martes, 28 de marzo de 2017

Jonathan Kirk estaba disfrutando de una agradabilísima velada en su hogar aquel sábado por la noche. En el patio de su enorme hogar, el alcalde de Ace City estaba sentado bajo las estrellas fumándose un lustroso puro mientras pensaba en todos los asuntos que tendría que arreglar para el lunes, aunque antes que en sus problemas pensaba en las fiestas que se correría a cambio de su "duro trabajo". Ace City era una ciudad enorme, grandísima, y ser el alcalde de dicha obra titánica de la humanidad le colocaba en una posición lo bastante privada como para que sus votantes nunca supieran cómo desviaba fondos para sus gastos personales ¿Pero qué? ¿No era algo que hacían todos? Así era la política. Si trabajas con dinero, acabas desviando algo de dinero para ti. Si trabajas con lápices, papeles y gomas de borrar, te llevarías algunas a casa... Esa era la filosofía del señor Kirk, un hombre de unos 50 años de edad, divorciado dos veces, con una amante de 19 años que estaba jugando alegremente en la piscina sin ninguna prenda que cubriera su desnudez y dos hijos, uno de 20 años y una de 14, uno de cada mujer con la que estuvo casado. El hombre veía desde su asiento, a través del humo del habano, cómo resplandecían y botaban las curvas de su amante. Sabía que la mejor decisión que había tenido desde que llegó a la alcaldía había sido adquirir aquella enorme casa de campo, alejada un tanto de la ciudad. Era todo tan silencioso y los muros que la rodeaban tan poderosos que se sentía a salvo, se sentía capaz de hacer todo lo que quisiera, y de hecho lo hacía. A diferencia de algún que otro compañero de distintas ciudades, él nunca había salido en la televisión acusado de ningún tipo de delito o escándalo. Era un hombre con secretos, con muchos, por supuesto, pero vivir apartado del núcleo de la sociedad, aislarse y disfrutar el dinero a solas o como mucho de vez en cuando con sus hijos o con la joven Cassidy, su amante, era suficiente para mantenerse en el anonimato, más allá de las comparecencias ante la prensa o en épocas de elecciones. Este era su tercer mandato. Sonreía sólo de pensarlo. La vida le quedaba pequeña. Todo le salía bien. Demasiado bien. La joven Cassidy salió de la piscina y anduvo hacia él con alegres contoneos, algo ruborizada por la natación. Las gotitas de agua le caían graciosamente del pelo hasta el cuerpo y de allí, la recorrían hacia el césped. Jonathan se sintió celoso del agua y la llamó a su seno, sentándola sobre sus piernas. La chica señaló que estaba muy serio -¿Serio? Oh no, cielo. Sólo te estaba admirando- ella rió alegre y ruborizada. Cassidy era una niña tonta. Hija de un matrimonio empresario que había alcanzado una alta cota de mercado y se habían hecho ricos, unos de tantos en Ace City, la habían criado como una auténtica mimada. Era la única hija del matrimonio y engreida, siempre quiso ser modelo. Lo había conseguido a la edad de 16, pero no por su talento precisamente. No sabía transmitir, era demasiado vergonzosa a pesar de ser guapa y haberse procurado un buen cuerpo en el cirujano a tan temprana edad. Tres años después de su debut ya estaba en la cama del alcalde. Ella parecía feliz, sin embargo Jonathan sabía que sería pasajero. En un par de años o dos le saldría alguna arruga... pero mientras tanto disfrutaría de esa belleza juvenil -¿Qué te parece si eres una buena chica y haces feliz a tu amorcito? Me siento solo y necesito calor- dijo mientras se bajaba juguetón el calzón. Ella alegó tener frío. No dejaba de ser finales de otoño y en la piscina se estaba a gusto debido a que estaba climatizada -Pues vámonos a casa. Venga, corre que te vea- alegre dio un salto y corrió hacia el salón entrando por la puerta del patio. El constante contoneo de sus caderas y sus nalgas hicieron bufar a Jonathan -No me falles ahora- reflexionó mirándose el pene -No te hagas el perezoso y levántate...- entonces oyó el grito. Un grito aterrorizado -¿Cassidy?- el hombre echó a correr a toda velocidad hacia el salón, tan rápido como pudo. Una vida acomodada, una barriga redonda y un constante fumar le hizo romper a toser en cuanto entró en el salón. Una sonrisa amable, amigable y burlona le recibió sentado en el majestuoso sofá, con los pies sobre la mesa
-Tú debes de ser ese tal Jonathan Kirk- dijo alegremente Angelo cogiendo una copa de brandy de la mesa y llevándosela a los labios -No queríamos asustar a la chica, lo siento mucho-
-¿Quién... cojones sois vosotros?-
-Mmm- espectoró al intentar hablar con la boca llena de brandy -Mis modales- se puso en pie. Iba elegantemente vestido con un traje de chaqueta, camisa negra y sin corbata -Me llamo Angelo Gabriel Salvattore. Soy un amigo-
-¿Un amigo? Un intruso. Tú y esos dos de allí- señaló a dos tipos que observaban desde la puerta. Uno de ellos sostenía a Cassidy -Si le ponéis una mano encima...-
-Si le pido a mi compañero que la suelte se irá corriendo. Tiene que tenerle una mano encima-
-¿Qué queréis? ¿Cómo habéis entrado? ¿Y mi escolta?-
-¿Quién? Aaah...- silbó -Te llaman August- el tal August, un hombre alto de cabeza rapada entró en la habitación, le traía una toalla a Cassidy
-¿¡Qué crees que estás haciendo!? ¿¡Cómo los dejas entrar sin mi permiso!?- rugió furioso Kirk
-Qué poca consideración para un empleado... Dime, alcalde ¿Tan difícil es atar cabos?-
-Traidor... ¡Esto es traición! ¡Os meteré entre rejas a todos!-
-Qué equivocadito estás Kirk- se echó a reir Angelo y sus hombres con él -Mira, te venía a comentar...- se acercó a él y le puso una mano en el hombro -Quiero que seamos amigos ¿vale? Llevo una temporadita dándole vueltas al asunto y creo que ha llegado la hora de... expandirme, como el universo ¿Sabes?-
-¿De qué me estás hablando? No me toques- se quiso hacer a un lado, pero Angelo lo retuvo apretando la mano
-Pero qué poco talante, qué poco saber estar ¿Cómo llevas tres mandatos como alcalde? Tienes muuuuuy engañada a la gente de Ace City...- dijo pícaro -Ella también es bastante joven... para ti, al menos ¿Lo sabe la prensa?-
-¿Me estás amenazando? ¿Crees que me perjudicará lo suficiente? Ella es mayor de edad. Tiene 19 años-
-Ah- frunció los labios Angelo -Menos mal que tengo un plan B- chasqueó los dedos. August, el ex-escolta del alcalde que trabajaba para Angelo desde un primer momento, hizo un gesto con la mano. Automáticamente entraron dos chicas a la habitación, igualmente desnudas. Estaban apagadas, con los ojos recién llorados, algo enrojecidas. Una de ella era negra y la otra tan blanca como Cassidy, pero pelirroja -¡Te presento a Sabrina y Orisha! Dos magníficas futuras modelo, como Cassidy, pero ¿Sabes? Tienen 15- Jonathan las observó. Eran niñas, niñas con cuerpos espectaculares para su edad. Eran más atractivas incluso que Cassidy -¿Las quieres? Te las regalo. Sólo tienes que ser mi amigo-
-¿Pero qué quieres de mí? Deja de hablar de amistad, sé directo- exijió
-Al grano, de acuerdo- suspiró -Quiero que me procures un banquero para blanquear dinero, el más formal de los que conozcas, ya me presentaré yo a él. Además, te quiero cogidito por los huevos para que hagas y deshagas a mi voluntad ¿Qué te parece?-
-Que estás loco- rió Kirk -Ni de coña. La policía se os echará encima-
-Creo que te estás confundiendo a ti mismo con Reagan. Eres un alcalducho que de momento me sirve, pero no eres el presidente...- chasqueó los dedos otra vez y llamó a las chicas, que se acercaron a Kirk -La policía no va a hacer nada por ayudarte, me voy a encargar de eso- sonrió ampliamente -Te lo voy a dejar claro de una vez: he venido para informarte de nuestra amistad, más que para pedírtela. Si hubieses aceptado de buena gana me habría marchado y ya te llamaría, pero como eres más chulo que unos cojones colgando, voy a tener que echarme a jugar- le dio una palmadita en el culo -Disfruta- las dos chicas se agazaparon ante él y trataron de bajarle los calzones. Kirk se resistió. Incluso abofeteó a la pelirroja -¡Eh!- Angelo agarró a Kirk del cuello -No toques a mis niñas. Ni se te ocurra hacerles daño- amenazó con voz siseante -Te van a dar una mamada que te vas a quedar loco ¿Cómo tienes los santos cojones de pegarles?-
-Eres un loco. Estás desquiciado ¡Te meteré en un manicomio de por vida, hijo de puta! ¡Son niñas!-
-Sé que te gustan Kirk. Esa rubita de ahí te pone porque aunque tenga 19 puede aparentar 16, aunque esté operada- miró a Cassidy -No te ofendas corazón, eres preciiiiiiosa- remarcó, para volver a Kirk -Has sido un tío hábil a la hora de eludir a cualquiera que quisiera pillarte, muy, muy hábil. Cometiste la torpeza sin embargo de delegar y confiar en tu escolta. Resulta que August me prefiere a mí como jefe- rió -Es una lástima señor alcalde, porque podríamos haber hecho esto por las buenas y sin embargo quieres ir de buena persona cuando no lo eres. Puedo ver los pecados, los malos deseos... ¡He sido tocado por la más bella de las deidades! Soy un profeta que todo lo ve y lo oye... y este profeta te va a joder el culo, bien jodido- con sólo decir las palabras le retorció el codo hasta rompérselo. Kirk gritaba agarrándoselo y Cassidy lloraba -No solloces angelito rubio, tú estás a salvo de todo esto- sonrió Angelo a la chica mientras rodeaba a Kirk, le agarraba el brazo y el hombro y se lo fracturaba con un fuerte tirón. El hombre gritaba terriblemente dolorido -¿Qué tal se siente esto ahora? ¿A que era mejor antes?- empujó a Kirk hasta el sofá, silbó a uno de sus hombres para que se acercara. Le entregó un martillo -Esperaba que nos pudieramos entender... de verdad que lo esperaba. Me alegro sin embargo de ser desconfiado y tener siempre un plan B- le aporreó con el martillo en las rodillas varias veces hasta que los huesos crujieron -Joder, deberías tener más cuidado en la piscina que te resbalas y te puedes romper una pierna- le guiñó el ojo, dándole de nuevo el martillo a su sicario mientras éste le daba una cámara de fotos polaroid de instantaneas -Venid princesas, haced lo vuestro. Cassidy, muñeca, ven tú también- las adolescentes se acercaron y procedieron a hacer lo que sabían que tenían que hacer. Desnudaron al dolorido alcalde para comenzar a realizarle trabajos orales de índole sexual. Angelo le dio la cámara a Cassidy -Tírale unas fotitos. Esas caras de dolor pueden ser de intenso placer también- rió Angelo mientras rodeaba a Cassidy con los brazos, abrazando sus desnudas caderas -Quiero ver qué tal lo haces muñequita. Venga, dispara... ¡Espera, espera!- se echó a reir de forma pícara antes de ir hacia Kirk una vez más y estirarle los brazos, para mayor tortura para el mareado alcalda, para posarle las manos sobre las cabezas de las chicas, como si fuese sexo duro e intenso -Adelante- susurró en el oido de Cassidy antes de que disparara. Hubo fotos de felaciones, fotos en las que las chicas lo cabalgaban, fotos en las que ellas ofrecian sus pechos desnudos ante la boca de un extasiado ex alcalde... la última foto para el recuerdo fue de Angelo sentado junto a un inconsciente Kirk, sonriente y haciendo la señal de V de Victoria con los dedos para la posteridad. Dejaron una de las fotos en la mesa ante el inconsciente alcalde con una inscripción que rezaba que pronto le llamarían. Aquella noche ganaba Angelo, que también se llevó a las tres chicas.

Domingo por la mañana, Jack estaba en su taller, aunque no estaba trabajando. Sus colegas estaban allí haciéndole compañía, aún sabiendo que pronto se marcharía. De vez en cuando utilizaban el local como centro de reunión para no andar siempre de bares y copas. El taller del muchacho era lo bastante grande como para acomodar a un pequeño grupo de amantes de las motos y el rock para pasar el rato y hablar. En aquel instante, trataban de convencer a Jack de que no perdiese el tiempo con el párroco -Tío, que no, que es un coñazo- decía Jean, oriundo de francia, que viajó a Estados Unidos haría unos 15 años -Sólo va a comerte la cabeza con más monserga. No somos ningunos satánicos, por mucho que digan que el rock y el metal es lo que trae. Deberían oir las letras- dio un trago a la cerveza
-Realmente poco me importa lo que me tenga que decir- dijo Jack, pasándole un trapo a su moto -Sólo voy por mi tío. Además... es extraño, pero no es el típico párroco. No trata de meterme a Dios en la cabeza. Sólo se preocupa porque no me meta en el mal camino-
-Eres el que menos bebe de los 6, eres el que está en el mejor camino- rió
-Jean tiene razón- añadió Dwyne, un hombre alto, moreno y gigantesco de cabeza rapada
-Aún así- insistió -No es mal tío-
-Haz lo que quieras- terció Dwyne -Pero ojalá no te vea con sotana y alzacuellos dentro de unos meses- el resto se echó a reir. El grupo lo conformaban Jack, Jean, Dwyne, Reed, un poco mayor que Jack y Oliver Cavill, enorme al gual que Dwyne, todo un modelo. Era el más joven del grupo. La última miembro era Megan, ex novia de Jack y bastante popular en el grupo. A todos les caía bien esa chica y decidieron que permaneciera con ellos a pesar de su ruptura con Jack, aunque solía ausentarse muchísimo. El propio Jack, como su ex novio, no estaba del todo a gusto con su presencia, pero eran un grupo, una banda, y él no decidía. Era votación popular. Se conformaba con tenerla lo más lejos posible si se reunían todos -¿A qué hora pretendías ir?-
-A las 12-
-Son las 12 y cuarto tronco-
-Joder... pues voy saliendo para allá. Ayer me llegué a verle por mi tío y me pidió ayuda para el rastrillo. Si llego más tarde...- arrancó el motor
-Miradle, definitivamente un monaguillo. Se te acabó el follar amigo- rió Oliver
-No es que lo vaya a echar de menos- se burló Jack -No soy como tú o como Jean-
-C'est la vie, mon amie- se encogió de hombros Jean -Los guapos somos los guapos. Somos los sementales que poblaremos el mundo de enanos rockeros y moteros. Tú, Dwyne y Reed sólo estaréis para currar, pagarnos los gastos y arreglarnos las motos-
-La cara a hostias os voy a arreglar- rugió Dwyne fingiendo irascibilidad -Venid aquí cabrones-
-¡Ayuda! ¡Policía! ¡Llamad al 911! ¡Que me ataca un huevo gigante!- suplicó Jean -Ah, no, que es la calva de Dwyne- se mofó junto a Oliver y Reed
-Ahora sí que te la meto por el culo, cabronazo ¡Me rapo el pelo voluntariamente!-
-Eh- dijo Jack a Reed, que solía ser el más callado junto a sí mismo -Te dejo las llaves. Cerrad cuando os vayáis- Reed asintió -Vigila que no se maten. Hay muchas herramientas aquí- arrancó el motor y partió hacia la parroquia. Le esperaba un día lento y pesado.

Pasaron unos diez minutos hasta que por fin llegó al rastrillo benéfico. A esas horas, todo estaba lleno de gente mirando una gran diversidad de objetos. Jack pudo ver entre el gentío a Adam, hacia el que se dirigió cuando aparcó la moto. Al parecer estaba algo ocupado -Dos dólares- dijo sonriente el párroco al vecino que estaba adquiriendo un jersey en muy buen estado -Muchas gracias Charles. Pasa un buen día- guardó los billetes en la cajita de metal de la colecta -¿Qué tal, Rose?- la chica alegó que iba bien. Habían vendido bastante ropa, algunos libros, peines y espejos -Maravilloso- suspiró aliviado -Parece ser que los vecinos cada vez colaboran más y más. Podré ofrecer ayudas con este dinero, afortunadamente- una vecina se acercó al párroco para hacerle de pronto unas tantas preguntas sobre algunas prendas de ropa -Sí, un segundo. Rose ¿Te importaría llevar la caja dentro y vaciarla?- dijo en voz baja -No es por ser desconfiado pero hoy hay demasiada gente- Rose lo entendió a la perfección, era simple sentido común proteger la colecta y ella ya sabía dónde Adam solía dejar el dinero guardado, de manera que tomó la caja y se aventuró hacia la parroquia. Alguien la siguió, sin embargo, entre el gentío.

La chica entró por las grandes puertas de madera y anduvo en el silencioso pasillo que se formaba entre los bancos que miraban al altar, donde estaba la gran cruz de madera. La parroquia de Adam era ciertamente humilde y eso la hacía terriblemente atractiva y hermosa. Sin adornos, sin oro, plata o cobre. Sólo hierro y madera. Para que alguien pudiese profesar la fé de Dios, no era necesario ningún lujo, sólo un alma pura, sólo deseos de hacer el bien. Y aquel día en la iglesia no estaba sólo el bien -Eh, tú- dijo una voz a espaldas de Rose cuando estuvo a punto de entrar en la vivienda de Adam a través de la parroquia -Ven un segundo- al mirarle, la chica vio a un muchacho de unos 20 y muchos años, pero no sabría decir con exactitud debido a sus pintas. Estaba demacrado, tenía la cara salpicada con hoyuelos, quizá de alguna enfermedad o acné juvenil. Se rascaba mucho el brazo por encima del jersey, concretamente la flexión del codo -Quiero hablar contigo un momento- Rose se mantuvo quieta donde se hallaba. Se encontró cerrando los dedos con fuerza al rededor de la caja -Me llamo Ronald- se acercaba el muchacho con pasos torpes. No dejaba de rascarse y a Rose no le gustó que no apartara la vista de la caja -Quería hacerte una pregunta sobre los ingresos que se obtienen aquí...- arrastraba las palabras. Conforme se acercaba la chica percibió que olía mal. Olía a hospital... o algo similar. Cuando estuvo verdaderamente cerca, Rose se vio ligeramente incapacitada. Entre una puerta y un muchacho que aunque delgado, le sacaba una cabeza. Dejó de rascarse el brazo y sacó una navaja del cinturón del pantalón -Dame la puta caja niñata- dijo nervioso. Le temblaba la mano. Era su primer atraco -Llevas dinero ahí. Lo he visto. Que me des la caja- intentó agarrar la caja pero Rose por instinto se cubrió contra la pared -¡Dame la caja o te abro el cuello aquí mismo te he dicho!-
-Buenas- dijo una voz tras él. Al girarse el chico, recibió tal golpe en el mentón que cayó al suelo ipso facto. Rose ni siquiera miraba, asustada. Oyó un par de golpes secos más, un gemido de dolor y un suspiro apesadumbrado -Tranquila, ya ha pasado- dijo la voz relajada y serena de un hombre. Al mirarle, ella le reconoció al instante. El chico que olía a combustible. De hecho ahora que apartaba el miedo, el hedor a hospital se había sustituido por el mismo olor ligero de gasolina, mezclado con algo de colonia masculina -Lárgate de aquí- le ordenó al chico enjuto -Si te vuelvo a ver rondando la parroquia te partiré los pocos dientes que te quedan- asustado y tembloroso, con la mano en la mandíbula, se marchó corriendo -Lamento muchísimo que te hayas tenido que topar con gentuza como esta aquí... es un yonkie, drogadicto. Esa forma de rascarse el brazo debe de ser por las pupas de la jeringuilla- la miraba a los ojos -¿Estás bien? ¿Te ha hecho algo?-

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