Jack colgó el teléfono sólo para adivinar con toda certeza que en el momento en que se girase, unos ojos aviesos y brillantes se clavaban en él con una de las sonrisas más pícaras que conocía. La mirada de Jean lo decía todo y estaba espectante a que Jack soltase prenda -¿Qué demonios estás mirando?-
-¿Quién era esa chica Jacky...?- preguntó cantarín, revoloteando a su alrededor como una mariposa con chaqueta de cuero, brazal de tachuelas y cadenas colgando del pantalón
-...El seguro de la moto-
-¡Y una polla! ¡Tú te has pillado un coño!- rió, señalándole
-Eh, un respeto- terció Jack con mirada severa
-Uuuuh...- masculló Dwyne con los ojos entornados -Ahí hay amor. No quiere que la llamemos coñito-
-¡Jack enamorado!- rió Oliver -Espera a que se entere Meg. Me parece que se va a sentir ofendida de nuevo por no ser la única hembra en la manada-
-Megan no tiene absolutamente nada que ver en mi vida y en mis decisiones. En caso de que estuviese enamorado, que por cierto, NO lo estoy- recalcó fieramente -Ella es, de todos los que me rodean, la que menos pincha y corta-
-Eso dices tú, pero creo que ella lo enfoca de una manera distinta- terció Jean
-Insisto... me da completamente igual cómo lo enfoque- Jack miró el reloj del taller. Aún faltaban unas horas para la cita. Siguió enfrascado en la puesta a punto de la moto de Dwyne
-Ahora en serio Jack ¿Quién era?- el gigantón Dwyne dio un sorbo a la cerveza -Cuéntanos. Tell me more, tell me more...- imitó la canción de la conocida película Grease
-Es sólo una conocida. Vamos a dar una vuelta. No va a suceder nada. No es mi chica- concluyó
-Pero lo acabará siendo ¡Jack cabalga de nuevo, yuju!- se puso a gritar Jean mientras imitaba a un cowboy -Con suerte incluso te cabalgarán a ti, tío- dijo pensativo -Ea, ya estoy cachondo otra vez. Me cago en la puta ¿Por qué soy tan semental?-
-Creo que se te licuó el cerebro y se te hizo esperma y testosterona- terció Reed -Si Jack dice que no es un ligue, no lo es-
-Al fin alguien con dos dedos de frente, gracias hermano- le guiñó Jack un ojo a Reed, que éste recibió con una sonrisilla
-Siempre igual, aburridos. Siempre apoyandoos el uno al otro ¿No seréis bujarrones, no?- dijo Jean aburrido
-Si lo fuese Jean ya estaría dándote bocaditos en el culo a ver si te pirabas de aquí- rió Reed
-Intentalo si tienes huevos. Mi hombría es sagrada. Ningún maromo va a tocar un ápice de mí- de pronto una mano se estampó contra su trasero y apretó con ganas
-¿Decías?- rió Jack
-¡Hijo de puta! ¡Te corto las manos! ¡Vil canalla!- rugió furioso -....Pero eh, no está mal, tienes un buen agarre ¿Puedes hacerlo otra vez?-
-Que te follen Jean-
-¡Pues mira, si me sigue gustando a lo mejor eres el afortunado!- acabó riendo y con él, todos los demás
-Ahora fuera de coñas Jack ¿Quién es? ¿La conocemos?- preguntó Reed, más serio, sin ánimo de burla
-No la conozco ni yo- reflexionó engrasándose las manos
-¿En serio?- rió su amigo
-Es extraño, lo sé- se encogió de hombros -Ni siquiera creo que peguemos mucho, seguramente tengamos gustos distintos. Ella parece ser de buena familia, ya sabéis. Suele frecuentar la iglesia-
-¡Dios santo!- exclamó Jean -Nunca mejor dicho. Jack, tío- se acuclilló a su lado, junto a la moto, poniéndole una mano en el hombro -Huye ahora que puedes. Una religiosa Jacky. Vas a tardar años en follar. Sólo para tener hijos ¡Sólo para tener Jackcitos! Además seguro que el padre es un tipo serio que querrá pegarte un tiro si rozas a la hija con el aire que respiras si no estais casados-
-Creo que a pesar del paso de los años Jean, no terminas de entender que no soy como tú. Si quisiera follar simplemente podría tenerlo muy fácil- suspiró aburrido
-¿¡Y por qué coño no lo haces!?- se llevó las manos a la cabeza -¡No te entiendo tío!-
-Qué insustancial eres...-
-Todo lo que quieras hermano, pero con el churro mojado ¿Hay algo mejor?-
-Yo creo que sí...- volvió a suspirar, esperando que llegase la hora.
Norman Miller se rascaba las sienes, enfrascado una vez más en el sin fin de papeleos que llenaban su escritorio. Estaba harto de números, harto de cuentas, harto de clientes, de trabajadores, de inversores... sabía que necesitaba un descanso o colapsaría, pero no tenía espacio para tal cosa. Había estado pensando en su hija también, muchísimo, y más desde los últimos acontecimientos. El simple hecho de dormir se le hizo imposible aquella noche, si sólo Rose supiera por qué estaba tan preocupado... En todo momento le parecía que aquel tipo sarcástico y risueño iba a volver a entrar por su puerta, como un heraldo del mismísimo Diablo. La presión que se agarró en su pecho y le cegó la vista le hizo suspirar con fuerza y soltar el bolígrafo, se puso en pie y se asomó a la ventana de su despacho. El banco era un edificio alto, bastante, aunque no el que más. Era uno de los principales bancos de Ace City, pero no llegaba a ser el más grande. Quizá por eso le eligió, porque sería muy fácil sospechar de un banco gigantesco como el principal AceBank. Su banco, Mills, era, por así decirlo, el "segundo" en la ciudad. Bastante expandido, bastante grande y con una gran cantidad de clientes, pero por el mero hecho de ser el segundo, tenía menos presiones que AceBank... Maldita sea, maldita sea la vida, maldito sea ese tipo... No le faltaron ganas en ese instante de meterle fuego al banco y a todo cuanto le incumbía para no dejar que ese tipo metiese las zarpas. Sin embargo ese Angelo Gabriel sabía que él tenía familia... y le advirtió al respecto... -¿Qué puedo hacer, Emily...?- preguntó al aire, al recuerdo sempiterno de su esposa fallecida, que gustaba pensar que lo acompañaba allá donde iba -¿Qué puedo hacer...?- como una señal del más allá, el teléfono comenzó a sonar. Sin demasiadas prisas, se adelantó hacia la mesa para cogerlo. La voz del otro lado le chirrió en el alma
-¡Hooooola!- saludó Angelo con evidente emoción -¿Qué tal, Norm-Norm? ¿Listo para hablar de negocios?-
-Tú otra vez...- dijo amargado -Por favor, déjame en paz. Te lo suplico. Hay otras entidades bancarias que...-
-Uff, ya me estás aburriendo- bostezó -Mira Norman, sólo quiero que me blanquees dinero. No te estoy diciendo que mates a nadie. Aún, al menos- soltó una carcajada -Además creo que te estás equivocando. Yo no te estoy pidiendo nada. De hecho te lo estoy ordenando. Vas a blanquear mi dinero. Todo. Búscate la vida sobre cómo lo haces, pero te necesito a ti para ello. Y ya sabes qué pasará si re rehusas-
-...Ya, claro, sí...-
-Pues eso. Escúchame, mañana a primera hora enviaré a un contacto para que te aclare las cosas. No te muevas de tu oficina en todo el día, pase lo que pase- colgó
-¿Pase lo que pase? ¡Espera! ¡Eh!- miró el teléfono -¡Hijo de puta!- colgó con furia -Mierda...- recogió todos los papeles y los metió en su maletín, preparado para irse. Pensaba en Rose, en Brigitte, en su casa, su legado... Estaba metido en un lío y no tenía forma de defenderlo. Al menos a Rose... tal vez si mantenía a Rose entretenida... -¿Cual era el número de Dick...?- reflexionó.
Entrada ya la tarde, cerca del anochecer, Norman había regresado a su casa tratando de rememorar el número de Dick. Brigitte le recibió con una amable sonrisa y le indicó que su hija, efectivamente, estaba en su habitación. Cuando dejó en el despacho su maletín y su chaqueta, Norman se preparó para subir hasta la habitación de Rose para llamar a la puerta. Rose aceptó la entrada del llamante, que pensó que era Brigitte -¿Cielo?- al ver que era su padre, la chica se volvió de nuevo hacia el espejo, poniéndose los pendientes -¿Rose? ¿Se puede saber por qué te arreglas así?- se quedó perlplejo observando la belleza de su hija. La chica alegó que tenía algo que hacer -¿Cómo que...? ¿Pretendes ir a la iglesia tan arreglada? ¿Por qué?- no iba a la iglesia, dijo secamente. Iba a salir -¿Cómo que vas a salir? ¿A dónde? ¿Con quién?- el tono de Norman se endurecía más con cada pregunta. Ella simplemente dijo que iba a salir, no necesitaba informarle de más -Creo que te estás equivocando mucho conmigo Rose. Demasiado- señaló. Ella, furibunda y orgullosa, recordó que era él quien estaba completamente equivocado. Le estaba robando su juventud y no se lo iba a permitir, encima cuando creía que la solución a sus problemas era buscarle una cita con un chico que él considerara oportuno -Así ha sido siempre y no va a cambiar ¿Cón quién demonios planeas salir?- preparada, con su ropa color crema, su cabello excelentemente peinado, su exquisito maquillaje y el embriagador aroma de su perfume, cogió el bolso y se dispuso a salir, esquivando a su padre en la entrada -¡ROSE!- gritó furioso mientras la chica bajaba las escaleras -¡ROSE, VUELVE AQUÍ AHORA MISMO!- la puerta se cerró con un fuerte restallido.
La chica tuvo que ir a la iglesia andando, debido a que con las prisas se le olvidaron las llaves del coche. Mirando el reloj, veía que llegaba unos minutos tarde. Aún así, pensó, que siendo Jack como parecía ser, tal vez hasta apareciese media hora tarde o no aparecía si se liaba de más con sus amigos. La chica estaba ilusionada, pero las esperanzas en un chico de esas pintas... no debían de ser demasiado altas, de forma que trataba de no hacerse ningún tipo de expectativa. Para su sorpresa, sin embargo, allí estaba Jack, hablando con Adam, que había salido de la iglesia para hacer compañía al chico mientras esperaba -Ten mucho cuidado Jack- alcanzó a oir Rose de Adam mientras se acercaba -No toleraré que le hagas pasar un mal rato... ¡Rose, hola!- sonrió -Vaya por Dios, nunca imaginé que os vería juntos para dar una vuelta- la chica sonrió tímida y Jack la miró a través del oscuro visor del casco
-¿Nos vamos? ¿Estás lista?- Rose asintió y Jack le entregó un casco, dejándola patidifusa -La seguridad es lo primero- Rose nunca había montado en un cacharro como aquella moto. Era como montar un toro ¿Cómo? ¿Y con la falda? -De lado, te agarras a mí y todo irá bien- se iba a matar -No mientras estés conmigo- dijo, dejándola sin palabras -Confía en mí- la chica se puso el casco muy a su pesar, destrozándose algo el peinado, pero la idea de partir sin casco era simplemente aterradora
-Jack, en serio... cuida de ella, no seas loco. Que no le pase absolutamente... nada- inquirió mucho en el nada
-No le pasará nada malo- aseguró Jack, arrancando, dejando que la moto gruñese de forma grave
-Que no le pase nada, simplemente- dijo Adam con segundas y mirada severa. Jack asintió perezoso y esperó la aprobación de Rose, que no se veía muy segura sentada de lado
-Tú sólo agarrate, no pasará nada- una vez sintió a la chica asida a su cuerpo, Jack soltó el embrague y aceleró suavemente. La moto iba más suave de lo que Rose imaginaba y sentir el viento en su cuerpo era una extraña sensación de liberación. Resultó ser más agradable de lo que imaginó en un principio, una nueva experiencia... y Jack resultó no ser el potencial asesino motociclista que parecía. Condujo con responsabilidad y cuidado, con un entendimiento que parecía que la moto era parte de sí mismo. Al menos, en el inicio, ganaba puntos de seguridad y comodidad.
Cuando llegaron a aquella feria, a Rose se le abrió un completo mundo de luces y música que apenas recordaba. No tenía recuerdos de ese lugar, vagamente quizá de muy, muy pequeña. Estar ahí era un simple reflejo de todo lo que estaba dejando de lado. Aquel lugar, siempre decía su padre, no era sitio para una señorita educada, fina y soltera, pues todo eran manadas de lobos hambrientos deseando cazar al buen cordero. Ahora no estaba sola al menos. Y Jack parecía ser más lobo que cualquiera de los que había allí. Dejaron los cascos encadenados junto a la moto. Rose pensó que quizá le robaran, pero Jack aseguró que no pasaría nada. Caminaron hacia la larga calle que era la feria. Desde la misma entrada se veía la noria y algúna que otra atracción más. El olor a café, alcohol y comida inundó los sentidos de Rose, al igual que la música. No tardó en discernir la melodía de Cindy Laupner de "Girls just wanna have fun". Le resultó tan irónico que se echó a reir, por la simple letra -¿Me he perdido algo?- preguntó Jack son simpatía, a lo que Rose negó con la cabeza. Mientras paseaban distraidamente mirando aquí y allá, Jack se fijaba en cómo Rose lo contemplaba todo con algo de fascinación, como si hiciese siglos que no veía ese ambiente -Me dijiste... que no salías- se aventuró a decir -¿Era cierto o sólo querías rechazar a un tipo como yo con elegancia?- Rose le miró. Comparándolo con ella, Jack iba vestido muchísimo más sencillo. Ella se había arreglado bastante mientras que él se había cambiado la camiseta blanca por una gris con una calavera extrañamente dibujada, como si fuese algo abstracto y los vaqueros en vez de ser oscuros eran azules. Otro punto más "arreglado" era el no llevar cadenas en los pantalones ni la chaqueta portabas pines o parches, simplemente era negra como la noche. Como adorno llevaba el collar de una estrella, algo extraño de ver en un hombre. Curiosamente no olía a gasolina, sino a colonia masculina. También se había arreglado un poco la barba y el pelo. En cuanto a su pregunta, Rose no supo qué decir en un principio. Era cierto que no solía salir más que a la iglesia, y algo de verdad había en que su forma de preguntarle por una cita... Jack soltó una risilla -Perdóname, quizá me dejé llevar por los mareos- se rascó la sien, pensativo -Puedo hacerlo mejor si quieres- se detuvo y la miró a los ojos. Rose se extrañó -Hola Rose, soy Jack. Verás, me preguntaba que, si no estabas muy ocupada y te apeteciese hacer algo pero no tienes planes, yo conozco un sitio que está ahora funcionando bien, la feria de Ace, y me preguntaba si te apetecería venir conmigo para pasear, conocernos un poco mejor y divertirnos un rato. Te llevaré a casa temprano, te lo prometo ¿Qué me dices?- y sonrió. Tal fue su descaro de imitar una petición de cita perfecta que le talló una sonrisa a Rose en el rostro ¿Es que era tonto? La pregunta le salió de la garganta de forma retórica, no pretendía siquiera haberla pronunciado, pero cuando Jack respondió que sí, que era algo tonto, se dio cuenta de su error. Se disculpó velozmente -Eh, no pasa nada- se encogió de hombros -El tonto es tonto de nacimiento- mantuvo la sonrisa -Pero hasta un tonto puede hacer reir a una chica. Vamos, veamos que nos ofrece este sitio-
Estuvieron paseando de un lado a otro con suma calma. Rose se había planteado relajarse y no preocuparse por su padre o la hora. Ya era de noche y las estrellas salpicaban el cielo junto a una agradable luna -¿Qué te gusta, Rose?- preguntó Jack súbitamente, mientras la chica miraba un puesto de tómbola donde se disparaba para conseguir peluches. La chica no supo qué decir. A parte de la ropa, los bolsos y algo el maquillaje... la música, suponía. Gustos básicos de una chica, dijo -Básicos eh... Te aseguro que hay chicas que no corresponden a esa descripción- sonrió Jack ¿A qué se refería? -El mundo está lleno de gente distinta. Esta época de los 80 es pura transición. No dejamos de evolucionar y revolucionarnos. El concepto de "gustos básicos" ya está dejando de existir- Rose arqueó una ceja, curiosa -Si es verdad que no salías mucho, lo entenderás si sigues saliendo conmigo a dar paseos- rió Jack -¿Qué música te gusta?- la chica mencionó a cantantes como Bonnie Tyler, suponiendo que Jack no la conocería del todo -Sé quién es. Tiene buenas canciones- reflexionó, sorprendiéndola ¿A él le gustaba? -Me gusta la música en general. Nunca digo que no a buenos artistas- la chica se echó a reir -¿Qué es tan divertido?- Rose sólo alcanzó a decir que por su aspecto no esperaba oir eso de él -¿Ah no? ¿Qué crees que oigo?- algo ruborizada y sin pretender ofenderle, suponía que escuchaba rock, metal y esas músicas en auge que estaban catalogadas como malignas y satánicas a veces -Satánico- parpadeó Jack -¿Crees que soy satánico?- Rose se disculpó, no pretendía ofenderle en absoluto. Sólo que... -Tranquila- le puso una mano en el hombro de forma inconsciente -Soy tan satánico que no me ofendo- dijo tratando de contener la risa -¿Quién te ha dicho eso?- ella relfexionó. Su padre era el único que se le venía a la cabeza. Quizá sus amigas, antes de echarse novio... -Tu padre tiene mucho que aprender. Y más tus amigas. Algún día, si te interesa, te enseñaré unas canciones tan bonitas como las que pueden cantar Bonnie, Bryan Adams y demás- ¿En serio? A Rose le costaba imaginarlo -La imaginación a veces no llega a puntos concretos de la realidad. No puedes imaginar algo que no conoces, no bien, al menos- dijo cálido y amable. Tenía razón, a fin de cuentas. Ella nunca imaginó que él sería así de cercano, bueno y gentil, por su simple aspecto.
Mientras conversaban de sus gustos y aficiones y se conocían cada vez un poco más y más, terminaron llegando a un pequeño grupo de personas que se arremolinaban alrededor de un hombre alegre que retaba a los hombres de las parejas de novios a que participasen en el Camino del Héroe, un circuito de tres actividades sencillas para ganar un premio a elegir para sus chicas. Animaba a los hombres y los bravuconeaba comparándolos con Rambo, He-Man, Terminator, Hércules y demás héroes de las películas, animación y cómics -Yo siempre he sido más de los Skywalker- arqueó una ceja. Rose se preguntaba qué estaban haciendo ahí, escuchando. De pronto, al abrir la veda, la canción de Bonnie Tyler "Holding out for a Hero" comenzó a sonar de los altavoces. Jack la miró y le sonrió -¿Necesitas un héroe, Rose?- la chica pestañeó perpleja -¿Te gusta algo de los premios?- la chica, nerviosa y ruborizada, miró a los premios. Aseguró que no era necesario -Elige. Hoy yo soy tu Han Solo, princesa Leia- no estaba segura de qué significaba eso, pero sonaba bien. Los tres obsequios de los que elegir eran un ramo de rosas, un par de llaveros de corazón y un pequeño peluche, modesto, pero precioso, de un gato tigrado gris con un collar rosa y ojos amorosos. La mirada de la chica lo dijo todo, aunque tampoco es que le resultase excesivamente deseable. Jack dio un paso al frente con Rose y pidió participar. Las pruebas eran sencillas, una práctica de tiro de corchos, lanzar dardos y golpear con el martillo. Jack se enfrentaba a otros cuatro chicos, a los cuales sus novias vitoreaban sin cesar mientras Rose observaba callada, rígida, ruborizada y sin saber qué mirar exactamente. Al menos se dejaba llevar por la música, tarareándola en su mente. Todo pasó rápido afortunadamente y a Jack no le costó en absoluto ganar, sobre todo en la prueba del martillo, pues tenía fuerza de sobra debido al entrenamiento para la lucha. Le faltó poco para perder contra un pijillo en las prácticas de tiro con rifle de corcho, pero le superó. Cuando acabó, le entregó a Rose el peluche del gatito, que ella miraba y examinaba con cuidado -¿No te gusta?- preguntó, sonriente. No perdía la sonrisa a pesar de todo. Le daba cierto encanto -Puedo conseguirte otra cosa- ella negó terriblemente apurada. Era mono, bastante, sólo que ya tenía una edad -Lo sé, es un juego para adolescentes, pero nunca he participado y me apetecía- rió con una mano en la nuca -Lo siento si te he hecho pasar vergüenza- ella volvió a negar. No había conocido a nadie que se preocupara por esas nimiedades por ella, ni siquiera su padre. Jack no sería un héroe quizá, sino un 30 añero motero y rockero que se metía en concursos para adolescentes enamorados, pero al menos conseguía hacerle reir con esas pequeñas tonterias y relajarla, todo lo contrario que su padre.
La velada estaba casi acabando mientras caminaban. Jack había comprado unos caramelos de sabores de limón y naranja que sabía que estaban deliciosos, que compartió con Rose. Aunque se consideraba de mala educación Jack invitó a Rose a degustarlos y a la vez hablar. Le daba una terrible vergüenza, pero terminó haciéndolo por insistencia de Jack -¿Ves como se te entiende?- rió -No vas a llenar el suelo de saliva. No tengas tanto miedo a meter la pata. Es así como se aprende- y tanto. Así aprendió a desafiar a su padre -Oye Rose... antes hemos estado hablando sobre tu padre y perdona si es una pregunta indiscreta, pero... ¿Eres infeliz con él?- Rose negó automáticamente, pero... confió un poco el hecho de que se sentía algo prisionera, atada, perdiendo su vida hasta que su padre decidiese quién era digno de casarse con ella. En ese preciso instante, caminando, se toparon con una pareja más o menos de su edad. Era Evelyn, una vieja amiga de Rose, con su esposo. Se habían casado no hace mucho y desde entonces no se veían. Ambas se recibieron con una sonrisa encantadora mientras que el marido de Evelyn, Scott, miró a Jack con un profundo desdén. Ambas amigas estuvieron conversando sin mayores problemas durante unos minutos hasta que Evelyn también se fijó en Jack y se hizo un extraño silencio -No soy su novio- dijo el muchacho, sarcástico, ante el escrutinio de los adinerados amigos
-Tampoco pasaría nada- dijo Scott, con una falsa sonrisa
-¿Tú crees?- Jack se metió las manos en los bolsillos del pantalón, airado -Parece que me miras como a un animal de zoo-
-Para nada, para nada. Me llamo Scott- le tendió la mano
-Jack- Jack le estrechó la mano con educación, pero sintió cómo le crujían los dedos de la mano bajo su fuerte apretón. Scott se hizo el valiente y no expresó dolor, pero se le aguaron los ojos y Jack mostró una media sonrisa de satisfacción.
-En...encantado-
-El gusto es mío-
-Bueno Eve... ¿Nos vamos?- Evelyn asintió. Venían de una carpa que había unos metros más allá, habían estado bailando toda la noche y tomando unas copas. Ya era hora de volver al dulce hogar con su esposo, pues estaban esperando buscar al niño. Rose sintió que aquellas palabras iban cargadas de maldad, como una espina lanzada con una cervatana, silenciosa pero punzante, sobre todo por la última mirada que le dirigió a Jack mientras lo decía ¿Insinuaba que su "novio" no era lo bastante bueno para tener un hogar y ser padre? Quizá. Puede que sí ¿Pero desde cuando su amiga era tan venenosa? Cuando se despidieron, Rose parecía algo apagada
-¿Estás bien?- ella asintió y suspiró, saboreando el caramelo que había mantenido oculto en la mejilla. Suspiró porque era la única de sus amigas que no había empezado a vivir su vida, todas adelante, todas sin dar un paso atrás. A todas la vida le iba de escándalo mientras que ella simplemente iba a la iglesia y volvía a casa, como de costumbre. Ella también quisiera poder dar paseos como esa noche, poder decir quizá que se había enamorado, debía de ser una sensación agradable ¡Y bailar! Hasta eso le apetecía aunque nunca le llamase en exceso la atención... No quería estropear la noche, de modo que se disculpó por el pequeño bajón repentino, sólo era reflexiones que a él no debían importarle lo más... ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué tiraba de ella? -Ven conmigo- dijo tirando de ella con suavidad. No se había percatado de que le había cogido la mano. La arrastró hacia la carpa. Jack lo había oido. Y ahora ella también. Otra vez la buena de Bonnie sonaba en los altavoces con Total Eclipse of Heart -No hace falta esperar mucho- le dijo, sin soltarla, fuera de la carpa, sin necesidad de entrar, lo justo para oir la música -Oye, lo siento, tal vez no soy el chico que te enamorará- se encogió de hombros -Ni tengo la planta de ese Scottcido, pero he querido venir aquí para desconectar de todo... y a ti te vendría bien ¿No crees?- ella asintió, con un ligero tiriteo. Hacía frío -Relájate un poco... ¿Sí?- se quitó la chaqueta y se la cedió, poniéndosela encima como una capa. La atrajó hacia sí un poco y tomándola del hombro y la mano, la hizo girar poco a poco, rotando ambos, en un vago baile con la bonita canción, escuchando la letra, pero bailando aquella noche... a fin de cuentas -Olvídate de todo esta noche. Ambos... lo merecemos-
Ya de vuelta, Jack conducía la moto con completo cuidado mientras atravesaban las oscuras y solitarias calles de Ace City, iluminadas sólo por las farolas. El silencio hacía que el rugido de la moto se oyese a leguas y atrajo la atención de Norman, que asomado a la ventana, se desvivía por saber dónde estaba su hija. Desde lejos veía una luz que se acercaba, pero sabía que no era ella. Rose en una motocicleta como esa... era imposible... ¿O no? El vehículo se detuvo en la acera con parsimonia y una figura conocida bajó de la misma. Se quitó el casco sólo para ver que era Rose, algo despeinada, hablando con aquel que también se quitó el casco. Un muchacho con un aspecto muy poco deseable -Espero que al menos lo hayas pasado bien- dijo con una sonrisilla el chico, observándola. Tenía la cara aún algo taciturna, pero aseguró haberlo pasado bien. Ella imaginaba lo que le esperaba en casa -Tienes mi número por si te apetece que volvamos a dar una vuelta, o si quieres que te haga un arreglo en el pelo- se rió de su despeinada cabellera -Te valoras poco Rose. No pareces apreciar lo bien que te queda el cabello así, despreocupado, desmelenado, sin tener que tenerlo perfectamente correcto- dijo con calidez -Me alegro de que aceptaras venir conmigo. Me ha resultado refrescante. Mucho- ella asintió, ruborizada, coincidiendo con él -Siento si el peluche no es muy de tu agrado- ella negó con la cabeza. Mientras hablaban, ella se fijó de nuevo en el collar -¿Te gusta?- lo tomó Jack con los dedos -Es un regalo. Del amor de mi vida- Rose abrió los ojos como platos ¿Tenía novia? ¿Tenía novia y la había invitado a salir? -Me lo regaló la hija de mi tío. Es como mi hermana pequeña- aclaró de pronto, quitándole una losa de encima a Rose -Desde entonces no me lo quito o dice que me pegará con sus muñecas. Y son de plástico duro- ambos se sonrieron. Rose aseguró que debería entrar en casa -De acuerdo. Buenas noches Rose- la chica se dio media vuelta y echó a caminar -Que descanses- le dijo algo más alto mientras se acercaba mientras ella le miraba por encima del hombro y le sonreía. Hasta que ella no cerró la puerta, no oyó a la moto partir.
No pudo adentrarse demasiado a la casa cuando su padre la interceptó bajando las escaleras. El simple vistazo a su rostro enrojecido y sus ojos saltones por la furia encogieron el corazón de la chica, que intentó no bajar la cabeza en señal de derrota -¿Se puede saber, Rose... en qué clase de historias... te crees que te estás metiendo...?- dijo conteniéndose, aunque no duró mucho -¿¡QUIÉN DEMONIOS ES ESE VAGABUNDO!?- tronó su voz. Afortunadamente Brigitte se había ido -¿¡Qué clase de educación te he dado, niña, para que vengas montándote en motocicletas ajenas como una vulgar ramera de barrio bajo?!- Rose se sobresaltó al oir semejantes palabras -¡Tú eres mi hija! ¡La hija del fundador del banco Mills! ¿¡Cómo tienes la poca vergüenza de ensuciar nuestro nombre y nuestra reputación juntándote con tan baja calaña!? ¿¡Te das cuenta de que te podría haber secuestrado!? ¡Te podría haber violado, te podría haber asesinado!- Rose trataba de morderse la lengua -Qué desgracia... qué vergüenza... ¡Vuelvo de la oficina queriendo llamar al bueno de Dick Grey, el hijo de Sebastian, y me encuentro con que te vas con aires de grandeza, como si fueses alguien! ¿Y qué me encuentro después? Que te has ido con un hippie motero satánico de esos que sabe Dios qué habría hecho contigo ¡MALDITA SEA ROSE!- la chica finalmente estalló, con los ojos supurando lágrimas de frustración, poniéndose a su nivel a la hora de gritar, de que Jack no era ningún hippie infernal -¿Jack...?- soltó una carcajada despectiva -¡JACK! ¿Qué nombre es ese Rose? ¡El nombre de un cualquiera que puede no tener nombre! ¿Has oido hablar de John Doe? ¡Estás loca!- Rose inquirió en que no sabía qué le pasaba, en por qué estaba tan paranoico, sólo había querido salir a socializar como él decía que quería para ella -¡Pero no con completos extraños y desconocidos! Rose, el diablo vigila en cada esquina y nosotros somos demasiado puros como para ir desprotegidos. Nos acechan, nos vigilan. No voy a permitir que te hagan daño. No voy a tolerar que te pongas en peligro. Espero por tu bien jovencita que no le hayas dicho que vuelva a buscarte- ella recalcó que ya no era tan "jovencita" -Oh, sí, lo eres. Sólo eres una niña. Una niña ignorante que por tener edad suficiente se cree capaz de decidir por su cuenta, cuando ignora los peligros del exterior. Ace City ya no es lo que era Rose. Olvídate de salir ¡Olvídate de pisar la calle hasta para ir a la iglesia! ¡Ya me ocuparé yo, YO, de procurarte un hombre de verdad, alguien que te cuide como es debido!- ¿Alguien como es debido? ¿Alguien como Scott? Pensaba Rose, alguien que miraba a su mujer como quien mira a una tabla de planchar. Scott mostraba más interés en Jack que en la propia Evelyn. Si la miró con entusiasmo fue porque iban a acostarse en cuanto volvieran a casa. Un hombre de dinero, sí, un hombre afortunado y formado, pero que ni se presentó formalmente a Rose mientras que Jack no dejaba de tratarla como una igual, sin importar la clase social. Al menos él... aunque fuese un puñetero peluche de un gato para niñas adolescentes... Furiosa, se secó las lágrimas y avanzó hacia la mesa de la entrada donde estaba la caja de las llaves -¿Qué crees que estás haciendo?- Norman se avalanzó hacia ella para detenerla, pero Rose tomó las llaves del coche aún así. Cuando él la agarró del brazo, ella le miró desafiante, indignada y furiosa -¡Soy tu padre y me debes respeto, niña!- respeto sí, pero no una ciega obediencia ni esclavitud, dijo ella siseando, antes de soltarse de él y correr hacia el exterior, montarse en el coche, arrancar y partir.
Al cabo del rato, una llamada desesperada azotaba la puerta de la iglesia. Adam se levantó de la cama con prisa, envuelto en su bata, para abrir pensando que era alguna urgencia. Lo que encontró fue a una llorosa Rose, que necesitando un abrazo de consuelo, le fue otorgado por Adam -¿Qué ha ocurrido, niña? ¿Ha sido Jack? ¿Te ha hecho daño...?- preguntaba enormemente extrañado. Nunca esperaría algo tan cruel de Jack. Era un buen chico dentro de lo que cabía. Ella no tardó en negar que había sido Jack, sino su padre -¿Qué ha pasado...?- el teléfono sonó de forma inmediata entonces -Tal vez sea él...- al contestar, efectivamente, era un alteradísimo Norman -Sí... está aquí Norman-
-Dile a esa ingrata que vuelva enseguida ¡No toleraré tamaño desprecio por su padre!-
-Norman... ¿Estás bien?-
-¡No estoy bien Adam, no estoy bien en absoluto!- dijo y casi se le rompió la voz
-Oye... creo que ambos estáis... demasiado alterados hoy-
-Escúchame párroco, no se te ocurra meterte entre mi hija y yo-
-Es tu hija, banquero- inquirió con desdén -pero es tan amiga mía como lo era tu esposa, como lo hemos sido tú y yo, de momento- Norman respiró profundamente
-Dile que se ponga...- dijo algo más calmado, respirando profundamente
-No hoy Norman. Está en la iglesia. Esta es la casa de Dios. Déjala pasar la noche aquí. Estará a salvo, completamente- inquirió
-Pasar la noche en la iglesia... si no fueras tú, Adam, diría que tenéis algo. Siempre está allí-
-Antes también solías venir tú. No sé que te estará pasando Norman, pero estás cambiando-
-Es complicado. Jamás lo entenderéis. Jamás- recalcó
-De acuerdo... si no quieres contarlo estás en tu derecho, pero sabes que se me da bien escuchar. Si cambias de opinión puedes pasarte mañana, o cuando te apetezca, pero te pido como viejo amigo que dejes a Rose pasar aquí la noche. Creo que los dos debéis relajaros un poco antes de hablar o... lo que sea- hubo una larga pausa al otro lado de la línea -¿Norman?-
-Está bien... está.. bien...-
-¿De verdad te encuentras bien?-
-Sí... yo... Sólo necesito descansar también, son días duros, mucho estrés...-
-Está bien, descansa. Relájate... Rose está a salvo. Mañana la tendrás de vuelta-
-De acuerdo Adam... confiaré en ti. Y... gracias- colgó. Adam permaneció un instante mirando al teléfono y también colgó para encargarse de rose.
Norman se volvió a asomar a la ventana, nervioso, asustado, temeroso, buscando algún enemigo en las inmediaciones. Lo único que vio moverse en el exterior era un gato negro de ojos dorados que le miraba desde fuera, con un collar del color de la sangre ardiente. La mirada del felino le inquietaba y echó las cortinas, dispuesto a irse a la cama. El gato no se movió del patio de la casa durante toda la noche.
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