miércoles, 29 de marzo de 2017

La reacción de Rose fue, sencillamente, reír. Reír porque le pareció divertido y porque no se tomó en serio aquella pregunta. La gente solía tomarle el pelo, pero aquel no parecía uno de esos momentos. Jack estaba muy serio, y aquella seriedad se la contagió a la chica, quien pestañeó incrédula, sin comprender. -¿Iba en serio?- el joven asintió levemente, seguramente debido al mareo. -¿Por qué?- preguntó sin tapujos. En su mente, no casaba la idea de que alguien como él quisiera salir  un rato con alguien como ella. Entonces, Jack la miró. Fue en ese preciso instante en el que Rose se dio cuenta de que no era tan mayor como lo había imaginado desde un primer momento. Estudiando su rostro, solo observó un par de arrugas en la frente, típicas de la expresión. La barba, ocultaba una mandíbula juvenil y unos labios gruesos algo agrietados, y sus ojos, brillaban como los de alguien lleno de inquietudes. Sin duda, le sacaría pocos años. Fue directo al decir que la razón no era otra que su apetencia. -¿En serio? ¿Te parece divertido?- la chica no conseguía dar crédito. Jack se adelantó a asegurar que no le estaba pidiendo matrimonio, sino salir, divertirse. No le veía lo gracioso ni lo serio por ninguna parte. Aquel comentario consiguió poner nerviosa a la chica, que apenas sabía como contestar a aquello. -No. Si. O sea... es que yo...- la respuesta fue interrumpida por un Adam sofocado, que se rascaba la sien, cansado quizá de la llamada telefónica. Se preguntaba si la herida había dejado de sangrar -Creo que está parando, pero sigue muy abierta- observó la chica, quien se hizo un lado para que el párroco retomase su labor.

Desde la esquina de la pequeña sala, observó al joven. Su pregunta no paraba de darle vueltas a la cabeza, porque realmente, no sabía que responder. ¡Era rarísimo! Había llegado herido y mareado, cubierto de sangre, a saber por qué. Y sin más, le había pedido dar una vuelta. ¿Como podía estar diciéndolo en serio?. Se mordió la lengua. Ella no tenía nada que ver con él. No quería relacionarse con él. No se podía fiar de él.

Jack se quejó en alto cuando Adam recolocó el brazo dislocado. Incluso maldijo de alguna forma ofensiva, porque el párroco le reprimió por ello. Con la ceja suturada y un brazo hormigueando, se volvió a poner en pie. Aún estaba mareado, y sin embargo, no quería estar quieto. Tozudo, sin lugar a dudas. -¿Puedes andar? ¿Estas seguro?- preguntó, intentando estar cerca por si se caía, pero no lo hizo. Lo que no pude fue dejar de fruncir el ceño, aún cansado y entumecido. -No estas bien...Sea como sea la manera en la que has acabado así, no ha podido ser buena- observó, en un pequeño murmullo. Adam y Rose se miraron mutuamente. Sólo esa mirada, bastó para que ambos comprendieran que necesitaba más ayuda de la que le estaban dando. El párroco, le ofreció cobijo para toda la noche, además de una cena caliente que repondría gran parte de sus nauseas. -Yo podría avisar a quien quieras de que estás aquí, si te parece- era poco, pero era algo. Jack aceptó el primer ofrecimiento, pero no el segundo. Adam acompañó al joven hacia donde estaba el teléfono, y éste, hizo girar el disco varias veces hasta dar con el número que estaba buscando. Rose le oyó hablar desde el umbral de la puerta, con un tono más sosegado y apagado que el que usaba con ella. Al parecer, hablaba con su tío. Una vez colgó, volvió hacia aquella silla en la que intentaba recomponerse y poco más hubo que hacer. -Yo... se ha hecho muy tarde. Mi padre debe estar preocupado.- Adam se percató de ello. No habían caído en la cuenta de que la chica se retrasaba, y por ello, la instó a marcharse rápidamente. Sin embargo, no pudo hacerlo tan veloz como había deseado. Jack, delante del párroco, volvió a preguntar si quería salir al día siguiente con él para dar una vuelta. Ante aquel par de ojos mirándola de forma expectante, tuvo que hablar rápido y claro -No... yo no salgo con... quiero decir... No salgo- aquella respuesta sonó tan poco convincente y estúpida, que el silencio que se formó fue bastante molesto. -Me tengo que ir, mi padre va a matarme. Lo siento. Adiós- la chica desapareció, dejando atrás una ráfaga de viento incomprensible.

Al llegar a casa, Rose volvió encontrar la oscuridad envolviendo su hogar. Sólo una pequeña luz, perteneciente a la lámpara ubicada junto a la cristalera del salón, estaba encendida. A su lado estaba Norman. Aparentemente, había estado mirando por la ventana esperando ver aparecer a su hija. -Lo siento. He llegado tarde- se excusó tranquila, dejando el bolso y el abrigo en el perchero. Por supuesto, Brigitte ya se había marchado. -¿Llevas mucho ahí? Perdona. Debería haber hecho una llamada. Adam necesitaba ayuda y...- su padre la cortó, afirmando rotundamente que sí, que debería haber realizado ella llamada hacía ya casi una hora -Lo siento de veras, papá. Llego un joven y Adam no pudo...- una vez más, se vio interrumpida. Norman dejó reposar sus brazos sobre el respaldo del sillón. Sus nudillos estaban blancos y negaba mucho con la cabeza. ¿Que le pasaba? Parecía más tenso de lo normal. Se preguntaba si acaso Adam era más importante que él. -No, pero... pensaba que a ti no te importaba que pasase el tiempo allí, como mamá.- Alegó que sin embargo lo parecía, dado que prestaba más atención a él que a su propio padre. -Pero papá... podrías haber... Oye, ¿Que te pasa?- Sulfurado, explicó que había perdido toda una hora de trabajo por estar preocupado por su paradero. Preguntó si acaso ella era consciente del retraso en sus negociaciones que aquello implicaba. Rose se quedó helada. Sabía que el trabajo era importante, pero no que se antepusiese a su propia hija -¿Tú te estas oyendo?- preguntó ofendida, a lo que Norman replicó si él entendía lo que había hecho -¡Claro que lo entiendo! ¡Porque llevo años haciéndolo! ¡Porque se supone que es lo que tú también querías que yo hiciera!- Rose no pudo reprimir aquellas quejas subidas de voz. No era una mujer irritable y mucho menos violenta, pero encontrar a su padre con aquellos ánimos y aquella actitud... la enervaba. Norman se puso a aquel nivel, gritando que era lo que le había pedido que hiciera cuando su madre murió, no que lo hiciera para siempre. -¡Y sin embargo siempre me pides que vaya!- insistió en que si lo había hecho, había sido para corregir aquella depresión que tuvo hacía tres años. -¡Y hace ya dos años que estoy perfectamente! ¡¿Se puede saber que te pasa?!- Norman no contuvo su lengua. Admitió que, para tener veintiseis años, estaba acudiendo demasiado a la iglesia y haciendo menos cosas relacionadas con su edad. Sus amigas ya estaban casadas y ella no. No se molestaba en crecer, en procurarse un futuro con alguien que la cuidase y protegiese cuando él no estuviese. ¿A caso pensaba que la iglesia sería su cobijo para siempre? -¡No te consiento que me digas eso!- le cortó -¡Llevo años pidiendo tu consentimiento para formar parte de los planes de todas las amigas esas que dices que ahora mismo están casadas! ¡Pero tu nunca aceptabas, tu nunca lo veías bien! ¡¿Crees que me gusta estar sola?! ¡¿Crees que me gusta no tener amigos?! ¡¿Incluso no tener pareja?! ¡Tú no me dejas!- su padre afirmó que estaba loca si pensaba que iba a encontrar amistades y pareja decentes en aquellos garitos donde solo se bailaba y fumaba, o en aquellas noches de picnic en las que los más depravados solo saben meterse mano -¡¿Entonces donde quieres que encuentre compañía?! ¡¿En la acera de enfrente?! ¡Primero no quieres que salga a la calle y disfrute, y ahora no quieres que vaya a la iglesia! ¡¿Que quieres de mí?! ¡¿Que quieres?!- ¡Que se comportase como la mujer que era! -¡¿Y por qué no te comportas tu como el padre que se supone que tienes que ser?! ¡Me da igual lo de las amistades! ¡Me da igual lo de las parejas! ¡Lo que no me da igual es que ahora tu trabajo sea más importante que yo! ¡Mírate! ¡Sulfurado y violento sólo porque has perdido tiempo de trabajo y has temido, no se por qué, que algo pudiera ocurrirme en la iglesia, con tu amigo, con Adam!- terminó por gritar, agotada. Respiró profundamente, reponiéndose, intentando tomar conciencia de lo que estaba ocurriendo entre un padre y una hija que jamás habían discutido de aquella manera. -Me siento sola, papá. No quieres que esté con gente que no conoces, pero tampoco quieres que esté ahora con Adam, ni si quiera contigo, porque no me dejas. Me siento abandonada- añadió, enormemente dolida. Norman suspiró. Se apartó de detrás del sillón, pareciendo que lo había estado usando como una especie de barrera psicológica. Se disculpó, masajeandose las sienes. Era verdad, lo admitía. No estaba con ella demasiado tiempo, no le estaba procurando atenciones últimamente. Rose no dijo nada, aliviada de que empezase a entenderlo. Norman se llevó las manos a los bolsillos del pantalón. Pensó un instante, y luego habló. Al día siguiente, contactaría con algunos conocidos y amigos con hijos de una edad similar a la de la chica. Si, lo mejor era que dejase de sentirse sola. Ya era hora de pasar la vida con alguien más, alguien a quien él considerase digo. Rose le lanzó una mirada asesina, decepcionada al comprobar que no había entendido nada, finalmente. -Estas loco- Se negó a seguir discutiendo con una cabeza tan cerrada, así que sin más, subió las escaleras hasta encerrarse en su habitación y allí se quedó. Sin poder dormir. Sin poder hacer nada.

Al día siguiente, la chica apenas salió de su habitación. Estaba furiosa y encontrarse de cara con su padre era lo que menos deseaba. Además de eso, estuvo pensando bastante. Se sintió mal por cada plan, cada salida, cada evento que había rechazado a sabiendas de que no eran del agrado de Norman. Incluso la noche anterior había rechazado a Jack bajo su influencia. ¡Estaba harta!

Por la tarde, harta de darle vueltas y de indecisiones, llamó a Adam desde el teléfono del salón. -¿Adam? ¿Sigue Jack ahí contigo?- tras un breve silencio, el párroco afirmó que se había marchado por la mañana. Ahora sólo estaba acompañado de dos ancianas -Claro, que estúpida... Lo debía haber imaginado ¿Estaba mejor al menos?- tras asegurar que sí, el hombre quiso saber si se encontraba bien o si necesitaba algo -Eh... sí. Te va a parecer muy raro, pero, ¿Sabes el número de teléfono de Jack?- el de su tío, sí. -Me vale. ¿Podrías dármelo? Un segundo- la chica tomó un lápiz y papel y apuntó los dígitos que Adam dictó. -Vale, gracias. Me pasaré por allí mañana, supongo. Ya te contaré. Adiós- colgó sin mediar palabra. Tomó aire y lo soltó, para marcar el número que el párroco le había dado. Tras varias señales, el teléfono al otro lado se descolgó. Una voz masculina y algo demacrada, para nada la de Jack, quiso saber de quien se trataba. Debía ser su tío -Hola, buenas tardes. Verá, usted no me conoce. Me llamo Rose. Quisiera saber si podría hablar con su sobrino, Jack- tras otro silencio, el hombre indicó amablemente que no se encontraba ese momento en casa, sino en su taller -¿Taller?- informó que Jack trabajaba en un taller de reparación de vehículos y motocicletas. -Oh, no lo sabía. Disculpe. En ese caso, llamaré en otro momento.- antes de colgar, el tío de Jack le ofreció el número de teléfono del taller. No tendría por qué esperar -Perfecto. Se lo agradecería muchísimo- Rose anotó el nuevo número justo debajo del anterior. Cuando verificó que eran correctos, se despidió y colgó. Nuevamente, llamó.

Esta vez la señal se prolongó más hasta que alguien al otro lado descolgó. Pero aquella voz tampoco era la de Jack. Era muy suave y tenía un ligero acento extranjero. -Hola... Estoy buscando a Jack. ¿Me he equivocado de número?- aquel hombre dijo que no. El hombre tuvo que hacer el intento de tapar el micro del teléfono con la mano, pues Rose pudo oír perfectamente, aunque de forma hueca, como llamaba al joven y le decía que una mujer estaba preguntando por él, para posteriormente, insistir en saber que chica era. Reconocer, por fin, la voz de Jack, hizo que suspirase aliviada. -¿Jack? Soy Rose- se mordió el labio inferior. Aquello era surrealista. -Oye... sé que ayer te dije que no quería salir pero... me preguntaba si aún seguías interesado. Comprenderé perfectamente que no quieras ya. Fui una estúpida. Es una larga historia.- Rose pudo sentir como apenas pudo respirar hasta que Jack respondió que sí. Le daba vergüenza tener que decir todo aquello, pero estaba demasiado enfadada como para no intentarlo. -¿Te viene bien a las ocho? Puedo esperarte en la iglesia- estaban de acuerdo -Genial.- Antes de cortar, Jack quiso saber como había encontrado su número del taller -Te lo contaré luego, así que, por favor, no me dejes plantada allí o Adam tendrá que hacerse cargo de mí- bromeó. -Hasta luego, Jack. Nos vemos en un par de horas- cuando Rose colgó, sintió una oleada de liberación y bienestar. Sonrió. Tenía que empezar a preparase pronto. La verdad, es que estaba muy ilusionada.




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