Airado, tratando de calmarse, Jack se sentó en la silla ante la mesa de trabajo donde solía inspeccionar alguna pieza suelta o rota para tratar de arreglarla antes de colocarla en algún coche o moto en el taller. Allí tomó unas vendas algo añejas y amarillentas que solo usaba para envolverse con ellas los nudillos. Tenía que irse en breves para un combate pactado para esa noche. Había bastante dinero en juego. Seguramente, pensaba, aprovecharía la furia que Megan le causaba y la volcaría sobre el contrincante. Esperaba ganar con ello, la ira era bastante pronunciada en su interior -Jack... tío...- comentó Dwyne -Creo... que te has pasado un poco- masculló, calmado
-¿Que me he pasado?- Jack le miró furioso -¿¡Que me he pasado!?-
-Eh... no la pagues conmigo- alzó una mano en señal de paz -Sólo digo-
-Creo que olvidais el hecho de que por mucho que seamos colegas y una banda, ESTE LUGAR- inquirió alzando la voz y señalando al suelo -es MI PUTO TALLER- su aclaración creó un eco en el silencio -Puedo decidir quién coño entra y quién no ¿Estamos? Y si ella sigue viniendo es por vosotros, porque la queréis en el equipo, porque os cae bien y por otras razones que ya me sé- comentó para no echar más leña al fuego, viendo la cara de disgusto de la pobre Natalie -Y os miro a todos en este aspecto, no sólo a Jean-
-Se supone que no te molesta, o no te molestaba- añadió Dwyne, mirando la botella vacía que Megan le había dado y lanzándola a la basura con puntería certera -No es tu chica ya y si a ella le apetece echar un polvo y a ti te da igual... ¿Por qué no debería irme con ella a la cama?-
-A la cama o a esta mesa de trabajo. Lo sé, Dwyne. Sé que la mayoría de las veces os la habéis tirado aquí- inquirió Jack con el ceño fruncido. Fue en ese momento cuando Natalie definitivamente informó de que iba a marcharse. Estaba incómoda, muchísimo -Lo siento mucho Nat- concluyó Jack con un suspiro, a lo que ella respondió con otro más apesadumbrado y cargado
-No te vayas nena. Ha sido un altercado de nada. Ella ya se ha ido. Quédate y divirtámonos- insistió Jean. Ella en seguida recalcó que no, que necesitaba marcharse -Bueno... déjame acercarte- de nuevo, una negativa. No, no tenía intención. Buscaría un taxi. No tenía ganas de estar con ninguno de ellos y menos con Jean. Se sentía engañada, se sentía frustrada, se sentía humillada. No pretendía volver a verlos, a ninguno de ellos. No era... su lugar. De tal modo, recogió su bolso y su abrigo y echó a andar sin tan siquiera decir adiós. Parecía ser que Jack y Reed eran los únicos que no la miraron irse con cara de bobos sorprendidos. Eran los únicos que la entendían -Espero que estés contento cabronazo ¡Me has jodido el polvo!- gruñó Jean, dando una patada al sofá
-Vuelve a soltar una patada Jean y te meto el zapato en la boca-
-¿Tú y qué ejército?-
-Haya paz tíos- dijo Reed entonces, cruzado de brazos en el segundo sofá -Somos colegas. No nos peleamos por un coño- decía sobretodo a Jean -Creía que teníamos esa lección aprendida-
-Pues recuérdasela a Jack, que ahora nos echa en cara habernos liado con Megan-
-No estoy echando nada en cara- gruñó, poniéndose en pie y recogiendo la chaqueta de cuero -Sólo recalco que si sigue viniendo es porque la seguís consintiendo. Os basta que menee el culo para teneros contentos. Os levanta la polla con un vistazo al escote y correis a ponerla a cuatro patas o la colgais de la pared como si fuese un cuadro. A mi me la suda completamente, como si os montáis una orgía y le teñís el pelo con vuestras corridas pero yo no pienso aguantarla. Si la dejé fue por una razón y no va cambiar. Aquí mando yo- terminó por aclarar, hablando de forma más sosegada -Espero que lo recordéis. Somos colegas, somos hermanos, y nuestra amistad está antes que cualquier par de piernas, como bien dice Reed- Reed asentía desde su asiento -Espero que lo tengáis todos claro porque Jean, no sé si te has dado cuenta de que has dejado a Natalie a la completa merced de una víbora como Megan. No está al nivel. Natalie es una buena chica y Megan está tan harta de chupar pollas que no sólo habrá tragado esperma sino maldad de a quien coño se esté follando para tener el dinero que tiene últimamente. Todos sabemos que no es trigo limpio. Se está ensuciando las manos más de lo que debería-
-¿Qué tiene que ver lo que esté haciendo Meg con su vida? Además Nat estaba bien. Ha sido tu jerigonza del follárnosla lo que ha espantado a Natalie- se quejó Jean de mala gana
-No tienes ni puta idea de lo que te rodea ¿Verdad Jean?- Jack recogió el casco y las llaves
-¿Y tú sí? Megan ha sido tu primera piva y desde entonces no te he visto con ninguna ¿Vas a hablarme a mí de mujeres? ¿Tú? Acabarás como te digo, como el puto cura ese al que vas a ver a veces. Te lo juro Jack tío, si no terminas con alzacuellos, estarás vestidito de monaguillo mientras te da por el culo-
-Te daría una hostia si no fuera porque tengo que guardarmelos para esta noche- bufó -Me piro. Cerrad este puto sitio cuando estéis hartos de tocaros la polla el uno al otro- subió a la moto de mala gana y arrancó tras colocarse el casco, que le cubría por completo el rostro, de color negro
-Jacky- Dwyne se levantó y se acercó a él, con cierto aire paternal, quizá por ser el mayor -Déjalo ¿Vale? Ya sabes como es Jean- sonrió -Ten cuidado colega. No dejes que te hagan daño. Vuelve de una pieza- Jack asintió, apretó el puño de la moto y salió con el rugiente motor hacia la carretera, dejando a sus colegas a solas
-Está perdiendo el hilo, tío- dijo Jean abriéndose otra cerveza -Últimamente está más malhumorado que de costumbre y de verdad pienso que es ese cura. Cada vez se lleva peor con Megan y está separándonos. Joder, yo quiero que ella siga con nosotros-
-Hay que aceptarlo. Es jodido estar con tu ex rondando. Pensadlo. Nosotros somos de mente abierta, pero no cualquiera vería con buenos ojos este rollo que nos traemos con Megan- terció Reed
-Empezó ella. Ella tras cortar con Jack fue dando saltitos de uno a otro como una abeja recogiendo polen para hacer miel. Y no somos sus novios. Sólo son polvos esporádicos. Y no te hagas el santo Reed, tú has estado con ella también- se encogió de hombros Jean
-Yo sólo me he acostado con ella una vez... ¿Y tú Jean? ¿Y Dwyne? ¿Y Oliver?-
-Yo creo que cuatro o cinco- bebió Jean
-¿Seis?- trató de rememorar Dwyne, que por el tamaño y volumen de su físico era el más atractivo para una chica que buscaba poder físico. Tenía fama de ser una bestia
-Cuatro yo- añadió Oliver -Y recuerdo cada una de las veces. Es una fiera, una pantera. Y joder si está buena, me cago en Dios-
-Y que lo digas- rió Jean -Tiene un culo que... A cuatro patas es una delicia. Darle y ver cómo le botan las nalgas es...- se rascó el paquete -Tíos, me estoy poniendo cachondo. Ojalá no se hubiese ido-
-A mí me gusta que me monte. Soy muy de tetas y así se las puedo agarrar. Aunque a veces no sé de qué forma cogerlas para no perderlas de vista...- Dwyne parecía estar perdido en sus eróticos recuerdos
-¿Os estáis escuchando?- suspiró Reed. Oliver, que estaba a su lado, le pasó el brazo por los hombros
-Veeeeenga Reed, Jack no está ¡Y además le da igual! No la soporta, no sigas pensando que le importa Megan. Ya has visto que si por él fuera, no vendría más- dijo el joven acicalado
-A veces pienso y no sé qué es peor, si que nos la hayamos tirado o que hayamos votado porque siga viniendo contra la voluntad de Jack. Somos unos cabrones- reflexionó y los demás guardaron silencio respetuosamente. Sí, estaban de acuerdo, eran unos cabrones
-Pero es que está muy buena tío- insistió Jean y una vez más varió la conversación hacia la temática sexual. De nuevo estaban de acuerdo, eran unos cabrones, sí, pero Megan era demasiado sexy para dejarla marchar y perder la oportunidad de volver a follársela. Reed tuvo que asentir, a pesar de su remordimiento.
Al cabo de una hora, aquella noche, Jack ya estaba en el cuadrilátero, esperando que entrase su contrincante. Se encontraba descamisado, embrutecido por la rabia recordando a Megan y la actitud de Jean. Se sentía mal por Natalie. Y de Natalie varió a Rose ¿Por qué se acordó de Rose? Quizá por imaginársela en el taller con los paletos de sus amigos. La tratarían con amabilidad pero seguramente volarían sobre ella como moscas sobre la mierda. Era una chica bastante guapa, parecía agradable, aunque tímida. Tenía un color de ojos llamativo y una sonrisa atrapante cuando hablaba con Adam, como pudo ver en el rastrillo benéfico. Había algo en su vulnerabilidad que... -Jacky ¡Jacky!- Walter le llamaba con insistencia -¡Hijo! ¡Que te estoy hablando!- Jack meneó ligeramente la cabeza, ensimismado ¿Qué coño estaba haciendo? No podía distraerse -Escucha, chaval- le dijo Walter cuando se acercó a las cuerdas -Este tío es un demonio ¿Vale? Ten cuidado. No te esfuerces demasiado. Si ves que te calienta el morro de más, ríndete, dejate caer y que pase la cuenta. O tiraré la toalla-
-No vas a tirar nada- bufó Jack
-Esto no es una película de Rocky, capullo. No le llaman Devil por nada. Ya ha retirado a chicos más jóvenes que tú. Ha peleado en los campeonatos mundiales pero le expulsaron por ser demasiado brutal-
-Genial...- suspiró Jack para ver que el gigantón subía a la lona. Le sacaba una cabeza, era enorme en volumen, moreno y con pelo largo. Tenía aspecto de ser hawaiiano, haitiano, o algo similar -Helo ahí... el hijo del diablo-
-Ánimo chaval... las apuestas están contra ti, así que no temas perder. Te pagaré aunque pierdas. Te lo mereces por llegar hasta aquí. Te he cogido cierto cariño-
-Me conmueve...- se colocó el protector dental y sonó la campana.
El combate no fue demasiado largo. Jack y Devil intercambiaron golpes de forma simultanea, como dos robots prácticamente, autómatas programados para recibir y ofrecer daño físico al contrario. Jack consiguió encajar un buen par de golpes en los costados y en el rostro al enorme moreno, pero el tal Devil le ganaba en tamaño, de manera que el alcance de sus brazos y la potencia en los mismos eran mayores. Recibir un puñetazo de Devil era como ser golpeado por una rama que cae de un árbol. Bastaron un par de puñetazos para derribar a Jack, aunque éste recogió fuerzas para levantarse a pesar de la petición de Walter. Devil lo miraba con cierta admiración por echarle valor al asunto que los ocupaba. Walter había enseñado bien a Jack, lo suficiente al menos para tener un plan. Una táctica a la hora de un combate en la calle, en la lucha libre o en este caso la MMA era que al enfrentarse a un enemigo mayor en tamaño, la única forma de ganar era tirarlo al suelo y aprovechar la ventaja. Sucio, pero efectivo, sobretodo si la salud de uno estaba en juego. Jack optó por ese plan y placó las piernas de Devil, derribándolo. Se subió sobre él y comenzó a golpearle el rostro, castigándoselo con ahínco y furia. Fueron 9 sino 10 los golpes que recibió Devil, con el labio sangrante por los golpes, hasta que agarró la cabeza de Jack y le propició un cabezazo tal que le reventó una ceja, quitándoselo de encima. Aturdido, Jack rodó por el suelo. Devil fue ahora el que se posicionó sobre él -Mira...- le dijo entre susurros a pesar del griterío del público de mala fama que estaba observando -Admiro tu determinación. Eres el primero en mucho tiempo que me hace sangrar de esta forma- escupió sangre a la lona -Me caes bien...- sonrió con el protector enrojecido por la sangre -Pero tengo que ganar, a ti y a todos, lo siento, colega- y le golpeó. Cada golpe descargado, cada puño sobre la cabeza de Jack, era como un martillo golpeando un yunke en la forja de un herrero medieval. Con tres golpes, Jack quedó casi inconsciente. Sonó la campana. Walter había tirado la toalla.
Alrededor de 15 minutos pasaron hasta que Jack estuvo en condiciones de ponerse en pie, debido a las contusiones. Tenía la cara fatal y la sangre no dejaba de salir. Además le dolía uno de los brazos y no entendía bien por qué, ya que no le realizaron ninguna llave, sólo recibió golpes -¿Estás seguro de que vas a irte así, chaval?- dijo Walter preocupado, fumándose un puro
-He de volver... mi familia...-
-Tu familia se va a morir del disgusto, chico. Quédate aquí y diles que estás de fiesta con un amigo-
-No Walter... lo que menos me apetece es estar aquí. Estoy deseando echarme en la cama-
-A tu gusto campeón... ve con cuidado. Deberías ir andando y no en moto. Estás mareado-
-Sin mi moto...- rió -Sin mi moto no soy nadie. Sólo dejaré de montarme en ella cuando me maten o me enamore de verdad-
-Qué romántico para estar tan apelado como un saco de boxeo- sonrió Walter ante el humor de Jack a pesar de todo -Jacky... lo has hecho bien. Tienes talento. No te insistiré en irte a los campeonatos otra vez, pero te agradezco que no te rindas a la primera de cambio- le entregó un sobre con dinero -Te lo mereces después de todo-
-Esto es más de lo acordado- dijo contando el dinero -He perdido Walter- insistió Jack
-Que sí, que te han vapuleado como a un felpudo, pero me siento generoso hoy. Vete antes de que me arrepienta, anda...- le guiñó el ojo. Y así lo hizo. Jack se marchó con la cara partida, un brazo dislocado y unos buenos billetes en el bolsillo, pero no tenía la suficiente salud. Estuvo a punto de caerse un par de veces de la moto hasta que por cuestiones de azar, quizá, acabó acercándose cada vez más a la parroquia de Adam. Detuvo la motocicleta. Se bajó y se quitó el casco con gran dolor tras asegurarla. Anduvo dando ligeros tumbos hasta la puerta.
En ese preciso momento, Adam estaba acompañado a Rose hacia la puerta. La chica había recogido su bolso y andaba preocupada, dubitativa, debido a su padre, quien últimamente parecía estar demasiado apegado a los papeles y la mesa de su despecho, tanto en el banco como en su casa, como para hacerle el menor caso. Inclusive había dejado de acudir a la iglesia, cuando él se convirtió en un férreo diligente del rebaño cuando falleció la madre de Rose, habiendo hecho buenas migas con Adam -No te preocupes Rose, seguramente estará atravesando una época de estrés. Con el paso del tiempo los bancos cada vez se expanden más y más, cada vez hay más ricos y a su vez más pobres, se generan desigualdades en las economías de las familias, tiene cada vez más clientes de distinto calibre y...- suspiró -En resumidas cuentas, no debes preocuparte mujer. Todo irá bien. Estoy seguro de que...- Rose abrió la puerta mirando a Adam, y éste calló súbitamente al ver a Jack, con la cara sangrante y la mirada algo perdida -¿¡Jack!?-
-Necesito un vaso de agua, por favor...-
Minutos después, Adam acompañó al trastabillante Jack hasta una silla -Por el amor de Dios, muchacho ¿Se puede saber qué te ha pasado?- Jack, una vez sentado, miró a Adam y luego a Rose -Un pijo me quiso robar el dinero de la colecta...- dijo en tono jocoso aunque se dolía de la cabeza, sobre todo de la ceja, que le empapaba ligeramente el ojo y lo mantenía cerrado -Ella no vino a devolverme el favor- la señaló -No me protegió de su bote de laca y gomina. Mira lo que me ha hecho...-
-Búrlate. No cuentes qué te ha pasado si quieres, pero sea lo que sea, es serio. Te has hecho un buen daño y esto requerirá puntos. Deberías ir al hospital- regañó Adam
-No es más que un rasguño. Se curará. No pienso ir al hospital-
-Eres tan cabezón como tu tío- bufó -Afortunadamente para tí sé suturar un poco...- estuvo en el ejército a fin de cuentas -Voy a ver qué tengo por aquí...- buscó en una pequeña caja de botiquín algodones, alcohol y mercromina. Empapó el algodón con alcohol y comenzó a aplicárselo a Jack, que rugió como un león furioso -No seas infantil. Es alcohol sólamente. Seguro que bebes más de lo que te estoy aplicando-
-No me conoces y me juzgas... apenas bebo alcohol, Adam- suspiró
-Lo que tú digas. Tus amistades no me inspiran que seas demasiado diferente a ellos...- suspiró también -No deberías de ser tan cafre...- al ver que la herida no terminaba de cortar la sangre, Adam se dispuso a ir a por la sutura que tenía para emergencias. Esperaba tener suficiente
-También me duele el brazo, creo que me lo he dislocado- añadió al asunto Jack
-Vaya por Dios... intentaré arreglarlo también. Espera aquí... ¿Rose? ¿Te importaría aplicarle alcohol y secarle la herida mientras vengo? No tardaré- le entregó el algodón a la chica y la pequeña botellita de cristal rellena de alcohol desinfectante de alta graduación. La muchacha se quedó perpleja mirando a Jack y al algodón, consecutivamente
-Se agarra con suavidad y se aplica sobre la herida a desinfectar con suaves toquecitos, por la parte empapada de alcohol- se mofó, con media sonrisa pícara, a pesar de que sus ojos denotaban un terrible cansancio. Rose suspiró y alegó saber cómo se hacía. Con sumo cuidado empapó el algodón y con suma lentitud fue a aplicarlo. Al ver que tardaba más de la cuenta y le temblaba un poco la mano, quizá asustada de que Jack le gruñese, el chico le tomó la mano con suavidad y se la llevó a la herida. Siseó ligeramente por el escozor y le soltó la mano a Rose -No te voy a morder...- le aclaró con aire comprensivo -No tienes que temer de mí- la mano de Jack resultaba dura al tacto, aunque cálida. El ambiente olía a una mezcla de desinfectante y gasolina, y algo de humo de tabaco que Jack traía impregnado del local donde las peleas -Así que... Rose...- ella trataba de no mirarle a los ojos, concentrada en su labor, mordiéndose la lengua con suavidad para no hacerle daño y ganarse una regañina de un tipo con malas pintas -Lo haces muy bien, mejor que él desde luego- cerró un poco los ojos. El extremo cuidado de la chica hacía que no escociese tanto. De pronto escucharon el teléfono sonar. Objetos cayeron al suelo. Pasos apresurados. Adam contestó al teléfono y su voz sonó pesada. La señora Dogherty. Rose ya la conocía. Adam le había hablado de ella. Una señora ultrareligiosa que todo consideraba pecado. Por lo que Adam hablaba, intentaba tranquilizarla y convencerla de que tropezar con un vecino en la escalera no era pecado de lujuria y no se quedaría embarazada. Era una señora bastante mayor, bastante ignorante, y algo tonta en el buen sentido. Inocencia en su máximo sentido. Daba una dulce pena y por ello Adam siempre la atendía a pesar de lo pesada que era -Creo que vamos a tener que esperar un poco ¿Eh?...- sonrió -Deberiamos presentarnos formalmente. Me llamo Jack ¿Y tú?- ella ya sabía su nombre y él el suyo, pero aún así sabía que era cuestión de modales. Se presentó oficialmente como Rose -Encantado de conocerte Rose. Te llevo viendo unos... auch, auch- la chica se disculpó -No pasa nada- amplió la media sonrisa -Te llevo viendo, como te decía, unos cuantos días cuando vengo... ¿Siempre estás aquí?- ella asintió -¿No tienes más amigos a parte de Adam?- ella no respondió, nada en absoluto -Vaya... ¿Te apetecería salir a dar una vuelta conmigo mañana al caer el sol?- la pregunta la desarmó como si la estuviese apuntando con una pistola.
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