujeres hubiesen llegado a las manos, de no ser porque Reed y Dwyne intervinieron, sujetando ambos a cada mujer. -¡¿A quien mierdas os estáis buscando para follar, capullos?! ¡Hay mujeres mejores que ésta!-
-¡¿Ah si?! ¡¿Mujeres como tú?! ¡¿Mujeres como tú que se tiran a viejos por sacarle los cuartos?!- aquella sugerencia, fue la gota que colmó el vaso.
-¡¡¡Jean!!! ¡¿Que coño le has contado a esta?!- Jean alzó las manos, asegurando que nada más lejos de aquello, y que solo había hecho para divertirse, nada más. -¡¿Divertiros?! ¡Echad a esta puta de aquí! ¡¡¡Ya!!!-
Ante los gritos, la voz de Jack se alzó, quien había estado callado todo el tiempo. Dijo que no. Natalie no se iría. Megan, que había estado evitando mirarle toda la noche por su propio interés, lo hizo por primera vez. Y su rostro, pasó de estar sorprendido, a ser sumamente dócil. -Jack... ¿Que pasa? ¿Por que no quieres que esta tía se vaya? Me ha insultado- El hombre bufó, alegando que se habían insultado mutuamente. -Pero... ¿Te da igual?- él asintió, provocando un enorme recelo en el interior de la mujer, que hizo un gesto con la cabeza para echar hacia atrás sus rizos rojos, en señal de orgullo, de que no podía lamentarse por la actitud del hombre. Sin embargo, no todo quedó ahí. De malos modos, pidió que la que se fuese fuera Megan. Ésta, le desafió con la mirada. A Jack no le daba la gana que ella ordenase en su taller, en el local que era de su propiedad. Ella no era la reina, la dueña ni nada por el estilo de aquel sitio. Y por ello, no pensaba ni por asomo echar a la compañera de un amigo de allí. Ella era la invitada, no Natalie. -¿Estas seguro de lo que estas diciendo, Jack?- él asintió. -Entonces me iré. Pero porque me lo pides tu, no por los caprichos de esta puta- terminó por decir. Se bebió el botellín de cerveza por completo y se lo cedió a Dwyne. -Ya nos veremos... en otra ocasión- comentó, recogiendo de nuevo ese tono juguetón, para salir por donde había entrado.
En el fondo, había ganado, y ella lo sabía.
Jonathan Kirk estaba disfrutando de una agradabilísima velada en su hogar aquel sábado por la noche. En el patio de su enorme hogar, el alcalde de Ace City estaba sentado bajo las estrellas fumándose un lustroso puro mientras pensaba en todos los asuntos que tendría que arreglar para el lunes, aunque antes que en sus problemas pensaba en las fiestas que se correría a cambio de su "duro trabajo". Ace City era una ciudad enorme, grandísima, y ser el alcalde de dicha obra titánica de la humanidad le colocaba en una posición lo bastante privada como para que sus votantes nunca supieran cómo desviaba fondos para sus gastos personales ¿Pero qué? ¿No era algo que hacían todos? Así era la política. Si trabajas con dinero, acabas desviando algo de dinero para ti. Si trabajas con lápices, papeles y gomas de borrar, te llevarías algunas a casa... Esa era la filosofía del señor Kirk, un hombre de unos 50 años de edad, divorciado dos veces, con una amante de 19 años que estaba jugando alegremente en la piscina sin ninguna prenda que cubriera su desnudez y dos hijos, uno de 20 años y una de 14, uno de cada mujer con la que estuvo casado. El hombre veía desde su asiento, a través del humo del habano, cómo resplandecían y botaban las curvas de su amante. Sabía que la mejor decisión que había tenido desde que llegó a la alcaldía había sido adquirir aquella enorme casa de campo, alejada un tanto de la ciudad. Era todo tan silencioso y los muros que la rodeaban tan poderosos que se sentía a salvo, se sentía capaz de hacer todo lo que quisiera, y de hecho lo hacía. A diferencia de algún que otro compañero de distintas ciudades, él nunca había salido en la televisión acusado de ningún tipo de delito o escándalo. Era un hombre con secretos, con muchos, por supuesto, pero vivir apartado del núcleo de la sociedad, aislarse y disfrutar el dinero a solas o como mucho de vez en cuando con sus hijos o con la joven Cassidy, su amante, era suficiente para mantenerse en el anonimato, más allá de las comparecencias ante la prensa o en épocas de elecciones. Este era su tercer mandato. Sonreía sólo de pensarlo. La vida le quedaba pequeña. Todo le salía bien. Demasiado bien. La joven Cassidy salió de la piscina y anduvo hacia él con alegres contoneos, algo ruborizada por la natación. Las gotitas de agua le caían graciosamente del pelo hasta el cuerpo y de allí, la recorrían hacia el césped. Jonathan se sintió celoso del agua y la llamó a su seno, sentándola sobre sus piernas. La chica señaló que estaba muy serio -¿Serio? Oh no, cielo. Sólo te estaba admirando- ella rió alegre y ruborizada. Cassidy era una niña tonta. Hija de un matrimonio empresario que había alcanzado una alta cota de mercado y se habían hecho ricos, unos de tantos en Ace City, la habían criado como una auténtica mimada. Era la única hija del matrimonio y engreida, siempre quiso ser modelo. Lo había conseguido a la edad de 16, pero no por su talento precisamente. No sabía transmitir, era demasiado vergonzosa a pesar de ser guapa y haberse procurado un buen cuerpo en el cirujano a tan temprana edad. Tres años después de su debut ya estaba en la cama del alcalde. Ella parecía feliz, sin embargo Jonathan sabía que sería pasajero. En un par de años o dos le saldría alguna arruga... pero mientras tanto disfrutaría de esa belleza juvenil -¿Qué te parece si eres una buena chica y haces feliz a tu amorcito? Me siento solo y necesito calor- dijo mientras se bajaba juguetón el calzón. Ella alegó tener frío. No dejaba de ser finales de otoño y en la piscina se estaba a gusto debido a que estaba climatizada -Pues vámonos a casa. Venga, corre que te vea- alegre dio un salto y corrió hacia el salón entrando por la puerta del patio. El constante contoneo de sus caderas y sus nalgas hicieron bufar a Jonathan -No me falles ahora- reflexionó mirándose el pene -No te hagas el perezoso y levántate...- entonces oyó el grito. Un grito aterrorizado -¿Cassidy?- el hombre echó a correr a toda velocidad hacia el salón, tan rápido como pudo. Una vida acomodada, una barriga redonda y un constante fumar le hizo romper a toser en cuanto entró en el salón. Una sonrisa amable, amigable y burlona le recibió sentado en el majestuoso sofá, con los pies sobre la mesa
-Tú debes de ser ese tal Jonathan Kirk- dijo alegremente Angelo cogiendo una copa de brandy de la mesa y llevándosela a los labios -No queríamos asustar a la chica, lo siento mucho-
-¿Quién... cojones sois vosotros?-
-Mmm- espectoró al intentar hablar con la boca llena de brandy -Mis modales- se puso en pie. Iba elegantemente vestido con un traje de chaqueta, camisa negra y sin corbata -Me llamo Angelo Gabriel Salvattore. Soy un amigo-
-¿Un amigo? Un intruso. Tú y esos dos de allí- señaló a dos tipos que observaban desde la puerta. Uno de ellos sostenía a Cassidy -Si le ponéis una mano encima...-
-Si le pido a mi compañero que la suelte se irá corriendo. Tiene que tenerle una mano encima-
-¿Qué queréis? ¿Cómo habéis entrado? ¿Y mi escolta?-
-¿Quién? Aaah...- silbó -Te llaman August- el tal August, un hombre alto de cabeza rapada entró en la habitación, le traía una toalla a Cassidy
-¿¡Qué crees que estás haciendo!? ¿¡Cómo los dejas entrar sin mi permiso!?- rugió furioso Kirk
-Qué poca consideración para un empleado... Dime, alcalde ¿Tan difícil es atar cabos?-
-Traidor... ¡Esto es traición! ¡Os meteré entre rejas a todos!-
-Qué equivocadito estás Kirk- se echó a reir Angelo y sus hombres con él -Mira, te venía a comentar...- se acercó a él y le puso una mano en el hombro -Quiero que seamos amigos ¿vale? Llevo una temporadita dándole vueltas al asunto y creo que ha llegado la hora de... expandirme, como el universo ¿Sabes?-
-¿De qué me estás hablando? No me toques- se quiso hacer a un lado, pero Angelo lo retuvo apretando la mano
-Pero qué poco talante, qué poco saber estar ¿Cómo llevas tres mandatos como alcalde? Tienes muuuuuy engañada a la gente de Ace City...- dijo pícaro -Ella también es bastante joven... para ti, al menos ¿Lo sabe la prensa?-
-¿Me estás amenazando? ¿Crees que me perjudicará lo suficiente? Ella es mayor de edad. Tiene 19 años-
-Ah- frunció los labios Angelo -Menos mal que tengo un plan B- chasqueó los dedos. August, el ex-escolta del alcalde que trabajaba para Angelo desde un primer momento, hizo un gesto con la mano. Automáticamente entraron dos chicas a la habitación, igualmente desnudas. Estaban apagadas, con los ojos recién llorados, algo enrojecidas. Una de ella era negra y la otra tan blanca como Cassidy, pero pelirroja -¡Te presento a Sabrina y Orisha! Dos magníficas futuras modelo, como Cassidy, pero ¿Sabes? Tienen 15- Jonathan las observó. Eran niñas, niñas con cuerpos espectaculares para su edad. Eran más atractivas incluso que Cassidy -¿Las quieres? Te las regalo. Sólo tienes que ser mi amigo-
-¿Pero qué quieres de mí? Deja de hablar de amistad, sé directo- exijió
-Al grano, de acuerdo- suspiró -Quiero que me procures un banquero para blanquear dinero, el más formal de los que conozcas, ya me presentaré yo a él. Además, te quiero cogidito por los huevos para que hagas y deshagas a mi voluntad ¿Qué te parece?-
-Que estás loco- rió Kirk -Ni de coña. La policía se os echará encima-
-Creo que te estás confundiendo a ti mismo con Reagan. Eres un alcalducho que de momento me sirve, pero no eres el presidente...- chasqueó los dedos otra vez y llamó a las chicas, que se acercaron a Kirk -La policía no va a hacer nada por ayudarte, me voy a encargar de eso- sonrió ampliamente -Te lo voy a dejar claro de una vez: he venido para informarte de nuestra amistad, más que para pedírtela. Si hubieses aceptado de buena gana me habría marchado y ya te llamaría, pero como eres más chulo que unos cojones colgando, voy a tener que echarme a jugar- le dio una palmadita en el culo -Disfruta- las dos chicas se agazaparon ante él y trataron de bajarle los calzones. Kirk se resistió. Incluso abofeteó a la pelirroja -¡Eh!- Angelo agarró a Kirk del cuello -No toques a mis niñas. Ni se te ocurra hacerles daño- amenazó con voz siseante -Te van a dar una mamada que te vas a quedar loco ¿Cómo tienes los santos cojones de pegarles?-
-Eres un loco. Estás desquiciado ¡Te meteré en un manicomio de por vida, hijo de puta! ¡Son niñas!-
-Sé que te gustan Kirk. Esa rubita de ahí te pone porque aunque tenga 19 puede aparentar 16, aunque esté operada- miró a Cassidy -No te ofendas corazón, eres preciiiiiiosa- remarcó, para volver a Kirk -Has sido un tío hábil a la hora de eludir a cualquiera que quisiera pillarte, muy, muy hábil. Cometiste la torpeza sin embargo de delegar y confiar en tu escolta. Resulta que August me prefiere a mí como jefe- rió -Es una lástima señor alcalde, porque podríamos haber hecho esto por las buenas y sin embargo quieres ir de buena persona cuando no lo eres. Puedo ver los pecados, los malos deseos... ¡He sido tocado por la más bella de las deidades! Soy un profeta que todo lo ve y lo oye... y este profeta te va a joder el culo, bien jodido- con sólo decir las palabras le retorció el codo hasta rompérselo. Kirk gritaba agarrándoselo y Cassidy lloraba -No solloces angelito rubio, tú estás a salvo de todo esto- sonrió Angelo a la chica mientras rodeaba a Kirk, le agarraba el brazo y el hombro y se lo fracturaba con un fuerte tirón. El hombre gritaba terriblemente dolorido -¿Qué tal se siente esto ahora? ¿A que era mejor antes?- empujó a Kirk hasta el sofá, silbó a uno de sus hombres para que se acercara. Le entregó un martillo -Esperaba que nos pudieramos entender... de verdad que lo esperaba. Me alegro sin embargo de ser desconfiado y tener siempre un plan B- le aporreó con el martillo en las rodillas varias veces hasta que los huesos crujieron -Joder, deberías tener más cuidado en la piscina que te resbalas y te puedes romper una pierna- le guiñó el ojo, dándole de nuevo el martillo a su sicario mientras éste le daba una cámara de fotos polaroid de instantaneas -Venid princesas, haced lo vuestro. Cassidy, muñeca, ven tú también- las adolescentes se acercaron y procedieron a hacer lo que sabían que tenían que hacer. Desnudaron al dolorido alcalde para comenzar a realizarle trabajos orales de índole sexual. Angelo le dio la cámara a Cassidy -Tírale unas fotitos. Esas caras de dolor pueden ser de intenso placer también- rió Angelo mientras rodeaba a Cassidy con los brazos, abrazando sus desnudas caderas -Quiero ver qué tal lo haces muñequita. Venga, dispara... ¡Espera, espera!- se echó a reir de forma pícara antes de ir hacia Kirk una vez más y estirarle los brazos, para mayor tortura para el mareado alcalda, para posarle las manos sobre las cabezas de las chicas, como si fuese sexo duro e intenso -Adelante- susurró en el oido de Cassidy antes de que disparara. Hubo fotos de felaciones, fotos en las que las chicas lo cabalgaban, fotos en las que ellas ofrecian sus pechos desnudos ante la boca de un extasiado ex alcalde... la última foto para el recuerdo fue de Angelo sentado junto a un inconsciente Kirk, sonriente y haciendo la señal de V de Victoria con los dedos para la posteridad. Dejaron una de las fotos en la mesa ante el inconsciente alcalde con una inscripción que rezaba que pronto le llamarían. Aquella noche ganaba Angelo, que también se llevó a las tres chicas.
Domingo por la mañana, Jack estaba en su taller, aunque no estaba trabajando. Sus colegas estaban allí haciéndole compañía, aún sabiendo que pronto se marcharía. De vez en cuando utilizaban el local como centro de reunión para no andar siempre de bares y copas. El taller del muchacho era lo bastante grande como para acomodar a un pequeño grupo de amantes de las motos y el rock para pasar el rato y hablar. En aquel instante, trataban de convencer a Jack de que no perdiese el tiempo con el párroco -Tío, que no, que es un coñazo- decía Jean, oriundo de francia, que viajó a Estados Unidos haría unos 15 años -Sólo va a comerte la cabeza con más monserga. No somos ningunos satánicos, por mucho que digan que el rock y el metal es lo que trae. Deberían oir las letras- dio un trago a la cerveza
-Realmente poco me importa lo que me tenga que decir- dijo Jack, pasándole un trapo a su moto -Sólo voy por mi tío. Además... es extraño, pero no es el típico párroco. No trata de meterme a Dios en la cabeza. Sólo se preocupa porque no me meta en el mal camino-
-Eres el que menos bebe de los 6, eres el que está en el mejor camino- rió
-Jean tiene razón- añadió Dwyne, un hombre alto, moreno y gigantesco de cabeza rapada
-Aún así- insistió -No es mal tío-
-Haz lo que quieras- terció Dwyne -Pero ojalá no te vea con sotana y alzacuellos dentro de unos meses- el resto se echó a reir. El grupo lo conformaban Jack, Jean, Dwyne, Reed, un poco mayor que Jack y Oliver Cavill, enorme al gual que Dwyne, todo un modelo. Era el más joven del grupo. La última miembro era Megan, ex novia de Jack y bastante popular en el grupo. A todos les caía bien esa chica y decidieron que permaneciera con ellos a pesar de su ruptura con Jack, aunque solía ausentarse muchísimo. El propio Jack, como su ex novio, no estaba del todo a gusto con su presencia, pero eran un grupo, una banda, y él no decidía. Era votación popular. Se conformaba con tenerla lo más lejos posible si se reunían todos -¿A qué hora pretendías ir?-
-A las 12-
-Son las 12 y cuarto tronco-
-Joder... pues voy saliendo para allá. Ayer me llegué a verle por mi tío y me pidió ayuda para el rastrillo. Si llego más tarde...- arrancó el motor
-Miradle, definitivamente un monaguillo. Se te acabó el follar amigo- rió Oliver
-No es que lo vaya a echar de menos- se burló Jack -No soy como tú o como Jean-
-C'est la vie, mon amie- se encogió de hombros Jean -Los guapos somos los guapos. Somos los sementales que poblaremos el mundo de enanos rockeros y moteros. Tú, Dwyne y Reed sólo estaréis para currar, pagarnos los gastos y arreglarnos las motos-
-La cara a hostias os voy a arreglar- rugió Dwyne fingiendo irascibilidad -Venid aquí cabrones-
-¡Ayuda! ¡Policía! ¡Llamad al 911! ¡Que me ataca un huevo gigante!- suplicó Jean -Ah, no, que es la calva de Dwyne- se mofó junto a Oliver y Reed
-Ahora sí que te la meto por el culo, cabronazo ¡Me rapo el pelo voluntariamente!-
-Eh- dijo Jack a Reed, que solía ser el más callado junto a sí mismo -Te dejo las llaves. Cerrad cuando os vayáis- Reed asintió -Vigila que no se maten. Hay muchas herramientas aquí- arrancó el motor y partió hacia la parroquia. Le esperaba un día lento y pesado.
Pasaron unos diez minutos hasta que por fin llegó al rastrillo benéfico. A esas horas, todo estaba lleno de gente mirando una gran diversidad de objetos. Jack pudo ver entre el gentío a Adam, hacia el que se dirigió cuando aparcó la moto. Al parecer estaba algo ocupado -Dos dólares- dijo sonriente el párroco al vecino que estaba adquiriendo un jersey en muy buen estado -Muchas gracias Charles. Pasa un buen día- guardó los billetes en la cajita de metal de la colecta -¿Qué tal, Rose?- la chica alegó que iba bien. Habían vendido bastante ropa, algunos libros, peines y espejos -Maravilloso- suspiró aliviado -Parece ser que los vecinos cada vez colaboran más y más. Podré ofrecer ayudas con este dinero, afortunadamente- una vecina se acercó al párroco para hacerle de pronto unas tantas preguntas sobre algunas prendas de ropa -Sí, un segundo. Rose ¿Te importaría llevar la caja dentro y vaciarla?- dijo en voz baja -No es por ser desconfiado pero hoy hay demasiada gente- Rose lo entendió a la perfección, era simple sentido común proteger la colecta y ella ya sabía dónde Adam solía dejar el dinero guardado, de manera que tomó la caja y se aventuró hacia la parroquia. Alguien la siguió, sin embargo, entre el gentío.
La chica entró por las grandes puertas de madera y anduvo en el silencioso pasillo que se formaba entre los bancos que miraban al altar, donde estaba la gran cruz de madera. La parroquia de Adam era ciertamente humilde y eso la hacía terriblemente atractiva y hermosa. Sin adornos, sin oro, plata o cobre. Sólo hierro y madera. Para que alguien pudiese profesar la fé de Dios, no era necesario ningún lujo, sólo un alma pura, sólo deseos de hacer el bien. Y aquel día en la iglesia no estaba sólo el bien -Eh, tú- dijo una voz a espaldas de Rose cuando estuvo a punto de entrar en la vivienda de Adam a través de la parroquia -Ven un segundo- al mirarle, la chica vio a un muchacho de unos 20 y muchos años, pero no sabría decir con exactitud debido a sus pintas. Estaba demacrado, tenía la cara salpicada con hoyuelos, quizá de alguna enfermedad o acné juvenil. Se rascaba mucho el brazo por encima del jersey, concretamente la flexión del codo -Quiero hablar contigo un momento- Rose se mantuvo quieta donde se hallaba. Se encontró cerrando los dedos con fuerza al rededor de la caja -Me llamo Ronald- se acercaba el muchacho con pasos torpes. No dejaba de rascarse y a Rose no le gustó que no apartara la vista de la caja -Quería hacerte una pregunta sobre los ingresos que se obtienen aquí...- arrastraba las palabras. Conforme se acercaba la chica percibió que olía mal. Olía a hospital... o algo similar. Cuando estuvo verdaderamente cerca, Rose se vio ligeramente incapacitada. Entre una puerta y un muchacho que aunque delgado, le sacaba una cabeza. Dejó de rascarse el brazo y sacó una navaja del cinturón del pantalón -Dame la puta caja niñata- dijo nervioso. Le temblaba la mano. Era su primer atraco -Llevas dinero ahí. Lo he visto. Que me des la caja- intentó agarrar la caja pero Rose por instinto se cubrió contra la pared -¡Dame la caja o te abro el cuello aquí mismo te he dicho!-
-Buenas- dijo una voz tras él. Al girarse el chico, recibió tal golpe en el mentón que cayó al suelo ipso facto. Rose ni siquiera miraba, asustada. Oyó un par de golpes secos más, un gemido de dolor y un suspiro apesadumbrado -Tranquila, ya ha pasado- dijo la voz relajada y serena de un hombre. Al mirarle, ella le reconoció al instante. El chico que olía a combustible. De hecho ahora que apartaba el miedo, el hedor a hospital se había sustituido por el mismo olor ligero de gasolina, mezclado con algo de colonia masculina -Lárgate de aquí- le ordenó al chico enjuto -Si te vuelvo a ver rondando la parroquia te partiré los pocos dientes que te quedan- asustado y tembloroso, con la mano en la mandíbula, se marchó corriendo -Lamento muchísimo que te hayas tenido que topar con gentuza como esta aquí... es un yonkie, drogadicto. Esa forma de rascarse el brazo debe de ser por las pupas de la jeringuilla- la miraba a los ojos -¿Estás bien? ¿Te ha hecho algo?-
-Tú debes de ser ese tal Jonathan Kirk- dijo alegremente Angelo cogiendo una copa de brandy de la mesa y llevándosela a los labios -No queríamos asustar a la chica, lo siento mucho-
-¿Quién... cojones sois vosotros?-
-Mmm- espectoró al intentar hablar con la boca llena de brandy -Mis modales- se puso en pie. Iba elegantemente vestido con un traje de chaqueta, camisa negra y sin corbata -Me llamo Angelo Gabriel Salvattore. Soy un amigo-
-¿Un amigo? Un intruso. Tú y esos dos de allí- señaló a dos tipos que observaban desde la puerta. Uno de ellos sostenía a Cassidy -Si le ponéis una mano encima...-
-Si le pido a mi compañero que la suelte se irá corriendo. Tiene que tenerle una mano encima-
-¿Qué queréis? ¿Cómo habéis entrado? ¿Y mi escolta?-
-¿Quién? Aaah...- silbó -Te llaman August- el tal August, un hombre alto de cabeza rapada entró en la habitación, le traía una toalla a Cassidy
-¿¡Qué crees que estás haciendo!? ¿¡Cómo los dejas entrar sin mi permiso!?- rugió furioso Kirk
-Qué poca consideración para un empleado... Dime, alcalde ¿Tan difícil es atar cabos?-
-Traidor... ¡Esto es traición! ¡Os meteré entre rejas a todos!-
-Qué equivocadito estás Kirk- se echó a reir Angelo y sus hombres con él -Mira, te venía a comentar...- se acercó a él y le puso una mano en el hombro -Quiero que seamos amigos ¿vale? Llevo una temporadita dándole vueltas al asunto y creo que ha llegado la hora de... expandirme, como el universo ¿Sabes?-
-¿De qué me estás hablando? No me toques- se quiso hacer a un lado, pero Angelo lo retuvo apretando la mano
-Pero qué poco talante, qué poco saber estar ¿Cómo llevas tres mandatos como alcalde? Tienes muuuuuy engañada a la gente de Ace City...- dijo pícaro -Ella también es bastante joven... para ti, al menos ¿Lo sabe la prensa?-
-¿Me estás amenazando? ¿Crees que me perjudicará lo suficiente? Ella es mayor de edad. Tiene 19 años-
-Ah- frunció los labios Angelo -Menos mal que tengo un plan B- chasqueó los dedos. August, el ex-escolta del alcalde que trabajaba para Angelo desde un primer momento, hizo un gesto con la mano. Automáticamente entraron dos chicas a la habitación, igualmente desnudas. Estaban apagadas, con los ojos recién llorados, algo enrojecidas. Una de ella era negra y la otra tan blanca como Cassidy, pero pelirroja -¡Te presento a Sabrina y Orisha! Dos magníficas futuras modelo, como Cassidy, pero ¿Sabes? Tienen 15- Jonathan las observó. Eran niñas, niñas con cuerpos espectaculares para su edad. Eran más atractivas incluso que Cassidy -¿Las quieres? Te las regalo. Sólo tienes que ser mi amigo-
-¿Pero qué quieres de mí? Deja de hablar de amistad, sé directo- exijió
-Al grano, de acuerdo- suspiró -Quiero que me procures un banquero para blanquear dinero, el más formal de los que conozcas, ya me presentaré yo a él. Además, te quiero cogidito por los huevos para que hagas y deshagas a mi voluntad ¿Qué te parece?-
-Que estás loco- rió Kirk -Ni de coña. La policía se os echará encima-
-Creo que te estás confundiendo a ti mismo con Reagan. Eres un alcalducho que de momento me sirve, pero no eres el presidente...- chasqueó los dedos otra vez y llamó a las chicas, que se acercaron a Kirk -La policía no va a hacer nada por ayudarte, me voy a encargar de eso- sonrió ampliamente -Te lo voy a dejar claro de una vez: he venido para informarte de nuestra amistad, más que para pedírtela. Si hubieses aceptado de buena gana me habría marchado y ya te llamaría, pero como eres más chulo que unos cojones colgando, voy a tener que echarme a jugar- le dio una palmadita en el culo -Disfruta- las dos chicas se agazaparon ante él y trataron de bajarle los calzones. Kirk se resistió. Incluso abofeteó a la pelirroja -¡Eh!- Angelo agarró a Kirk del cuello -No toques a mis niñas. Ni se te ocurra hacerles daño- amenazó con voz siseante -Te van a dar una mamada que te vas a quedar loco ¿Cómo tienes los santos cojones de pegarles?-
-Eres un loco. Estás desquiciado ¡Te meteré en un manicomio de por vida, hijo de puta! ¡Son niñas!-
-Sé que te gustan Kirk. Esa rubita de ahí te pone porque aunque tenga 19 puede aparentar 16, aunque esté operada- miró a Cassidy -No te ofendas corazón, eres preciiiiiiosa- remarcó, para volver a Kirk -Has sido un tío hábil a la hora de eludir a cualquiera que quisiera pillarte, muy, muy hábil. Cometiste la torpeza sin embargo de delegar y confiar en tu escolta. Resulta que August me prefiere a mí como jefe- rió -Es una lástima señor alcalde, porque podríamos haber hecho esto por las buenas y sin embargo quieres ir de buena persona cuando no lo eres. Puedo ver los pecados, los malos deseos... ¡He sido tocado por la más bella de las deidades! Soy un profeta que todo lo ve y lo oye... y este profeta te va a joder el culo, bien jodido- con sólo decir las palabras le retorció el codo hasta rompérselo. Kirk gritaba agarrándoselo y Cassidy lloraba -No solloces angelito rubio, tú estás a salvo de todo esto- sonrió Angelo a la chica mientras rodeaba a Kirk, le agarraba el brazo y el hombro y se lo fracturaba con un fuerte tirón. El hombre gritaba terriblemente dolorido -¿Qué tal se siente esto ahora? ¿A que era mejor antes?- empujó a Kirk hasta el sofá, silbó a uno de sus hombres para que se acercara. Le entregó un martillo -Esperaba que nos pudieramos entender... de verdad que lo esperaba. Me alegro sin embargo de ser desconfiado y tener siempre un plan B- le aporreó con el martillo en las rodillas varias veces hasta que los huesos crujieron -Joder, deberías tener más cuidado en la piscina que te resbalas y te puedes romper una pierna- le guiñó el ojo, dándole de nuevo el martillo a su sicario mientras éste le daba una cámara de fotos polaroid de instantaneas -Venid princesas, haced lo vuestro. Cassidy, muñeca, ven tú también- las adolescentes se acercaron y procedieron a hacer lo que sabían que tenían que hacer. Desnudaron al dolorido alcalde para comenzar a realizarle trabajos orales de índole sexual. Angelo le dio la cámara a Cassidy -Tírale unas fotitos. Esas caras de dolor pueden ser de intenso placer también- rió Angelo mientras rodeaba a Cassidy con los brazos, abrazando sus desnudas caderas -Quiero ver qué tal lo haces muñequita. Venga, dispara... ¡Espera, espera!- se echó a reir de forma pícara antes de ir hacia Kirk una vez más y estirarle los brazos, para mayor tortura para el mareado alcalda, para posarle las manos sobre las cabezas de las chicas, como si fuese sexo duro e intenso -Adelante- susurró en el oido de Cassidy antes de que disparara. Hubo fotos de felaciones, fotos en las que las chicas lo cabalgaban, fotos en las que ellas ofrecian sus pechos desnudos ante la boca de un extasiado ex alcalde... la última foto para el recuerdo fue de Angelo sentado junto a un inconsciente Kirk, sonriente y haciendo la señal de V de Victoria con los dedos para la posteridad. Dejaron una de las fotos en la mesa ante el inconsciente alcalde con una inscripción que rezaba que pronto le llamarían. Aquella noche ganaba Angelo, que también se llevó a las tres chicas.
Domingo por la mañana, Jack estaba en su taller, aunque no estaba trabajando. Sus colegas estaban allí haciéndole compañía, aún sabiendo que pronto se marcharía. De vez en cuando utilizaban el local como centro de reunión para no andar siempre de bares y copas. El taller del muchacho era lo bastante grande como para acomodar a un pequeño grupo de amantes de las motos y el rock para pasar el rato y hablar. En aquel instante, trataban de convencer a Jack de que no perdiese el tiempo con el párroco -Tío, que no, que es un coñazo- decía Jean, oriundo de francia, que viajó a Estados Unidos haría unos 15 años -Sólo va a comerte la cabeza con más monserga. No somos ningunos satánicos, por mucho que digan que el rock y el metal es lo que trae. Deberían oir las letras- dio un trago a la cerveza
-Realmente poco me importa lo que me tenga que decir- dijo Jack, pasándole un trapo a su moto -Sólo voy por mi tío. Además... es extraño, pero no es el típico párroco. No trata de meterme a Dios en la cabeza. Sólo se preocupa porque no me meta en el mal camino-
-Eres el que menos bebe de los 6, eres el que está en el mejor camino- rió
-Jean tiene razón- añadió Dwyne, un hombre alto, moreno y gigantesco de cabeza rapada
-Aún así- insistió -No es mal tío-
-Haz lo que quieras- terció Dwyne -Pero ojalá no te vea con sotana y alzacuellos dentro de unos meses- el resto se echó a reir. El grupo lo conformaban Jack, Jean, Dwyne, Reed, un poco mayor que Jack y Oliver Cavill, enorme al gual que Dwyne, todo un modelo. Era el más joven del grupo. La última miembro era Megan, ex novia de Jack y bastante popular en el grupo. A todos les caía bien esa chica y decidieron que permaneciera con ellos a pesar de su ruptura con Jack, aunque solía ausentarse muchísimo. El propio Jack, como su ex novio, no estaba del todo a gusto con su presencia, pero eran un grupo, una banda, y él no decidía. Era votación popular. Se conformaba con tenerla lo más lejos posible si se reunían todos -¿A qué hora pretendías ir?-
-A las 12-
-Son las 12 y cuarto tronco-
-Joder... pues voy saliendo para allá. Ayer me llegué a verle por mi tío y me pidió ayuda para el rastrillo. Si llego más tarde...- arrancó el motor
-Miradle, definitivamente un monaguillo. Se te acabó el follar amigo- rió Oliver
-No es que lo vaya a echar de menos- se burló Jack -No soy como tú o como Jean-
-C'est la vie, mon amie- se encogió de hombros Jean -Los guapos somos los guapos. Somos los sementales que poblaremos el mundo de enanos rockeros y moteros. Tú, Dwyne y Reed sólo estaréis para currar, pagarnos los gastos y arreglarnos las motos-
-La cara a hostias os voy a arreglar- rugió Dwyne fingiendo irascibilidad -Venid aquí cabrones-
-¡Ayuda! ¡Policía! ¡Llamad al 911! ¡Que me ataca un huevo gigante!- suplicó Jean -Ah, no, que es la calva de Dwyne- se mofó junto a Oliver y Reed
-Ahora sí que te la meto por el culo, cabronazo ¡Me rapo el pelo voluntariamente!-
-Eh- dijo Jack a Reed, que solía ser el más callado junto a sí mismo -Te dejo las llaves. Cerrad cuando os vayáis- Reed asintió -Vigila que no se maten. Hay muchas herramientas aquí- arrancó el motor y partió hacia la parroquia. Le esperaba un día lento y pesado.
Pasaron unos diez minutos hasta que por fin llegó al rastrillo benéfico. A esas horas, todo estaba lleno de gente mirando una gran diversidad de objetos. Jack pudo ver entre el gentío a Adam, hacia el que se dirigió cuando aparcó la moto. Al parecer estaba algo ocupado -Dos dólares- dijo sonriente el párroco al vecino que estaba adquiriendo un jersey en muy buen estado -Muchas gracias Charles. Pasa un buen día- guardó los billetes en la cajita de metal de la colecta -¿Qué tal, Rose?- la chica alegó que iba bien. Habían vendido bastante ropa, algunos libros, peines y espejos -Maravilloso- suspiró aliviado -Parece ser que los vecinos cada vez colaboran más y más. Podré ofrecer ayudas con este dinero, afortunadamente- una vecina se acercó al párroco para hacerle de pronto unas tantas preguntas sobre algunas prendas de ropa -Sí, un segundo. Rose ¿Te importaría llevar la caja dentro y vaciarla?- dijo en voz baja -No es por ser desconfiado pero hoy hay demasiada gente- Rose lo entendió a la perfección, era simple sentido común proteger la colecta y ella ya sabía dónde Adam solía dejar el dinero guardado, de manera que tomó la caja y se aventuró hacia la parroquia. Alguien la siguió, sin embargo, entre el gentío.
La chica entró por las grandes puertas de madera y anduvo en el silencioso pasillo que se formaba entre los bancos que miraban al altar, donde estaba la gran cruz de madera. La parroquia de Adam era ciertamente humilde y eso la hacía terriblemente atractiva y hermosa. Sin adornos, sin oro, plata o cobre. Sólo hierro y madera. Para que alguien pudiese profesar la fé de Dios, no era necesario ningún lujo, sólo un alma pura, sólo deseos de hacer el bien. Y aquel día en la iglesia no estaba sólo el bien -Eh, tú- dijo una voz a espaldas de Rose cuando estuvo a punto de entrar en la vivienda de Adam a través de la parroquia -Ven un segundo- al mirarle, la chica vio a un muchacho de unos 20 y muchos años, pero no sabría decir con exactitud debido a sus pintas. Estaba demacrado, tenía la cara salpicada con hoyuelos, quizá de alguna enfermedad o acné juvenil. Se rascaba mucho el brazo por encima del jersey, concretamente la flexión del codo -Quiero hablar contigo un momento- Rose se mantuvo quieta donde se hallaba. Se encontró cerrando los dedos con fuerza al rededor de la caja -Me llamo Ronald- se acercaba el muchacho con pasos torpes. No dejaba de rascarse y a Rose no le gustó que no apartara la vista de la caja -Quería hacerte una pregunta sobre los ingresos que se obtienen aquí...- arrastraba las palabras. Conforme se acercaba la chica percibió que olía mal. Olía a hospital... o algo similar. Cuando estuvo verdaderamente cerca, Rose se vio ligeramente incapacitada. Entre una puerta y un muchacho que aunque delgado, le sacaba una cabeza. Dejó de rascarse el brazo y sacó una navaja del cinturón del pantalón -Dame la puta caja niñata- dijo nervioso. Le temblaba la mano. Era su primer atraco -Llevas dinero ahí. Lo he visto. Que me des la caja- intentó agarrar la caja pero Rose por instinto se cubrió contra la pared -¡Dame la caja o te abro el cuello aquí mismo te he dicho!-
-Buenas- dijo una voz tras él. Al girarse el chico, recibió tal golpe en el mentón que cayó al suelo ipso facto. Rose ni siquiera miraba, asustada. Oyó un par de golpes secos más, un gemido de dolor y un suspiro apesadumbrado -Tranquila, ya ha pasado- dijo la voz relajada y serena de un hombre. Al mirarle, ella le reconoció al instante. El chico que olía a combustible. De hecho ahora que apartaba el miedo, el hedor a hospital se había sustituido por el mismo olor ligero de gasolina, mezclado con algo de colonia masculina -Lárgate de aquí- le ordenó al chico enjuto -Si te vuelvo a ver rondando la parroquia te partiré los pocos dientes que te quedan- asustado y tembloroso, con la mano en la mandíbula, se marchó corriendo -Lamento muchísimo que te hayas tenido que topar con gentuza como esta aquí... es un yonkie, drogadicto. Esa forma de rascarse el brazo debe de ser por las pupas de la jeringuilla- la miraba a los ojos -¿Estás bien? ¿Te ha hecho algo?-
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